Es curioso, muy pocas personas
saben utilizar la pala de pescado, ese cubierto de lengüetilla ancha, sin filo,
colocado a la derecha del plato y que su
misión es la trocearle, quitarle las espinas y que nunca debe llevarse a la
boca. Sin embargo, en este país todo ciudadano entiende de vinos. No es que
hayan hecho cursos de sumilleres ni nada por el estilo. Lo que sucede es que,
mientras la esposa camina por los diversos
puntos de las grandes superficies en busca de aquello que necesita para
llenar la nevera, el marido concentra toda su atención en la sección de vinos.
Y frente a las estanterías de las botellas puede quedarse ensimismado, como en
éxtasis, contemplando las diferentes denominaciones de origen, observando las botellas
y leyendo lo que indica en su etiqueta de la parte trasera cada una de ellas.
Después de haber satisfecho esa rara curiosidad, a todos los hombres, sin
excepción, se les queda cara como de
entender de crianzas más que don Luciano de Murrieta, o que don Camilo Hurtado
de Amézaga, marqués de Riscal, que tanto da. Y a la menor ocasión, sin que les
pidas opinión, te sugieren qué vino debes tomar con los arroces, con las
legumbres o con los estofados, que copa debes usar y a qué temperatura debes
llevártelo a la boca. Son sumilleres teóricos, sin escuela y sin prueba de cata
en vista, olfato, gusto y tacto, y que no han pasado del vino peleón de la
taberna; pero, eso sí, dotados de gran capacidad de convicción con el lego “gourmet”
que con poco se conforma, y que conocen al dedillo los collarines y etiquetas,
la clase, volumen y graduación alcohólica, el lugar de procedencia y el
criterio de selección de uva para hacer un “coupage” equilibrado con garnacha y
monastrell, o con graciano y tempranillo, así como la lista de buenas añadas.
Por cierto, hoy he probado por primera ver un “Portalet” tinto (2012), D.O.
Calatayud que produce y embotella
Bodegas Langa Hermanos. Lo peor, a mi entender, es que tiene 14’5 grados,
excesivo para ser tomado en una comida. Lo mejor, su acertado maridaje entre
garnacha y tempranillo y la delicadeza en su etiquetado. Le auguro un gran
futuro.
jueves, 7 de noviembre de 2013
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Antonio Burgos, maestro
Anoche se celebró la entrega de
premios seguida de la tradicional cena de los “Cavia” en ABC en un solemne acto
presidido por la Reina
de España. El “Luca de Tena” lo obtuvo Antonio Burgos, que ya tenía en su
colección de trofeos el “Mariano de Cavia”. Es curioso, me consta que Mariano
de Cavia Lac nunca escribió en las páginas de ABC. En el acto de ayer noche, varios ministros,
la vicepresidenta del Gobierno, Botella, Aznar, Rudi, Villar Mir y Blecua,
entre otros. Y al final, el acostumbrado brindis por el Rey. Antonio Burgos,
siempre deslumbrante, señaló que “el ideario de ABC estaba tan claro que no
hacía falta Libro de Estilo”. Cierto, pero ABC sí tiene Libro de Estilo (Ariel,
1993) sobre el que conservo un ejemplar de la primera edición, de mayo de ese
año, con prólogo de Fernando Lázaro Carreter. Se recordó a los ausentes: al
marqués de Daroca y a Manuel Martín Ferrand. Mi enhorabuena para los premiados,
especialmente para Antonio Burgos, del que leo diariamente con devoción de
novicia su “Redcuadro” sevillano. Hoy, 6 de noviembre, he echado en falta su
artículo. Bastante he tenido ya con acordarme del comienzo de las “sacas” a
Paracuellos, algunos detenidos por el “pecado” de llevar un ejemplar de ABC
entre sus manos. Me refiero a Ramiro de
Maeztu. Comprendo que no se puede estar en dos sitios a la vez, ni haciendo dos
cosas a la vez, o sea, estar en una cena de campanillas en la Villa y Corte y escribir,
por ejemplo, sobre “esa señal [la de El Duque]
como de tráfico o como las que hay en la calle Oriente con una flecha
con la dirección para llegar al Hotel Doña María o al Inglaterra”, o que “el
otoño no empezaba hasta que alguien [a lo Estébanez Calderón] publicaba en
algún diario el tradicional artículo de las castañeras”. En efecto, no se puede
estar en dos cosas a la vez; o, como cantaba Machín, “no se pueden querer a dos
personas a la vez sin estar loco”. A don Antonio Machín Lugo le tuve mucha
estima, tal vez por ser cubano, como lo
fueron mi padre, de La Habana,
y mi abuela Antonia Herrera, de Los
Remates de Guane, en la provincia de Pinar del Río. Sólo coincidí con don
Antonio Machín en una ocasión, en el Bar Arsenio, de la calle San Eloy. Para mí
que ganaba de cerca, no era fotogénico.
Estuvimos tomando unas cañas de cervezas y recuerdo, a pesar de los años
transcurridos, que hablamos algo sobre otro personaje muy curioso, también
cubano, que por aquellas fechas (verano de 1972) caminaba por Puente y Pellón vestido de luces con un traje impecable, flor
en la solapa y aires de conde en ejercicio, o sea, conde de los que parecen
condes, no como don Leopoldo de la Maza Falcó, al que
también le faltaba un ojo, que iba con hechuras campestres a tratar sobre
cuestiones remolacheras con Juan Gutiérrez Beitia, jefe de cultivos; y, ya de
paso, por aquello de ir por atún y ver al duque, a saludar a Ramón Cortés de
Haro, a la calle Imagen, 4, segundo piso ascensor, y no sé, puede que también,
a tomar unas cervezas en el Bar Spala, que se encontraba justo debajo, próximo
a una agencia del Bansander. Don Leopoldo era un hombre muy alto que rebosaba
buena educación de la cabeza a los pies. Y, no sé, puede que hiciéramos
referencia a Estrellita Castro, a la que yo acababa de saludar amablemente poco
antes justo en la puerta del Hotel Biarritz, en Manuel Laraña. Antonio Burgos
se merece, no un homenaje, sino que le repiquen las campanas del Ayuntamiento,
con el permiso de Zoido. Mi enhorabuena, maestro.
Un Estado inquietante
Wert ha tenido que recular con
los recortes en las becas Erasmus, como no podía ser de otra manera, pero los
estudiantes siguen molestos con uno de los peores ministros de la democracia. El
Partido Popular calcula, quien calcula compra en Sepu, que la Monarquía cuesta 0’17
céntimos de euro a cada español. Claro, el PP echas las cuentas sobre una
partida de 7’78 millones, que es la prevista en los Presupuestos Generales del
Estado para 2014. No me extraña que este país vaya sin rumbo si todos los
cálculos se hacen de esa guisa. Dentro de La Zarzuela existen otros
muchos gastos (yo diría que hasta un monto próximo a los 20 millones) con cargo
a distintos ministerios y, también, a Patrimonio Nacional, como ha supuesto
hasta ahora el mantenimiento del yate “Fortuna” y todos los costes que llevará
aparejado el despido de la tripulación. Ignoro lo que costaría el mantenimiento
de una República. Supongo que mucho pero, al menos, los ciudadanos podríamos
votar al Jefe del Estado por un periodo determinado de tiempo y se suprimirían
automáticamente los títulos nobiliarios. Por todos es sabido que, hasta hace
relativamente poco tiempo, la cuerda de trenzado estaba en poder de una Iglesia Católica con olor a naftalina y de una
nobleza zafia, cuya única virtud consistía en haber heredado tierras. Ahora ya
no es así. Ese poder inmenso recae sobre los oligarcas de los dos partidos
políticos en alternancia, manejados a su vez como títeres por los dueños del
dinero. A mi entender lo de menos es la forma de Estado. Si echamos la vista
atrás, la II
Restauración borbónica no ha salido mal del todo, como
algunos nostálgicos de la
Dictadura vaticinaron. Lo que de verdad interesa al ciudadano
es la posibilidad de que existan listas abiertas a la hora de votar en las
urnas a nuestros representantes en la Cámara
Baja; que no se aplique una Ley D'Hondt que
beneficia descaradamente a PP y PSOE; que la Cámara Alta y las diputaciones
provinciales desaparezcan de una vez por todas; que los dos partidos en alternancia no nombren al Fiscal General del Estado, a
los magistrados del Supremo, del Tribunal Constitucional y a los componentes
de Consejo General del Poder Judicial;
que se agilicen y abaraten los procesos en los Juzgados; que no se juegue desde
el Gobierno miserablemente con las pensiones de jubilación; que exista una
buena red de hospitales de titularidad pública; que no se bajen los salarios de
los trabajadores como consecuencia directa de no poderse devaluar la moneda;
que se deroguen los acuerdos Iglesia-Estado de 1979; que se hagan unos planes
de enseñanza consensuados y que duren al menos una década; que se obligue a la
banca privada y a las cajas de ahorro a hacer frente a los resultados de su
buena o mala gestión, como sucede con cualquier otra empresa; etcétera. Que yo
sepa, nadie ha rescatado a Pescanova ni a
Fagor ni a la
Compañía Roca Radiadores, pero la banca y las cajas ya han
recibido 115.000 millones de euros a través del FROB sin saber si los
devolverán o, como se intuye, los pagaremos todos los ciudadanos. Aquí se hizo
una modificación exprés de la
Constitución (apartado 3º del artículo 135) en 2011 (la
anterior, de 2009, consistió en añadir el indeciso “y pasivo” en el artículo
13.2) con los votos del PP y del PSOE, sin
tener en cuenta que una cosa es establecer que la Administración Pública
no pueda tener el déficit estructural que soporta y otra muy diferente realizar
una cesión plena de los derechos de los españoles a los acreedores extranjeros.
Ningún acreedor puede forzar a un Estado a pagar su deuda soberana. Otra cosa
es la pérdida de credibilidad de aquel Estado que impaga. Pero aquí se ha convertido
la deuda en Deuda Senior. Eso quiere decir que, en caso de falta de
liquidez, antes se atenderá al pago de
los intereses y el capital de la deuda pública que el pago de pensiones,
seguros de desempleo, devoluciones de IRPF, pago de sueldos a
funcionarios, etc. O dicho de otra manera: antes cobrará un taxista alemán
tenedor de bonos que el jubilado español. Se ha entregado España a los
acreedores alemanes y ese es el meollo el asunto. Y tal reforma constitucional
se hizo en verano y con cierto sigilo informativo por parte de los informadores
del pesebre. Por esa razón, ni Rodríguez Zapatero ni Mariano Rajoy merecen mi
respeto. Ambos son los verdaderos responsables de la anómala situación en la
que nos encontramos y del sufrimiento endémico que padecemos. Una España sin
soberanía, cuando la soberanía reside en el pueblo como reza la Constitución, dista muy poco de ser un Estado fallido. Y eso es lo verdaderamente inquietante.
martes, 5 de noviembre de 2013
Derroche autonómico
Esas cosas pasan cuando un partido político, el PP, para poder gobernar
una Comunidad necesita la ayuda de otro partido, en este caso el PAR que es una
charnela que chirría en todas las puertas. En este caso es Luisa Fernanda Rudi
la que está en manos de José Ángel Biel. Y éste, Biel, que ya exigió en su día
presidir las Cortes de Aragón, reclama a la presidencia de la DGA 46 millones de euros (el
1% de los Presupuestos) para las comarcas, otro invento de este hombre, que
pretendió y hasta consiguió hacer un Plan de Comarcalización para Aragón como
si esta región necesitase una división territorial a pequeña escala como la que
se hizo en España en 1833 por parte de Javier de Burgos a instancias de
Francisco Cea Bermúdez, líder de un gobierno que sólo duró tres meses.
Entonces, Javier de Burgos no tuvo que
exprimirse mucho la sesera. Dejó todo como ya estaba antes, o sea, en 1822,
aunque suprimiendo las provincias de Calatayud, Bierzo (que entonces se
escribía con uve), Cartagena y Játiva. En Aragón, por el Decreto Legislativo
1/2006 de 27 de diciembre, se aprobó un texto refundido de la Ley de Comarcalización de
Aragón. El resultado fue que cada comarca tenía un municipio en el que se
establecía su capitalidad. Y en esas capitalidades fue donde comenzó el
“mangoneo” de traspasos económicos, los medios materiales y los escudos y
banderas, por el Decreto 355/2002 de 19
de noviembre. Ya teníamos el Aragón vertebrado, pero con un monstruoso
esqueleto hecho conforme a los deseos de
Biel y del Partido Aragonés, y mediante unas leyes que habían comenzado con la Ley 9/2000 de 27 de diciembre,
por la que se creaba la
Comarca del Aranda, y se terminaba con la Ley 13/2003 de 24 de marzo con
la creación de la Comarca
del Jiloca. Total, 32 leyes para 32 comarcas, con sus correspondientes
edificios, sueldos y coches en cada una de sus cabeceras destinados a
determinados ciudadanos de “la cuerda” colocados a dedo, o al estilo con el que
se llevaron a cabo las direcciones de las empresas públicas, muchas de ellas
sin actividad. Y ahora, cuando no hay dinero para Sanidad, Educación y Servicios Sociales,
el Gobierno de Aragón, en boca del consejero de Presidencia y Justicia, Roberto
Bermúdez de Castro, reconoce que “es complicado ajustar los 46 millones de
euros que reclama el PAR para “política municipal y otras materias”, sin
aclarar muy bien para qué se quiere disponer de ese dinero. Ni Biel lo explica
ni los ciudadanos lo entendemos. Aragón es una Comunidad Autónoma en la que los
parlamentarios, cada vez que deben ir al Palacio de la Aljafería cobran
abultadas dietas aunque tengan su residencia fijada en Zaragoza. ¿Alguien
conoce mayor desfachatez?
lunes, 4 de noviembre de 2013
Mozos del exterior
Contemplando el monumento al
viajero en la Estación
de Atocha, a uno se le ocurre que, ante semejante volumen de equipajes, bien se
le podía haber hecho un monumento al “mozo del exterior”, más conocido como
maletero. Aquellos tipos eran expertos en asuntos exteriores del mundo
ferroviario. Más aún, eran gorrillas de carrera, que pedían la voluntad con la
misma dignidad que adoptan los diplomáticos cuando presentan las cartas
credenciales. En nada se parecían a esa legión de gorrillas que te obligan a
aparcar el coche donde a ellos les viene en gana y que no han pasado de la
maestría insolente del cutrerío cañí. Aquella figura de “mozo del exterior”
desapareció para siempre el día que desaparecieron las carbonillas de los
trenes, aquellos bólidos del tamaño de la cabeza de un alfiler que siempre
manchaban la cara y la camisa blanca. No
descubrías tales macas, unos puntos y aparte como los que se ponían en
el final de cada párrafo en las cartas, hasta que llegabas a la pensión y te
aseabas un poco en un lavabo sin agua caliente. Entonces te dabas cuenta de que
parecías un fogonero. Aquellas carbonillas, digo, eran como puntos suspensivos
escapados de las cartas por la esquina del franqueo, que era como el banderín
de corner de aquellos partidos en el Bernabeu presididos por Franco. En los
andenes de las estaciones siempre pillabas algún resfriado que te duraba todo
el invierno, pese a aquellos abrigos grises y gordos con hechuras de chaqueta
cruzada y dos filas de botones. Yo siempre los cogía en Venta de Baños, por
cuyos andenes interminables se paseaba un ventolín insolente entre escopeteros
de marrón y equipajes extraídos de la consigna en un carro de mano para ser
facturados a sabe Diós dónde. Hay maletas que nunca llegan a su destino. Se quedan
rezagadas en un rincón del vagón-furgón de una vía muerta sin que nadie las
eche en falta, cerca de otro vagón de mercancías en el que pone: “destino
Ponferrada” en una ventanuca con rejilla. Un vagón que tampoco llegaría nunca a
Ponferrada, porque estaba como condenado al ostracismo en una zona donde
crecían los hierbajos junto al balasto y el esplín de un silbido lejano.
domingo, 3 de noviembre de 2013
Algo huele a podrido
Cuando la ministra de Fomento,
Ana Pastor, asevera que “el AVE no se
privatizará nunca” es como cuando
aparecen negros nubarrones por el horizonte y nos negamos a tomar el paraguas
porque el hombre del tiempo de la tele dijo la víspera que no iba a llover. Ha
mentido tanto este Gobierno que su credibilidad es nula para el común de los
mortales. Se empieza por segregar empresas públicas, como aconteció en los
hospitales madrileños y como se desea hacer con la enseñanza, y se termina poniendo
en manos de particulares afines al partido (y no deseo hacer referencia al
repugnante caso Bárcenas y a los sobresueldos de dirigentes del PP) una obra ya
terminada y financiada con el dinero de todos los españoles. Pero,
curiosamente, cuando la empresa privada tiene abultadas pérdidas, se intenta
“echarle el muerto” a la
Administración, como sucederá pronto con el caso de las
autopistas, en cuya explotación, puestas en manos privadas, no salen las
cuentas. De hecho, el Ministerio de Fomento ya contempla quedarse con alguna de
las autopistas en riesgo de quiebra, con un pasivo de más de 3.000 millones de
euros, participadas por Abertis, Acciona, Globalvía (consorcio entre FCC y
Bankia), Ferrovial, Sacyr y OHL. De momento ya existe riesgo de declararse en
concurso de acreedores nueve, entre otras causas por el sobrecoste de las
expropiaciones y la caída del tráfico. El neoliberalismo imperante en el PP,
partido que sustenta el Gobierno, pretende que las empresas con beneficios se
privaticen y las empresas con pérdidas se nacionalicen para que su coste lo
paguemos todos los españoles. El rescate de la banca y las cajas también lo
pagaremos los ciudadanos, ya que la deuda total del préstamo la asumió el FROB
y no las entidades bancarias favorecidas y que no tienen empacho en declarar,
unos meses más tarde de “pillar el maná caído de Europa”, sus abultados
beneficios Es curioso que las últimas declaraciones la ministra de Fomento las hace
justo cuando ya están previstos para mañana, lunes, los primeros paros
parciales tanto en Adif como en Renfe Operadora en contra de los planes de
segregación de esas dos empresas públicas. Paros que se repetirán todos los
lunes y viernes de noviembre entre las 7.00 y las 9.00 horas, entre las 15.00 y
las 17.00, y entre las 23.00 y la 1.00 de la madrugada.
sábado, 2 de noviembre de 2013
Un brindis al Sol
No está mal del todo eso de
mandar mensajes en los billetes de banco, como el aparecido en uno de cinco
euros: “Señores Políticos (faltan dos puntos) como sé que, antes o después,
este billete terminará en sus manos, vayansé (sic) a la mierda!!”. Lo que pasa
es que esos billetes con mensaje, si son de cinco euros, sólo llegan al tendero
de la esquina, al que le importa un pimiento lo que pone en él. Si es de curso
legal, lo acepta y punto. Ya se encargará el Banco de España de retirarlo de la
circulación tan pronto como caiga en sus fauces. También podría acontecer que
tal billete acabase en manos de un grafólogo y que éste, a falta de tener
mejores cosas que hacer, analizase la letra en un intento vano de extraer
conclusiones sobre el carácter de la persona que lo escribió. A mi modesto
entender es letra redondeada, como de mujer dolida, no sé si además de deprimida y dipsómana, por los sacrificios a
los que se ve forzada a hacer en la cesta de la compra. Escribe “señores políticos” con letras mayúsculas,
como si éstos pelafustanes de la cosa pública fuesen el “sursum corda” a
quiénes debemos pleitesía por el simple hecho de haber ido en la lista cerrada
de una vergonzosa oligarquía de partidos. Si esa supuesta señora, la apócrifa autora
del mensaje, leyese la revista “Forbes”, que no lo creo, sabría que por arriba
del “Sursum Corda”, y ahora ya me permito escribirlo con mayúsculas, “hay tres
líderes de las potencias económicas mundiales, por abajo los empresarios
millonarios que han cambiado nuestro estilo de vida”, como afirma Guillermo
Gazanini Espinoza en su blog al hacer referencia al actual Papa. Y a un lado de
este tinglado mefistofélico, fuera de cuadro, aparece un obispo despilfarrador:
Franz Peter Terbatz-Van Elst, obispo de Limburgo, que es la otra cara del mismo
espejo en el que asoma el humilde Francisco. ¡Qué desdicha tan grande!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






