Diez de septiembre. La prensa de
papel gasta ríos de tinta y llena portadas con motivo de la muerte de Emilio Botín. Y algunos, como Prisa, le
dedican más espacio a ese óbito inesperado que a la coronación de Felipe VI. Se comprende, dadas las
circunstancias por las que atraviesa el grupo editorial. Botín fue el último virrey,
el amo de la cuerda de trenzado. Y como en las monarquías que todavía quedan en
pie como un lastre de la Edad Media,
no sé si en los virreinatos, a rey muerto, rey puesto. No se han esperado ni
veinticuatro horas para que el consejo de administración del Grupo Bansander
utilizase los mecanismos de ajuste con el nombramiento de su hija Ana Patricia, a la que le gusta que le
llamen “presidente”. Será porque la
Banca, como el brandy Fundador,
siempre fue cosa de hombres. También
ayer, Ana Botella contaba que no
desea presentarse a la
Alcaldía de Madrid. Ha hecho bien en tomar esa decisión.
Seguro que no hubiese repetido cargo. Tampoco fue elegida. Simplemente, al ir segunda
en la lista por agradar a Aznar y
mantener vigoroso el egocentrismo de su mujer, esa dama sustituyó a Alberto Ruiz-Gallardón cuando fue
nombrado ministro de Justicia. Pero su breve etapa de mandato madrileño ha
hecho bueno el Principio de Peter sobre
los niveles de incompetencia. Algo semejante a lo que aconteció en Zaragoza con
Antonio González-Triviño cuando
murió Ramón Sáinz de Varanda, o a José Atarés cuando Luisa Fernanda Rudi fue nombrada presidenta del Congreso de los
Diputados. Segundas partes nunca fueron buenas. Y conocíamos ayer, además, que la Abogacía del Estado, en un escrito de 27 páginas,
salía en defensa de Cristina de Borbón,
donde señalaba que “el hecho de ser cónyuge de un defraudador a la Hacienda Pública
no convierte a uno en partícipe de esa defraudación”. Hombre, contado así,
parece evidente. Pero si se hace referencia al caso Nóos y a la copropiedad en
Aizoon, donde la infanta firmaba actas de las juntas generales, todo apunta a
que las cosas fueron de otra manera. También señalaba la Abogacía en su escrito
que “para
acusar de un delito contra Hacienda se requiere una participación activa,
consciente y dolosa”. Contado así, también parece evidente. Pero “la
cooperación silenciosa” y “la ignorancia deliberada”, según mantiene el juez Castro en sus 227 folios en su
segunda imputación a la infanta (19 folios en la primera), no son precisamente
virtudes teologales ni obras de misericordia, que son la disposición a
compadecerse de los trabajos y de las miserias ajenas. Cuando salió el auto de
imputación, el abogado Jesús
Silva declaró que la infanta firmó los papeles “porque estaba enamorada” y
días más tarde, el fiscal Pedro Horrach acusó
al juez Castro de conspirar contra Cristina de Borbón. Dijo Pascal que “el amor tiene razones que la razón no comprende”. Pero
aquí también puede valer aquello de su apuesta, la “Apuesta Pascal”, para el
ciudadano Urdangarín: “Si
vous gagnez, vous gagnez tout; si vous perdez, vous ne perdez rien”. O sea, si gano, que me quiten lo bailado; y
si pierdo, que me libre de la cárcel el Consejo de Ministros. jueves, 11 de septiembre de 2014
Un día para olvidar
Diez de septiembre. La prensa de
papel gasta ríos de tinta y llena portadas con motivo de la muerte de Emilio Botín. Y algunos, como Prisa, le
dedican más espacio a ese óbito inesperado que a la coronación de Felipe VI. Se comprende, dadas las
circunstancias por las que atraviesa el grupo editorial. Botín fue el último virrey,
el amo de la cuerda de trenzado. Y como en las monarquías que todavía quedan en
pie como un lastre de la Edad Media,
no sé si en los virreinatos, a rey muerto, rey puesto. No se han esperado ni
veinticuatro horas para que el consejo de administración del Grupo Bansander
utilizase los mecanismos de ajuste con el nombramiento de su hija Ana Patricia, a la que le gusta que le
llamen “presidente”. Será porque la
Banca, como el brandy Fundador,
siempre fue cosa de hombres. También
ayer, Ana Botella contaba que no
desea presentarse a la
Alcaldía de Madrid. Ha hecho bien en tomar esa decisión.
Seguro que no hubiese repetido cargo. Tampoco fue elegida. Simplemente, al ir segunda
en la lista por agradar a Aznar y
mantener vigoroso el egocentrismo de su mujer, esa dama sustituyó a Alberto Ruiz-Gallardón cuando fue
nombrado ministro de Justicia. Pero su breve etapa de mandato madrileño ha
hecho bueno el Principio de Peter sobre
los niveles de incompetencia. Algo semejante a lo que aconteció en Zaragoza con
Antonio González-Triviño cuando
murió Ramón Sáinz de Varanda, o a José Atarés cuando Luisa Fernanda Rudi fue nombrada presidenta del Congreso de los
Diputados. Segundas partes nunca fueron buenas. Y conocíamos ayer, además, que la Abogacía del Estado, en un escrito de 27 páginas,
salía en defensa de Cristina de Borbón,
donde señalaba que “el hecho de ser cónyuge de un defraudador a la Hacienda Pública
no convierte a uno en partícipe de esa defraudación”. Hombre, contado así,
parece evidente. Pero si se hace referencia al caso Nóos y a la copropiedad en
Aizoon, donde la infanta firmaba actas de las juntas generales, todo apunta a
que las cosas fueron de otra manera. También señalaba la Abogacía en su escrito
que “para
acusar de un delito contra Hacienda se requiere una participación activa,
consciente y dolosa”. Contado así, también parece evidente. Pero “la
cooperación silenciosa” y “la ignorancia deliberada”, según mantiene el juez Castro en sus 227 folios en su
segunda imputación a la infanta (19 folios en la primera), no son precisamente
virtudes teologales ni obras de misericordia, que son la disposición a
compadecerse de los trabajos y de las miserias ajenas. Cuando salió el auto de
imputación, el abogado Jesús
Silva declaró que la infanta firmó los papeles “porque estaba enamorada” y
días más tarde, el fiscal Pedro Horrach acusó
al juez Castro de conspirar contra Cristina de Borbón. Dijo Pascal que “el amor tiene razones que la razón no comprende”. Pero
aquí también puede valer aquello de su apuesta, la “Apuesta Pascal”, para el
ciudadano Urdangarín: “Si
vous gagnez, vous gagnez tout; si vous perdez, vous ne perdez rien”. O sea, si gano, que me quiten lo bailado; y
si pierdo, que me libre de la cárcel el Consejo de Ministros. martes, 9 de septiembre de 2014
Revestimiento lubricante
Dave Smith y un grupo de
ingenieros se han devanado los sesos hasta conseguir el LiquiGlide, un revestimiento
lubricante no tóxico que se adhiere a las paredes de los frascos de ketchup y
de mayonesa y que es capaz de extraer hasta las últimas gotas en ellos contenidas. Parece una tontería,
pero tal lubricante es capaz de ahorrar hasta un millón de toneladas de ese
producto que siempre queda en el interior del frasco que y tiramos a la basura.
A mí se me ocurre que, posiblemente, el señor Smith se habrá fijado en la
técnica de los supositorios Rovi contra
el estreñimiento hasta dar en el chiste, o en la vaselina boricada Brum, que ayuda lo suyo en ciertas
penetraciones que no voy a explicar aquí, pero que por una ingestión accidental
también puede producir erupciones eritematosas de difícil manejo clínico. Al
señor Smith y su combo de ingenieros, a los que imagino como a los miembros de
la orquesta de Pérez Prado, habría que pedirles por el bien de la democracia
que inventasen algo, lo que fuere, con lo que poder untar el peto y el espaldar
a determinados políticos incompetentes, o que se lo llevan crudo; y que, de esa
guisa, salieran escopeteados fuera del Hemiciclo, o de los Consejos de
Ministros, o de los ayuntamientos, o de las Comunidades Autónomas, camino del
sumidero más próximo. No puede ser que en España nadie devuelva lo robado, o
que tengamos que aceptar los ciudadanos algunas leyes absurdas aprobadas, eso
sí, por unos diputados que, aunque reconociendo of the record que son nefastas, se “vieron obligados” a apoyarlas
en sede parlamentaria por disciplina de
partido. No, mire, usted se debe a los ciudadanos, no a aquel oligarca que le
colocó el tercero en la lista por
Segovia. Y si se mueve y no sale en la foto, o no le colocan en la lista en los
siguientes comicios, pues dedíquese a lo que se había dedicado siempre, que no
pasa nada. La política es para servir a los ciudadanos durante un tiempo breve,
no para hacer de ella un modo de vida y encima gozar del privilegio de aforamiento.
Por eso digo que habría que inventar un LiquiGlide
que sanease las instituciones democráticas y evitase esa diverticulosis que
atrapa mierda en las bolsas de las tripas de las instituciones y que tan graves problemas
causa la sociedad. El ejemplo de los ERE en Andalucía o de la familia Pujol en
Cataluña en nada ayuda a remediar el mal trago de la tremenda crisis económica
instalada, que afecta a gran parte de los ciudadanos y que no lleva visos de
solución.lunes, 8 de septiembre de 2014
Un puticlub en Illinois
Un tal A.Maluenda escribe hoy en Heraldo de Aragón sobre un
local de Chicago, que abrió sus puertas en 1926, y por donde – según afirma- “pasaron Al Capone y Sinatra”. Puede ser. De lo
que no estoy tan seguro es de que su nombre “Aragon”, así, sin tilde, se deba en modo alguno a nuestra región, por
más que lo afirme una tal Martha Botello, que regenta el actual local de copas
y de que su decoración inicial, ya inexistente, se inspirara en la España del siglo XVIII.
Un incendio calcinó el local en 1955 y
volvió a reabrirse en 1964, momento en el que sus anteriores propietarios, los
hermanos Karzas, traspasaron el negocio, donde más tarde hubo patinaje, boxeo,
etc. En 1966, el local de alterne volvió a cambiar de dueño y de nombre, por el
de “Cheetah Club”. Poco más tarde recuperó su nombre con añadidos, o sea,
“Aragon Entertainment Center”. Pues bien, al margen de lo que hoy pueda decir
la señora Botello, que posiblemente no sea capaz de cocinar una tortilla de
patatas ni ubicar Badajoz en el mapa, hay que pensar que tal vez Aragón haga
referencia a algún apellido, puesto que ese patronímico es común en España, que
España tuvo colonias en América hasta 1898 y que, por consiguiente, hubo muchos
españoles en la diáspora. Cualquiera de ellos, absolutamente olvidado, pudo
abrir un negocio en el Estado de Illinois: en Springfield, en Chicago,
en Aurora, en el Tuquestán ruso o en la Plaza de Tian'anmen, si se lo permiten los chinos. Leo por
ahí que el apellido Aragón es el quingentésimo decimotercero apellido más común
en España; y si lo repartimos por provincias,
el 5 por ciento de ellos están en Palencia, donde constituye el
trigésimo apellido más común, mientras que en la provincia de Zaragoza la
escala se va al puesto 1138, por más que parezca que el primer patronímico Aragón
proceda de Alonso de Aragón, hijo natural de Fernando II de Aragón y Aldonza
Ruiz de Ivorra.sábado, 6 de septiembre de 2014
El raro apoyo de Rajoy a las empresas
Si le damos muchas vueltas al Real Decreto-ley
4/2014, de 7 de marzo, puede ocurrir que nos mareemos como si estuviésemos
montados en un tiovivo, o como si hubiésemos cogido una cogorza de calimocho.
Por ese Real-Decreto, el Gobierno “adoptaba medidas urgentes en materia de
refinanciación y reestructuración de materia empresarial”. Eso decía, al menos,
el Decreto. Se ponía como ejemplo que “España es el país en el que el número de
procedimientos de insolvencia aumentaba a mayor ritmo (24% en el primer
semestre de 2013 mientras que en el resto de países de la UE y de EE.UU se habían
observado reducciones y en el peor de los casos aumentos (Francia un 3,6%)”.
Pero leyendo un soberbio artículo de Juan Torres López, catedrático de Economía Aplicada
en la Universidad
de Sevilla y aparecido por aquellas fechas en "Publico", nuestro gozo quedó en el pozo. Se titula
“La economía de Rajoy: liquidar
empresas, salvar banqueros”. Por su
interés, lo reproduzco íntegro:
Los gobernantes de la derecha suelen presentarse siempre como grandes
defensores de las empresas y del funcionamiento más eficaz posible de la
economía pero hay muchas pruebas que demuestran lo contrario. Son las políticas
económicas que aplican las que destruyen el tejido empresarial orientado a
crear riqueza y empleo, y lo hacen, casi siempre, en aras de defender a los
bancos y al capital financiero en general.
En estos momentos tenemos una prueba más de ello con el Decreto Ley de
Medidas Urgentes de Refinanciación y Reestructuración de deuda comercial que
previsiblemente será aprobado por el Consejo de Ministros de hoy viernes.
Dicho Decreto se presenta, como suele hacer casi siempre este gobierno,
como el instrumento necesario para conseguir un objetivo loable, en este caso
ayudar a que gran número de empresas puedan “retomar la senda de la
rentabilidad” facilitando acuerdos de refinanciación. Pero se oculta que en
realidad tiene otras verdaderas pretensiones. Ahora, y una vez más, hacer un
traje a medida a la banca española a costa, de nuevo, de toda la economía
española y del tejido empresarial más en concreto.
Aunque el Decreto es farragoso y entra en detalles que serían difíciles
de explicar claramente en un artículo resumido como éste, lo que se propone
realmente y sus razones se pueden exponer breve y lo más claramente posible de
la siguiente manera.
El negocio de los bancos es prestar y en los años anteriores a la
crisis hicieron todo lo que estuvo en su mano para establecer un modelo
económico basado en el crédito precisamente para aumentar como fuese su
negocio. La consecuencia fue, como todo el mundo sabe ya, que prestaron por
encima de sus posibilidades y que ahora se encuentran, como hemos dicho, con
una cartera de activos muy deteriorada.
Cuando eso sucede, el equilibrio patrimonial de los bancos se resiente
y si se quiere que la contabilidad lo refleje fielmente se debería corregir el
valor contable de esos activos, disminuyéndolo en la misma medida de la pérdida
que esté suponiendo el fallido que se produzca. O, como procedimiento
alternativo, generar “provisiones” (es decir, algo así como unos fondos que se
“guardan” en previsión de que ocurra algo, como en este caso que no se llegue a
cobrar el crédito) a medida que se vaya percibiendo la morosidad o la mayor
probabilidad de no cobro.
Sin embargo, los bancos son muy reacios a actuar de ese modo, es decir,
a minusvalorar sus activos o a establecer provisiones realistas puesto que eso
disminuye su rentabilidad, dado que, en el primer caso, los hace menos
solventes, o porque inmoviliza fondos cuantiosos, cuando se dotan provisiones.
La banca ha presionado desde que estalló la crisis para que no se le
obligase a provisionar todos los fondos que hubieran sido necesarios ante el
descalabro patrimonial que sufrió. Y también para que la Unión Europea
cambiase la normativa contable y le permitiera valorar sus activos a precio de
adquisición en lugar de mercado (es decir, para que no tuviera que reflejar la
pérdida de valor que han ido sufriendo), lo que claramente supone una falsedad
flagrante, gracias a la cual los bancos pueden presentar balances más saneados
cuando en realidad están todos quebrados.
Pues bien, lo que se busca verdaderamente con el Decreto que hoy
aprueba el gobierno, que como he dicho se justifica como una medida para ayudar
a las empresas, es dar una vuelta de tuerca más y proporcionar a la banca un
nuevo colchón permitiéndole que haga desaparecer de sus balances la basura que
representan miles de créditos de dudoso o imposible cobro resultado de su
irresponsabilidad y mala gestión en los últimos años.
Así, el Decreto establece que las empresas en dificultades por tener
créditos con los bancos estarán obligas a llegar a acuerdos de financiación con
sus acreedores (los bancos) en virtud de los cuales las deudas que tengan con
ellos pasarán a ser inversiones de éstos en el capital de las empresas.
La operación es perfecta. Al transformar los activos podridos en
inversión en el capital de las empresas deudoras, pasan de ser sus acreedores
con pocas expectativas de cobrar a ser sus dueños. Y así matan varios pájaros
de un tiro.
Por un lado, en lugar de la posibilidad de perderlo todo si la empresa
deudora entra en concurso de acreedores, se convierten en sus propietarios. Y
además lo consiguen sin demasiado riesgo, porque el Decreto establece que si la
empresa entrase más adelante en concurso, el banco dejaría de nuevo de ser
inversor para pasar a ser otra vez acreedor y así poder ponerse en la cola para
cobrar.
Por otro lado, al hacer eso, los créditos morosos que los bancos tenían
antes en su balance (y por los que tenían que establecer costosas provisiones)
o aumentar su capital, desparecen, porque ahora ya no son deudas de improbable
o imposible cobro sino inversiones. Así podrán aparecer como entidades saneadas
en las pruebas de stress y seguir dando beneficios a pesar de que materialmente
están igual de quebrados que antes.
Se podría decir que con este procedimiento se ayuda a las empresas
porque se les permite que lo que antes eran deudas que tenían contraídas con
los bancos se conviertan ahora en su propio capital. Pero eso es solo una
mejora aparente por varias razones.
En primer lugar, porque la existencia futura y la rentabilidad de la
empresa no van a depender solo de tener más capital (y menos cuando éste es en
cierta medida ficticio, como ocurre con la operación que el gobierno contempla
el Decreto a propuesta de los bancos) sino mejores expectativas y posición en el
mercado, algo que no depende solo de que la empresa sea ahora controlada por un
banco o por un fondo especulativo. La historia reciente demuestra que la lógica
de rentabilización del capital financiero es muy diferente de la del capital
productivo. Por eso es fácil deducir que lo que producirá esta medida, en el
mejor de los casos, es una dependencia mucho mayor de las empresas participadas
de la estrategia global de los bancos y, en el peor, su liquidación o gestión
para aumentar su valor. ¿Alguien cree que los fondos buitre que con toda
seguridad van a estar detrás de este tipo de operaciones van a ser los que de
verdad estarán interesados en recuperar seriamente a las empresas españolas en
dificultades para que de nuevo se dispongan a crear riqueza y empleo? ¿No es
más razonable y realista pensar que su estrategia será aumentar simplemente su
valor de mercado para liquidarlas más adelante, que es lo que generalmente
suelen hacer en su práctica diaria?
La realidad es que hay tantas empresas españolas con dificultades, en
primer lugar, porque los bancos llevaron a cabo muy mal su política de
financiación. Y, en segundo lugar, porque la crisis creada por los bancos las
ha dejado sin demanda y sin mercado. Por eso, lo que necesitan las empresas no
es que bancos o fondos especulativos pasen ahora a ser sus dueños, porque eso
con toda seguridad no se traducirá mejor actividad productiva. Lo que requieren
es financiación más barata y sin condiciones que impliquen dejar que sus
gestores dejen de serlo y más ingresos en la economía para que tengan demanda.
Y lo que hace el gobierno es justamente lo contrario de lo que habría que hacer
pues se limita a poner en marcha un mecanismo para que los bancos (que las han
llevado a la ruina) sean ahora las que las gestionen para rentabilizar la deuda
que tenían con ellos.
La banca, como siempre, va a ganar de nuevo a costa de toda la economía
y de las empresas en particular pero no por casualidad sino gracias a la ayuda
de un gobierno que, para colmo, se llena permanentemente la boca con palabras
de apoyo a las empresas.
viernes, 5 de septiembre de 2014
César Antón Beltrán
¿Ustedes se imaginan a los
farmacéuticos de visita en casa de los ancianos con enfermedades crónicas? Y
ustedes se preguntarán, “¿para qué?” Y la respuesta será: “por ver si los
enfermos se toman la medicina prescrita por el médico de familia”. Esa
peregrina idea se le ha ocurrido al director general del Instituto de Mayores y
Servicios Sociales, César Antón Beltrán, palentino de nación. Ahora me gustaría
conocer la opinión al respecto de la ministra del repago Ana Mato. A mi
entender, esas cosas sucedían hace muchos años cuando el médico de cabecera era
un humanista, que conocía todos los miembros de una casa y que acudía al
domicilio de sus pacientes con un tensiómetro en una carterita de piel, un termómetro en el bolsillo y un fonendoscopio,
se sentaba en una silla de Vitoria frente al enfermo y, sin que nadie le dijera
nada, sabía cómo se encontraba de salud. Ya lo dijo Gregorio Marañón: “El
médico debe tener una silla para sentarse frente al enfermo y escuchar sus
tribulaciones”. Porque el médico no
tiene frente a sí un subordinado a sus decisiones, sino que es un copartícipe
de su pensamiento. Pero el farmacéutico, con todos los respetos, se limita a
expender específicos y hacer caja. Del enfermo sólo le interesa que éste no se
muera, para poder seguir expendiendo las medicinas que le prescribe por receta
el médico del Seguro. Para el farmacéutico, digo, el enfermo no es un paciente,
es un cliente. Y cuanto más enfermo se encuentre y más medicamentos necesite, miel
sobre hijuelas. César Antón, más que director general del Imserso parece el
padre Damián. Pero ni España es Molokai ni los titulares de las oficinas de
Farmacia están vocacionalmente preparados hacer obras de misericordia. Al
menos, los que yo conozco.jueves, 4 de septiembre de 2014
El giraldillo, por revoleras
Burgos llama “La Guapa” a la Giralda y “La Gorda” a la Torre del Oro. Hombre, don
Antonio, La Guapa
es guapa por méritos propios, y el giraldillo no vea. Ese tiene tela. Porque
Giralda, lo que se dice Giralda no es toda la torre que fotografían los turista
desde la calle Mateos Gago, don Francisco, canónigo y opuesto a las ideas
darwinistas y que hoy estira la raspa en
el Panteón de Sevillanos Ilustres. Su calle sirve de bocana al Barrio de Santa
Cruz, con su lunita plateada. Giralda, lo que se dice Giralda, es el último
tercio de la torre, que los otros dos tramos, mirados del suelo hacia arriba,
son el alminar de la vieja mezquita en la época almohade. Giralda, lo que se
dice Giralda, don Antonio, sólo es lo que va sobre el campanario, donde habitan
las manolas, o sea las 24 campanas, incluida la tinaja, que es esa bola dorada
sobre la que descansa el giraldillo, esa veleta de bronce que se mueve con las
hechuras de José Tomás frente al astifino de divisa verde y colorada de los Cebada
Gago. Y ya llevo escrito dos Gago sin que éste sea apellido sevillano. Antonio
Machado de Faria nos cuenta en su “Armorial Lusitano” que el apellido Gago ya
se usaba en el siglo XII en Portugal. Se le llama giraldillo porque gira según
sopla el aire. Lo de Giralda es sólo por extensión. La Gorda, don Antonio, sólo
parece gorda si se la mira desde el Paseo de Colón. Pero vista desde la orilla
del Guadalquivir, desde el Arenal, la cosa cambia. Sus dos cuerpos
dodecagonales y un tercero cilíndrico fueron hermanos de la Torre de la Plata, en el barrio de
Triana. Lo que le pasa a la
Torre del Oro, a La
Gorda, como usted la llama, es que lleva polisón atado a la
cintura para crear una figura más estrecha en su parte alta, como puede verse
en el escudo de Santander, donde aparece una gruesa cadena que la une por el
río Guadalquivir con la Torre
de la Plata
para servir de freno al avance de barcos enemigos. Y donde hay, también, una
carabela sobre unas aguas de mil rayas y las cabezas de san Emeterio y de san
Celedonio sobre un cielo muy azul. Eso
sí, en La Gorda
oro ya no queda. Se lo gastó Rodríguez de la Borbolla en una cena
pantagruélica por el Sena, Monteseirín construyendo setas en La Encarnación y el Tío
de la Mariscada
el día que decidió terminar con toda la producción de Pescanova.miércoles, 3 de septiembre de 2014
Llorando por las esquinas
Supongo que a la mayoría de los
españoles, en las actuales circunstancias por las que atraviesa el país, les
daría igual la supuesta separación matrimonial inminente de Juan Carlos de
Borbón y Sofía de Grecia, si hacemos
caso al periódico italiano La Repubblica o a Pilar
Eyre, que parece haber descubierto la pólvora, del mismo modo que a los
españoles nos trae al pairo que la revista “Hola” haya eliminado unas
transparencias de la blusa de Letizia en Mallorca, oscureciendo más aún su ya
oscura camiseta. El “photoshop” consigue milagros. A los españoles, digo, lo
que les interesa es otro tipo de transparencias que no acaban de producirse ni
existe interés en ello. De Isabel II se sabe hasta cuánto gasta en bolitas de
alcanfor. En España no se sabe nada sobre nada. ¿Acaso el CNI se enteró de la
que se nos venía encima antes de la masacre en Madrid el 11 de marzo de 2004? ¿Cómo
puede ser, por ejemplo, que el Tribunal de Cuentas no se haya enterado de los
chanchullos de Pujol, Marta Ferrusola y sus cinco hijos durante treinta años? Y
la Abogacía
del Estado, ¿estaba en la inopia? Y la Agencia Tributaria,
¿dónde tenía puestos sus ojos? Y si se enteró alguien, ¿a quién trasladó los
informes? Y el que lo supo, si es que alguna vez lo supo, ¿por qué no lo denunció
de inmediato? ¿Acaso esperó a que los presuntos casos delictivos prescribieran?
Demasiadas preguntas sin respuesta. Excesiva opacidad en un Estado de Derecho.
Montoro, ahora, anticipa un largo proceso fiscal y judicial contra Pujol y su
familia. Muy bien, y al final, ¿qué? Pues pasará lo mismo que pasó con Banca
Catalana, es decir, nada. En este país del bipartidismo. la mordida y la
indecencia, ha habido gobiernos que se han desentendido de forma expresa de
tremendas responsabilidades y han traspasado competencias al goteo a medida que
iban necesitando apoyos, tanto en investiduras de presidentes como a la hora de
sacar adelante leyes, algunas de lo más peregrinas, en el Congreso de los
Diputados, “sin cuestionarse -como recuerda hoy en un artículo de prensa
Juan M. Blanco- si tales traspasos beneficiaban a los ciudadanos, a los contribuyentes. Siempre con el único
objetivo de saciar los apetitos de las élites políticas”. Y ahora, ¿qué? Pues
nada, lo de siempre, a llorar por las esquinas, que es lo que viene en el guión.
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