Leo en El País que “por primera
vez en la historia de España, la masonería española, a través de una orden
mixta de mujeres y hombres, compareció como tal en un acto masivo
celebrado en Madrid y un amplio grupo de sus integrantes se ha identificado de
manera abierta provistos de las bandas masónicas rituales. El escenario de tal
comparecencia fue la manifestación conmemorativa anual del Día de la Mujer del sábado pasado en
Madrid”. A los masones españoles tampoco les gusta, según se desprende, el
pretendido proyecto de reforma de la actual ley del aborto auspiciada por el
Gobierno que preside Mariano Rajoy. Ya es hora de que los masones salgan a la
calle y aireen el mandil en su intento
incansable de desbastar la piedra bruta. Dicen las estadísticas que en España
hay, como mucho, alrededor de 4.000 masones, a los que supongo muy ocupados en
sus “quitas”, en sus obediencias, sus
símbolos y unos muy complicados ritos dentro de sus logias que no
entiende la gente del común. El catecismo “Nuevo Ripalda de la Nueva España”, de 1955, en su
apartado sobre “el modernismo y la masonería” la define como “una sociedad
perversa que, con aparentes fines humanitarios, maquina en sus antros
misteriosos las ruinas de la sociedad y de la Iglesia. Para alcanzar fines
tan perversos, sus asociados se valen del crimen, la hipocresía y el misterio”.
Ruiz-Gallardón ha querido contentar a la derechona más recalcitrante con una
reforma de la actual ley sin tener el consenso necesario y sin que la sociedad
de demandase tal modificación. No creo que la Masonería esté por la
labor de pretender “arruinar” a nadie. Pero cuarenta años de régimen
totalitario no se borra en una generación y “el contubernio judeo-masónico”
estuvo presente en todos los discursos de aquel dictador que entraba bajo palio
en las iglesias. Pero el tiempo pondrá cada cosa en su sitio.
lunes, 10 de marzo de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
A propósito de una cena en Lhardy
En su “Recuadro” de hoy en Abc de Sevilla, Antonio Burgos, bajo el
título “El toreo, de esmoquin”, hace una remembranza de la cena con la que un
grupo de intelectuales de la época rindió un merecido homenaje al torero Manuel
Rodríguez “Manolete”. Sucedía la noche del 11 de diciembre de 1944 en el “salón
japonés” del madrileño restaurante Lhardy, en la Carrera de San Jerónimo.
Todos iban de esmoquin. Manolete se presentó
vistiendo traje campero negro,
camisa blanca con chorreras y botones de diamantes, capa española, sombrero
cordobés y botines negros. Y el menú de la cena: “Petite marmita. Langosta a la
americana. Arroz blanco. Tournedós financiére. Legumbres variadas. Bizcocho
helado. Tejas y Angelinas, acompañado todo ello con gran reserva Cepa Rhin,
Marqués de Riscal, reserva 1933, Campán Codorníu y licores”. El homenaje en
cuestión había sido organizado por José María Alfaro, que entonces presidía la Asociación de Prensa de
Madrid. Después de la cena se leyeron poemas de Alfaro, Marqueríe, Adriano del
Valle y Foxá. Curiosamente, aquel año
había puesto Manolete el único par de banderillas de toda su carrera torera. Fue
el 25 de octubre en un festival taurino en Arganda del Rey, donde había sido
invitado por Juanito Bienvenida. Tres meses antes, el 6 de julio, en Las
Ventas, en la tradicional corrida de la Prensa de Madrid, Manolete alcanzó su mayor gloria como torero
en una terna en la que compartía cartel con El Estudiante y Belmonte. Le salió
redondo el manejo de la muleta frente al toro “Ratón” (antes llamado
“Centello”), un sobrero de la ganadería portuguesa de Pinto Barreiros,
actualmente propiedad de Joaquín Alves Lopes de Andrade. Y sólo dos días antes,
el 4 de julio, Manolete toreo por primera vez junto a Carlos Arruza en Lisboa. En
el conjunto de aquel año Manolete toreó en 92 tardes. En la foto perteneciente al archivo de Lucio
de Sancho, y a la que hace referencia Antonio Burgos, aparecen, entre otros,
Víctor de la Serna,
Agustín de Foxá, Camilo José Cela, etc, hasta casi un centenar, que
representaban a la intelectualidad; eso sí, vergonzosamente arrodillada al servicio
de Franco. Existía otra intelectualidad, no menos importante que la “de cuerpo
presente” en aquella célebre cena de Lhardy, pero en el exilio. Al margen
de esos recuerdos, quisiera hacer una observación con respecto al artículo de Antonio
Burgos. Me encanta todo lo que escribe en Abc,
leo todos sus “Recuadros” por internet y cada día aprendo cosas que no
sabía. Pero hoy, al leer “El toreo, de esmoquin” he notado que un calambrillo
me recorría la espalda en dos momentos de su
lectura. La primera vez, cuando escribe “Como una figura de El Greco
vestida de luces, que recibía a los toros por alto con el laconismo militar de
aquel estilo: como un saludo a la romana con la muleta”. La segunda, un poco
más abajo, cuando señala: “En el restaurante histórico, media Historia del
Toreo en el siglo XX y los autores de la mejor prosa que se escribía en una
España de postguerra no tan triste como ahora la pintan, pues para ellos era el
paso alegre de la paz en una primavera que volvía a reír”. Ambos párrafos los
relaciono así: el primero de ellos con un discurso de José Antonio Primo de
Rivera, 29 de octubre de 1933, en el Teatro de la Comedia de Madrid: “Nada
de un párrafo de gracias. Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo
militar de nuestro estilo”. El segundo con el himno “Cara al sol”: “Volverán
banderas victoriosas al paso alegre de la paz…Volverá a reír la primavera…”. En
fin, ahí lo dejo. Sobran más comentarios.
sábado, 8 de marzo de 2014
Casa Pascualillo
Hablar de El Tubo zaragozano es
hablar de la historia viva de la capital de Aragón. Casa Pascualillo (Libertad,
5) celebra su 75 aniversario y ya tengo pensado celebrar tal ocasión echándome al
cuerpo unas “cigalas de la huerta” y algún vasito de vino. Mi economía
particular no da para más. Han pasado, como digo, muchos años desde que los navarros Pascual
Álvarez y Bruna Enrique vinieran desde Barcelona y se hicieran cargo de una
casa de comidas que entonces se llamaba Casa Martínez. Acababa de terminar la Guerra Civil y eran tiempos de tribulación y hambre de la mala. La gente, a
pesar de todo, se quitaba el frío en los enormes cafés existentes en el Paseo
de la Independencia
y la afición comentaba la última
alineación del Zaragoza FC, que ese año ascendía a Primera División. A mediados
de junio de aquel año, tras su visita triunfal a la Italia
fascista, el cuñadísimo Serrano Suñer presidía en Zaragoza una reunión de la Junta Organizadora del XIX
Centenario de la Venida
de la Virgen
del Pilar, y en el diario Abc podían leerse amplias columnas de los
intelectuales “consagrados” por el nuevo Régimen: D’Ors, Marquina, Pla, Camba,
Pemán, Sánchez Mazas, González Ruano, Foxá, Rosales, Panero, Marañón, Vegas
Latapie, etcétera. Para nuestra desgracia, se había exiliado el 80% del
profesorado universitario de Madrid, Valencia y Barcelona. Y en aquel ambiente enrarecido
brotaba como un lirio en medio de un erial Casa Pascualillo. Y por allí pasaron ilustres visitantes y casi todos
los actores que actuaban en el Teatro Principal. El actual propietario,
Guillermo Vela, nieto de Pascual Álvarez, dio un giro al negocio con el nuevo
siglo, adquirió todo el edificio, tiró tabiques y convirtió la antigua casa de
comidas en un excelente lugar de encuentro al más alto nivel pero sin perder
sus raíces. Añadió un rincón dedicado al whisky en homenaje a su padre, donde ya existen más de
800 botellas procedentes de todo el mundo. En rigor, existen dos
establecimientos en Zaragoza, Casa Pascualillo y Casa Emilio, ambos fundados en
1939, que deberían estar protegidos como el urogallo, el lince o la cardelina.
Guillermo Vela o Emilio Lacambra, responsables de ambos lugares de encuentro
gastronómico, merecerían un homenaje a la continuidad en los negocios
familiares, tarea complicada en estos tiempos difíciles.
"Privilegios reales" de pacotilla
El Ayuntamiento de Zaragoza, como
no sabe qué hacer con el dinero que recauda al contribuyente en concepto de
IBI, Agua y Vertidos, multas de tráfico, Impuesto de Circulación, etcétera, en
vez de dedicarlo a adecentar los barrios, pagar la “línea uno” del tranvía,
satisfacer las deudas pendientes de la
Expo 2008, sanear colectores, echar asfalto en las vías
urbanas y dedicar una especial atención a familias enteras que no tienen nada
que llevarse a la boca, no ha tenido mejor ocurrencia que adquirir de un
particular un documento llamado
Privilegio Real, por el que un aspirante a rey que nunca llegó a reinar en
España, concedía a Zaragoza el privilegio de acuñar moneda, a cambio de 1.000
hombres dispuestos a luchar por su causa en la Guerra de Sucesión. Me
estoy refiriendo al archiduque Carlos de Habsburgo, apoyado por la Corona de Aragón y
enfrentado a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y bisnieto de de
Felipe IV, apoyado por la
Corona de Castilla, y que más tarde reinaría con el nombre de
Felipe V. Lo de menos, a mi entender, es
el dinero pujado por ese documento en subasta y adjudicado finalmente al
Ayuntamiento de Zaragoza en 3.100 euros. Esa cifra se la gasta el alcalde
Belloch en un vermú con unas aceitunas rellenas de rica anchoa cada vez que
llega de visita un histórico de la política y es agasajado en la planta noble
del edificio de la Plaza
del Pilar como si de un jefe de Estado se tratara. Ya me gustaría a mí saber
cuánto costó el alquiler del Teatro Principal a Felipe González, que le salió
gratis total, cuando vino a presentar su libro “En busca de respuestas. El
liderazgo en el siglo XXI” el pasado 22 de enero. Pero a lo que iba: mal pudo
firmar un privilegio real alguien que no fue rey de España aunque heredase en
1711 el imperio alemán. Y mal pudo, también, conceder a la Ciudad de Zaragoza el
privilegio de poder acuñar moneda alguien que no tenía poder bastante. ¿Imaginan
al tesorero municipal acuñando moneda amparado en un privilegio real concedido
por un Habsburgo? No sé qué dirían los proveedores cuando presentaran sus
facturas y recibieran en pago sacos llenos de monedas con el busto de Belloch
en el anverso y un mejillón-cebra en el reverso. Tampoco sé lo que pensaría Mario Draghi de nosotros. Hay documentos de
“privilegios reales” que no sirven ni para estar expuestos en una vitrina. Ese
es uno de ellos.
viernes, 7 de marzo de 2014
Polvo
Leo en Abc que “El área de
Igualdad de la organización agraria COAG ha denunciado ante el Observatorio
Andaluz de la Publicidad
No Sexista una valla en la que figura el anuncio de un
producto para el campo, al considerar que atenta contra la dignidad de las
mujeres”. ¿Y si en vez de una mujer, en el anuncio hubiese aparecido la foto de
un hombre, qué hubiese cambiado? Estamos hartos de ver anuncios con doble
sentido y no pasa nada. Los tiempos no
están como para cogérsela con papel de fumar. Acabamos de comenzar la Cuaresma el pasado
Miércoles de Ceniza y muchos ciudadanos acudieron esa mañana a los templos para
que el sacerdote les echara (con perdón) un polvo blanquecino sobre la cabeza
debidamente bendecido, asperjado con agua bendita y hasta entonces guardado a
partir de la quema de hojas sobrantes de olivo del Domingo de Ramos del año anterior, como signo
de caducidad de la condición humana. “Recuerda que polvo eres y en polvo te
convertirás” (Génesis, 3.19). Camilo José Cela, en su “Enciclopedia del
Erotismo” (Sedmay Ediciones, t.IV, p.965), al relacionar el polvo como la
cópula carnal, indica que “es eufemismo por sexualización de sentido, quizá en
presencia de metáfora formal; el polvo sería inicialmente el semen, el
resultado de la acción de copular en las múltiples metáforas de ese sentido que
la eufemizan -amolar, cascar, machacar, etc.- y, por sinécdoque, el presente u
homenaje seminal del acto y el acto mismo, como puede verse en su frecuentísimo
uso como complemento directo de los verbos ‘echar’, ‘pegar’ y ‘soltar’”. Y en
su Enciclopedia, el Premio Nobel de Literatura remata con unos versos
atribuidos a Espronceda (“La mujer”, Canto I, versos 77-80): “Si te quieres
casar te comprometes/ a pasar una vida de dolores; / nada, sigue mi plan, échala
un polvo/ y después, si pecaste, ‘ego te absolvo’”. El anuncio en cuestión
denunciado por COAG dice: “¡Agricultor!, si quieres algo mejor que un Polvo…
pide un Disperss”. Las vallas publicitarias fueron contratadas por la empresa
catalana Cequisa (Grupo UPL) para anunciar uno de sus fungicidas. Es posible
que a muchos agricultores ese anuncio les haya parecido ordinario, de mal
gusto. Lo respeto. A mí, en cambio, me
parece gracioso, de la misma manera que me parece sandunguero el chiste de
aquellas monjitas a las que les habían robado en el convento la noche anterior.
Y cuando la superiora, acompañada de otra monjita, fue a poner la denuncia en
el cuartelillo de la Guardia Civil,
la monja acompañante le dijo al sargento muy seria: “¡…y nos querían envenenar!”.
Lo dejo ahí. El final prefiero no contarlo. Es un viejo chiste donde la gracia
gravita en la ingenuidad de la religiosa.
jueves, 6 de marzo de 2014
Concertinas
Como bien se sabe, el ministro
del Interior ha visitado, ayer y hoy, las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla
por ver qué se puede hacer para evitar en la medida de lo posible los asaltos a
la valla que separa España de Marruecos. Y parece ser que se va a llevar a cabo
una inversión de millón y medio de euros para, entre otras cosas, colocar una
valla “antitrepa” y hacer más difícil que los subsaharianos puedan encaramarse
a ella. En fin, algo había que hacer. Lo que no me sirve como excusa es que el
ministro manifieste que los alambres con cuchillas, las famosas concertinas,
son “un elemento no agresivo, que tiene una finalidad disuasoria y que cumplen
con todos los requisitos de legalidad”. Pero, por si a algún ciudadano no le ha
quedado cristalina esa respuesta, éste ha dejado claro que tales concertinas no
las colocó en su día el Gobierno que preside Rajoy, es decir, que ya estaban
antes del 20 de diciembre e 2011,
a excepción de 2’5 kilómetros, que se han repuesto.
Jorge Fernández Díaz, por decir, puede decir que las porras de la Guardia Civil no son agresivas,
si no se utilizan como medida represiva; que las pelotas de goma tampoco lo
son, si te las regalan en la tienda cuando compras unos zapatos “El Gorila”;
etcétera. Las concertinas son muy agresivas, por más que diga lo contrario el
ministro, Agamenón o su porquero. Digo más: mantener esas cuchillas me parece
una auténtica salvajada. Hasta Clemente Cubero, gerente de Kwazulu, empresa que
fabrica los rollos de alambre con cuchillas entiende que hay productos más
efectivos y que no hacen daño a las personas. Y pone como ejemplos el muro de
hormigón de 12 metros
de altura existente en Israel o una determinada valla antiescalada que ellos
fabrican. “Tenemos una valla antiescalada -dice Cubero- en la que no entra una mano ni
un pie ni una cizalla; lo único que puede penetrar es una sierra radial, pero
en el interior de la valla hay además unos barrotes rellenos de material
cerámico que, para cortarlos con una radial, habría que cambiar la muela cada
dos minutos”. Como pueden observar, ideas no faltan. Sólo, si acaso, la
voluntad de aplicarlas.
martes, 4 de marzo de 2014
Banderas
Ahora considera el juez del
Juzgado número 2 de Pamplona que la ikurriña colocada frente a la fachada del
Ayuntamiento poco antes del chupinazo de los sanfermines del año pasado “puso
en grave riesgo la integridad física de miles de personas”. Con los debidos
respetos hacia tal consideración judicial, ésta se me antoja como una exageración
del tamaño de aquella bandera extendida. No se trataba de un piano de cola ni
del mueble-bar de Barcina, que no sé si dispondrá de mueble-bar en su despacho
oficial, ni de la peana con la imagen en escayola de San Saturnino (patrono de
Pamplona) en un vano intento de ser trasladado de tejado a tejado por “correo
aéreo”. Tan sólo se trataba, como digo, de una bandera ikurriña del tamaño de
una colcha de cama de matrimonio de la nueva colección Textil-Hogar de Ikea. Más
peligro, a mi entender, tuvo en su día la rotura del mástil de la bandera
nacional gigante colocada en la zaragozana Plaza de España, en febrero de 2013,
por culpa del cierzo y de los pésimos materiales utilizados. Pero ahí nadie
dijo nada. Belloch, más galán que Mingo, se limitó a colocar otro mástil al
poco tiempo, dicen que más duro, y aquel nuevo mástil, ahora de aluminio,
costó a las arcas municipales 9.000 euros, que me parece otra exageración no
menor que la consideración del juez de Pamplona con respecto a la ikurriña
volandera. Pues bien, en el auto, según leo en Diario de Navarra, se da cuenta
de que “este hecho ‘puso en grave riesgo’ la integridad física de las miles de personas
congregadas en el lugar, bien por el riesgo de que la bandera
cayera sobre los asistentes o por el retraso en el lanzamiento del chupinazo”.
Hombre, el riesgo, en todo caso, se hubiese producido de haberse lanzado el
chupinazo, es decir, que el petardo desviado, una vez rebotado en la ikurriña,
hubiese cambiado su trayectoria y se hubiese colado por una ventana, o hubiese
herido a un concejal. Retrasar, como así
se hizo, el disparo del cohete fue todo un signo de sensatez. La rotura del
mástil zaragozano sí que tuvo un peligro cierto, ya que se produjo pasado el
mediodía. Sería bueno y deseable conceder a cada cosa su justo valor a la hora
de exigir responsabilidades. En rigor, los juzgados españoles llevan un gran
atasco en sus procedimientos por diversas causas que no voy a analizar. Y aquí,
en este Ruedo Ibérico, con la que está cayendo, no estamos ni para ver grandes
riesgos donde no existen ni para sentir añoranzas al estilo de la revista “Las
Corsarias”, estrenada en madrileño Teatro Martín en 1919.
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