No cabe duda de que al Rey se le
ha abierto el cielo con la muerte de Nayef ben
Abdelaziz, heredero al trono de Arabia Saudí. Precisamente el lunes, o sea,
mañana, debía presidir el bicentenario del Tribunal Supremo, estrechar la mano,
fotografiarse y sentarse junto a Carlos Dívar, que el próximo jueves cesará, a
Dios gracias, como Presidente de esa
Institución y como Presidente del Consejo General del Poder Judicial por sus
presuntos “derroches” con dinero público. La situación era, sin duda, insoportable
para Dívar y “molesta” para el rey, pero la muerte de Abdelaziz cambia su
agenda. Le acompañará García-Margallo, ministro de Exteriores. Parece raro que
no forme parte del séquito Pedro Morenés, cuando el Estado está a punto de
cerrar una gran operación: la venta de más de 200 carros de
combate (extensible a 700) “Leopard” por un
valor estimado en 3.000 millones de euros. El rey Abdalá tiene la última palabra y este
viaje luctuoso ayudará en las relaciones comerciales. Le tocará presidir, por
tanto, el bicentenario al príncipe de Asturias. A veces hay que bailar con la
más fea la pieza más larga. ¡Qué le vamos a hacer! Se ha muerto Abdelaziz y hay
que asistir a las pompas fúnebres del
árabe sí o sí. Ya lo dijo Franco a la muerte de Carrero: “no hay mal que por
bien no venga”. Pues eso.
domingo, 17 de junio de 2012
Regalos envenenados
En un suelto de “La Gaceta” se cuenta: “El Rey
no sabe qué hacer con dos Ferraris (sic)”. Un poco más abajo se indica que “los
coches, regalo de Emiratos Árabes a don Juan Carlos, están guardados a la
espera de que se tome una decisión sobre su futuro con Patrimonio Nacional”.
Una de dos: o son del rey o son de Patrimonio. En el supuesto de que
pertenezcan al rey, éste puede hacer con ellos lo que le venga en gana, eso sí,
haciéndose cargo la Casa Real
de los correspondientes gastos de
mantenimiento. Pero, en el supuesto de que haya habido una cesión de esos
“Ferrari” a Patrimonio, como es de suponer, Patrimonio debería subastarlos al
mejor postor, e ingresar el dinero resultante de dicha subasta en las arcas
públicas. Lo normal en un Estado de Derecho es que el Jefe del Estado no admita
regalos, salvo que éstos sean simbólicos y de una muy pequeña valoración. Lo
normal, digo, es que esos regalos tan caros de mantener hubiesen sido devueltos
a su remitente de inmediato, en este caso al gobierno de Abu Dabi; que, además, no tiene
nada de democrático. “Hasta el momento –sigue contando la
noticia- no han sido usados y se está a la espera de que se tome una decisión
entre Patrimonio Nacional y la
Casa del Rey, según el portavoz de Zarzuela”. Vamos a ver, si
ya son de Patrimonio, como así parece, la Casa del Rey no debe tomar decisión alguna sobre
qué hacer con tales obsequios. Lo mismo podría decirse, por ejemplo, del yate
utilizado por el rey en sus desplazamientos a Mallorca, donado por unos
empresarios mallorquines y que pertenece a Patrimonio. Causa asombro para el
ciudadano corriente conocer que, ante la “situación critica” que sufre la
economía española, conste que, en la
Casa del Rey (según ha facilitado a Efe la lista de su parque
móvil), el conjunto de vehículos a motor, motocicletas y remolques supere el
centenar, sin tener en cuenta los vehículos históricos (varias decenas) “dedicadas
en exclusiva a protocolo y aparcados en el acuartelamiento de la Guardia Real, en El
Pardo, a la espera de abrir un museo”. A mi entender, en esta España cañí, “de
Frascuelo y de María”, sobran museos “de poco peso” cultural, que no vista casi
nadie, y falta sentido común para conservar aquello que merece la pena. Por
estos pagos de Dios sobran “ideólogos”, “estetas” y “mercachifles”, como dice
Agapito Maestre, dispuestos a hacer un museo en cualquier aldea situada en
medio de la nada, partiendo de cuatro alpargatas viejas, un arado, dos trillos,
tres botijos, dos cántaros de barro, una mula de cartón piedra y varias
fotografías de hace ochenta años colgadas de las paredes, y que abre al público
los martes por la tarde, suponiendo que el alguacil no tenga mejor cosa que
hacer y se digne abrir la puerta.
jueves, 14 de junio de 2012
El lenguaje de la estatua ecuestre
Existen tres cosas sobre
Francisco Franco que nunca he podido averiguar: si sabía montar en
bicicleta, si sabía nadar y si sabía
montar a caballo. Existe un lenguaje de la estatua ecuestre, de la misma manera
que existe un lenguaje del abanico y un lenguaje de las flores. Parece ser que
en toda escultura ecuestre, cuando el caballo tiene dos manos en el aire indica
que el jinete que lo monta murió en combate; si el caballo tiene una de las
manos en el aire, el jinete murió de heridas recibidas en el campo de batalla;
y, finalmente, si el caballo tiene las dos manos y las dos patas en el suelo,
el jinete murió de causas naturales. Ello viene a cuento con la no admisión a
trámite de la Fundación Francisco
Franco, que había presentado un recurso en el Tribunal Supremo para que la
estatua ecuestre de Franco (1944) volviese a su antiguo emplazamiento de la
madrileña plaza de San Juan de la
Cruz y que el Ministerio de Fomento había retirado el 17 de
febrero de 2005 de conformidad con la
Ley de la Memoria
Histórica. En esa estatua aparece Franco montando a un caballo al que imagino de capa
ruana o torda y que tiene una mano levantada como en posición de “al paso”, es
decir, que avanza en bípedo lateral (referido a que avanza el pie derecho y
después la mano derecha, seguido por el pie izquierda antes de la mano
izquierda) cuando todos sabemos que el dictador murió en el Hospital La Paz, de Madrid. Algo semejante
sucede con el monumento a Miguel Primo de Rivera (1929) en la plaza del Arenal,
en Jerez de la Frontera;
o con el del general Espartero (1895), en El Espolón de Logroño. Por lo tanto,
el lenguaje de la estatua ecuestre no se corresponde con la realidad, a no ser
que los escultores que recibiesen los respectivos encargos de honrar sus
memorias anduviesen algo despistados. De cualquier modo, celebro que la estatua
ecuestre de Franco no pueda volver a su antiguo emplazamiento ni a ningún otro,
si se considera que tal reposición “es, por mandato legal, de imposible
cumplimiento”. Lo siento por el caballo, que es animal estilizado y noble. Todo
lo contrario que el jinete, cuartelero y protervo hasta el corvejón.
Ediciones de bolsillo
Leo en la sección cultural de “El
País” que “el libro de bolsillo se desploma”. Es normal. Al español lo que le
gusta es el libro de cuarenta hojas, o sea, la partida de guiñote en el bar de
barrio de toda la vida, donde las horas se hacen como más cortas. El libro de
bolsillo tuvo su morbo cuando en la
España de Franco estaba en el “índice” hasta la obra de Valle
Inclán. Si eras amigo del librero, éste te avisaba de que en la tratienda tenía
algo que había recibido desde Argentina y que tenía muy buena pinta. Eran las
ediciones de bosillo de la Colección Austral,
las que tenían el sello inconfundible de capricornio en su tapa, pero no precisamente Azorín, Insúa, Antonio Espina,
Maeztu o Fernández –Flórez. Como recuerda “El Pais”, “el color de la tapa
identificaba los diferentes contenidos: azul para novelas y cuentos; verde,
ensayo y filosofía; naranja, biografías; negro, viajes; amarillo, historia y
política; violeta, teatro y poesía; gris, clásicos; rojo, aventuras y
policiacos, y marrón para lo referente a ciencia y técnica”. De la misma
manera, existían volúmenes sencillos o extra, dependiendo del número de
páginas. Pero en España las verdaderas novelas de bolsillo del siglo XX se difunden durante su primer tercio para todos
los bolsillos en colecciones populares, como “El Cuento Semanal” (1907-1912), dirigida por Eduardo Zamacois; “La novela corta” (1916-1925), por
José de Urquía; “La Novela Semanal” (1921-1925), por Prensa Gráfica; “La
Novela de
hoy” (1922-1932) de Artemio Precioso o “La
Novela Mundial”
(1926-1928), por José García Mercadal. Por cierto, “Austral” celebra este año
su setenta y cinco aniversario cuando, como recuerda “El País”, “el consejo de
administración de Espasa Calpe, ante los avatares de la guerra, decidió transformar
su sucursal en Buenos Aires en Compañía Anónima Editora Espasa Calpe Argentina
y dio poderes a Julián Urgoiti y Gonzalo Losada. Fue de Losada la idea de crear
Austral, una colección de bolsillo inspirada en la británica Penguin Books
(fundada en 1935). Losada encargó al poeta y ensayista Guillermo de la Torre, cuñado de Borges, la
selección de los primeros títulos. El artista italiano Attilio Rossi se encargó
del diseño que en lo fundamental se ha mantenido hasta hora”. Tampoco hay que
olvidarse de la Editorial Molino,
creada en Barcelona en 1933 y que se especializó en un género que podría
definirse como "popular": novelas de aventuras, novelas policíacas,
historias de paisajes lejanos o en épocas pretéritas, e hizo popular su
logotipo, un molino de viento negro sobre dos libros uno encima del otro y ahora
son tesoros codiciados por los coleccionistas. No hay que olvidar, tampoco, el
género de novelas del “far west”,
con Manuel Lafuente Estefanía a la
cabeza; a José Mallorquí, con su serie de “El Coyote”; ni a Francisco González
Ledesma, cuya primera novela, “Sombras
Viejas” (1948), no sólo ganó premios, sino comentarios favorables de
escritores de la talla de Somerset Maugham, pese a lo cual fue víctima de la censura
franquista y tuvo que utilizar el seudónimo de Silver Kane.
martes, 12 de junio de 2012
las espinas de la aliaga
La idea de que el Ministerio del
Interior estudie endurecer la lucha contra la prostitución en las carreteras
mediante reformas penales es, a mi entender, brillante aunque insuficiente.
Habría que extender esas mismas penas a los “clientes” que demandan sus
servicios y, sobre todo, a los macarras que se mueren si se miran en el espejo
de un lavabo y que viven a costa de la miseria humana. Señala el ministro en
ese sentido que “a ninguna persona civilizada le gusta ese espectáculo”. Cierto,
a nadie le gusta. Pero no debería ser esa única la razón que pudiera justificar
tales posibles reformas. Porque, si ello fuera así, bastaría con esconder a las
prostitutas detrás de un alto muro para que nadie las viese. No, la razón
fundamental para erradicar ese triste espectáculo debería pasar en todo caso
por intentar desde el Estado dignificar
al conjunto de las personas que conforman ese Estado. En efecto, a nadie le
agrada observar tan denigrante espectáculo, de la misma forma que a nadie, tampoco,
le gusta percibir la malaventura del chabolismo. Pero ahí está presente, en las
periferias de nuestras grandes ciudades, para vergüenza de sus epulones
alcaldes. ¿También se estudiarán reformas penales para los chabolistas? ¿Y para
los rebuscadores en los contenedores de basura? ¿Y para los vagabundos que
duermen en los bancos de madera de los parques? Cuando se arruina un pueblo a
costa de un Estado resulta embarazoso ensayar desde el Gobierno de ese Estado
que el ciudadano hundido en la miseria, muchas veces por causas ajenas a su
voluntad (léase despidos empresariales por desubicación hacia países con mano
de obra más barata, lastres hipotecarios imposibles de poder asumir como consecuencia de esos despidos, etcétera)
viva con un cierto decoro. A esos desheredados de la fortuna tampoco les gusta
llevar los pantalones raídos ni sentirse obligados a tener que implorar la caridad en un comedor
social. Cuando la aliaga florece, el hambre crece. También sus espinas.
lunes, 11 de junio de 2012
Prevenir lo imprevisto
Señala Eduardo Torres-Dulce en
entrevista a Efe que “con el Código Penal” no se resuelven los conflictos (…)
políticas de prevención dan mucho más rendimiento”.Y Jorge Fernández Díaz, para
no ser menos, cuenta que está en estudio una nueva tipificación para el robo de
cobre. El robo siempre es un delito contra el patrimonio y ya está tipificado
en el Código Penal, sea de cobre o de garbanzos de Fuentesaúco. Tanto el Fiscal General del Estado como el ministro
del Interior tras la expulsión por sus bocas de esas perlas cultivadas, se han
quedado calvos detrás de las orejas. Lo de Jorge Fernández es hablar por no
callar. No merece respuesta por mi parte. Torres-Dulce, sin embargo, podría decirnos pasado mañana, por ejemplo,
que el Derecho Mercantil por sí sólo no ayuda al desapalancamiento necesario de
las Cajas de Ahorro, o que el Código Civil, en esencia, no resuelve los
conflictos en un enfrentamiento entre un gato y un perro. El almibarado Fiscal
General del Estado, que entiende mucho de cine, doy por hecho que sabrá mejor
que yo que el Código Penal en un Estado de Derecho no esta para resolver
conflictos ciudadanos sino para castigar los delitos que puedan cometerse.
Porque, vamos a ver: si con el Código Penal no se dictaran sentencias, ¿qué
demonios pintan fiscales, jueces y magistrados? Pretender “potenciar la
prevención de los delitos”, como el invoca, es labor de difícil manejo, salvo
que la Guardia Civil
dedique todos sus esfuerzos a visitar todas las mañanas el domicilio de los 46
millones de ciudadanos para someterles a un “test de estrés”, como hacen los
del Eurogrupo antes del rescate, y contarles aquello de que el hombre es bueno
por naturaleza y que el ser es un ente apolar y neutro, como creían a pies juntillas Sócrates y Rousseau. Otra
solución posible consistiría en que esas visitas del puerta a puerta las
hicieran los curas párrocos y los coadjutores en cada una de las diócesis.
Naturalmente no nombrarían a la bicha, o sea, a Rousseau, sino que explotarían
otros recursos, verbigracia: Dios en su bondad no podría haber creado criaturas
esencialmente malas; que Siddharta confesó que la vida es sufrimiento, al menos
la vida terrena; que el hombre es él y sus circunstancias… Bueno, eso no, que
lo dijo Ortega y a nadie se le escapa que escribía en “El Sol”, donde mostraba sus
simpatías por el socialismo. De esa manera, sobrarían en España los códigos,
los letrados, las cárceles, el defensor del pueblo, los confesionarios y, si me
apuran, hasta Carlos Dívar, que no se despega de la poltrona y se larga de una
vez al Hogar del Jubilado ni aunque le echen aceite hirviendo por las canillas.
domingo, 10 de junio de 2012
Menudo carajal
Rajoy se atribuye el hecho de
haber pedido el rescate a Europa como un mérito propio, cuando sólo unos días
antes decía que no lo iba a solicitar. Y se ha marchado a la Eurocopa “con el deber
cumplido”. Nos ha engañado. De Guindos decía ayer que Europa prestaría el dinero necesario (hasta
100 mil millones) a la Banca
española. No señor, no es así. El préstamo será de Europa al Estado, y el
Estado contraerá esa inmensa deuda y por medio del FROB se lo prestará a
la Banca, que
es distinto. Ya veremos qué sucede cuando el Eurogrupo haga el “memorando” y
cuáles serán sus exigencias. Observando lo que ha sucedido en Grecia, Portugal
e Irlanda podemos hacernos una idea aproximada de esas exigencias para un país,
el nuestro, que ya ha perdido casi toda su soberanía y casi todo su prestigio.
Por otro lado, el cardenal Rouco Varela desvelaba el pasado viernes que su
sueldo es de 1.160 euros al mes. No sé
si es mucho o poco. Ello depende del
servicio que, a cambio, preste a la sociedad a la que se supone que sirve como
funcionario del Cielo. Pero me consta que en España existen muchos padres de
familia que ganan menos de esa cifra y que de nada les sirve quejarse. Es lo
que hay. El ciudadano Rodrigo Rato salió de Bankia después de haber hecho una
mala gestión. Muchos creíamos que se había marchado sin hacer mucho ruido y
tras entregar el mando a Goirigolzarri, pero no ha sido así. Le gustaría contar
cosas, pero no le dejan. Tampoco a Mafo, que se ha marchado del BdE un mes
antes de lo previsto. Ambos tal vez sepan más por lo que callen que por lo que
piensan contar. Y eso tendrá su recompensa. Ya lo verán. Recuerden cuando Luis
Roldán decía que iba a tirar de la manta. ¿De qué manta? Pero Rato, al que le
va como anillo al dedo el “Romance de don Rodrigo”, el último rey godo, continúa
siendo presidente de Caja Madrid. Nadie lo entiende salvo, quizás, la marquesa
de Bombay. Lo de los veinte viajes a Marbella de Carlos Dívar pagados con
dinero público no tiene importancia para el Fiscal General de Estado y, en
consecuencia, el ministerio público manifiesta que “ha hecho que debía hacer”,
o sea, dar carpetazo al asunto. Queda claro que esos hechos injustificables “no
merecen reproche penal”, a juicio de Torres-Dulce de Membrillo, que entiende
que Dívar no es funcionario público sino autoridad. Hombre, pues con más
motivo. También es autoridad un guardia civil en el desempeño de sus funciones
y por un quítame allá esas pajas se le cae el pelo, el tricornio y hasta el
barbuquejo. Tú dices tomate, yo digo rescate (Time). Esperemos que se produzca
el milagro de Fátima, de Fátima Báñez, claro, que ahora se dedica en su “tweet”
a explotar bolas de colores, que obtuvo 5390 puntos en Bubble Shooter
Adventures; y que, además, se dedica a “bendecir” el capote de la Virgen del Rocío para que
nos saque de la crisis. ¡Cógeme esa mosca por el rabo!
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