jueves, 18 de septiembre de 2014

¡Menos mal que el verano se termina...!





El alcalde zaragozano Juan Alberto Belloch ha dicho hoy a los medios en una comparecencia de urgencia que no desea repetir como candidato a la Alcaldía. Entiende que “así se facilitará el proceso de primarias”. Ahora viene con el conocido cuento de que “hace mucho tiempo que tomó esa decisión”. ¿De qué me suena eso? En fin,  no voy a comentar sus luces y sombras ni tampoco la situación en la que deja las cuentas de la Expo 2008, de la primera línea del tranvía, de la expansión urbanística en el sur de la ciudad, del sindiós montado con el tema de las bicicletas por las aceras, del incremento de las terrazas de los bares que no dejan conciliar el sueño a los vecinos, ni de los aumentos tremendos en las tasas de basura y en el IBI. Que se largue de una vez y que le vaya bonito. El verano no termina hasta el día 23 de los corrientes 3, 4, 8 segundo piso ascensor. Las porteras y vecinas, digo las agencias comentan las bodas de oro de Constantino y Ana María y sobre la cena ofrecida ayer por los exreyes en el Museo de la Acrópolis de Atenas, donde estaba presente su hermana Sofía y donde, al parecer, se hicieron muchos selfies para el álbum familiar. Lo que parece increíble es que todavía el papel couché se hagan eco de ese tipo de noticias. El antiguo rey de los helenos, en la actualidad con pasaporte diplomático danés, residente en Londres hasta el año pasado y perteneciente a la Casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, está en el mismo rincón escondido de la Historia que los miembros de la Casa de Sajonia-Coburgo-Gota, o que los miembros de la Casa del  rey del cuento de “El enano saltarín”. Si hoy viviese Saturnino Calleja se haría de oro merced a ciertos pisaverdes de opereta, que portan uniformes llenos de medallas y entorchados pero que jamás dieron un palo al agua.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El milagro del mercadillo





Vicente  Verdú, en El País, cuenta hoy que “uno de los peores sufrimientos del verano no son los ruidos, los mosquitos o el calor, sino lo mal vestida que va la gente”. Cierto. Del prêt-à-porter, aquella moda de tres tamaños, pequeño, mediano y grande, producida en serie en función de la demanda, y de la frase de Adolfo Domínguez “la arruga es bella”, se ha pasado directamente a la compra de ropa en los mercadillos ambulantes, esos que se instalan en una explanada señalada por los ayuntamientos y donde aparecen dos días por semana unos tipos a bordo de sus respectivas fregonetas dispuestos a montar el chiringuito, o sea, unos esqueletos de varillas de hierro en los que cuelgan parchas con ropa para todos los gustos. Y por allí, al reclamo de sus ofertas: “¡Mire señora, que bragas tan bonitas, con aire acondicionao!”, “¡Dos al precio de una, guapa!, etc., aparecen amas de casa con los oropeles puestos; jubilados sin mejor cosa que hacer; cesantes de larga duración dispuestos a adquirir por un módico precio ese chándal que le exigen a su hijo en el colegio o el pantalón  color cagalita con cremalleras a mitad de la pierna y muchos bolsillos; o la pícnica dama rompedora en busca de un vestido “idéntico” al que lucía Mila Ximénez en el último programa de “Sálvame”  y que seguro dará el pego frente a las amigas, cuando se reúnen  en plan relaxing cup of café con leche en la plaza mayor del barrio tras haber dejado a los educandos aparcados en un colegio de frailes subvencionado. Nunca se vieron por las calles de las urbes tantos ancianos en pantalón de deporte, tantos parados con falsas etiquetas de adidas o de lacoste, ni tantas amas de casa con falsos bolsos de Luis Vuitton en bandolera. Es el signo de los tiempos.

martes, 16 de septiembre de 2014

Preocupación




Parece ser que el ministro Ruiz Gallardón lleva en la cabeza suprimir determinados partidos judiciales. Curiosamente, los ciudadanos de la Ciudad de doña Elvira, ante el peligro de que desaparezca el juzgado (en este caso único, de primera instancia e instrucción) y deje de ser cabeza de partido, han constituido una plataforma en defensa de la Justicia. Y entre los indignados se encuentran un  exalcalde, un expresidente de la Diputación Provincial (que bien podría ser ese exalcalde) el sindicato UGT y diversas asociaciones: de transportes, de fontaneros, el Consejo Regulador del queso y los  respectivos alcaldes de Távara (con “be” o con “uve”, que tanto da) y de Coreses. El sindicato UGT debería encomendarse a Pablo Iglesias ( no al de Podemos sino al otro, a ese ferrolano al que de niño le llamaban Paulino y que antes de morirse dejó en un cajón de su despacho un sobre con mil pesetas para ayuda al periódico “El Socialista”) para que no le abran la caja de Pandora de sus despachos, también los de CC.OO, por orden de ese juzgado,  como ha sucedido en Andalucía con el caso de los ERE falsos, y la Operación Heracles, donde la juez Ayala ha verificado un informe de la Guardia Civil por el que se cifró en 7’6 millones de euros el dinero transferido a entidades vinculadas directamente con ambos sindicatos entre los años 2000 y 2010. O que todo esté en orden, que también es posible. Pues bien, sobre la D.O “Queso zamorano” no tengo nada que decir, salvo que entre las ovejas churras y castellanas se encuentre alguna oveja de raza assaf, originaria de Israel y procedente del cruzamiento de una oveja Awassi y un macho de raza  Milschschaf, cuya leche no se puede utilizar en la confección quesera con esa Denominación de Origen. Desconozco el motivo sobre si la leche israelí es buena o mala. Eso habría que preguntárselo a los filisteos del ghetto de Gaza y a  la Autoridad Palestina, aunque presumo conocer la respuesta. Pero lo que más me asombra en esa protesta por la posible desaparición de los juzgados es el malestar causado entre la asociación de fontaneros. ¿Es que los toresanos no hacen frente al pago de sus facturas? No sé, no sé…   

lunes, 15 de septiembre de 2014

Del Comercio



Yo no sé si ahora pero hasta hace poco, cuando el dueño de una tienda de telas o de comestibles se moría en una ciudad de provincias, al día siguiente aparecía su esquela en el periódico local de un tamaño equivalente a la fortuna dejada, donde ponía “Fulano de Tal”, y debajo: “del Comercio”. Si las esquelas se incrustaban en el diario Abc, curiosamente todas ellas eran las correspondientes al número 3, o sea, de 96x151 mm. Parecía como si existiese un acuerdo tácito entre los comerciantes de pro. Ser comerciante era cosa importante en las ciudades cabecera de comarca. Allí acudían las gentes de los pueblos próximos para ir al médico especialista, al notario, al juzgado,  a adquirir el ajuar de una hija próxima a casarse, o una gabardina, o un traje príncipe de Gales. Ser “del Comercio” equivalía a tener capacidad de resolver dudas sobre cómo sentar las costuras con jaboncillo de sastre o coger dobladillos, y dar salida a pellizas, saltos de cama, guayaberas y trajes de primera comunión. Los comerciantes de antes eran gente muy seria, de fácil trato y que jamás echaban la persiana sin haber hecho arqueo de caja y sin haber consignado los movimientos diarios de la caja registradora en el libro copiador. Ayer murió Isidoro Álvarez, del Comercio. Sólo una semana antes había muerto Emilio Botín, del Dinero. Ambos tenían la misma edad, 79 años. El Banco de Santander, a través de Santander Consumer Finance, se había convertido en octubre del año pasado en el gran socio financiero de El Corte Inglés, al comprar el 51% de su financiera en 140 millones de euros. El mayor banco privado de España entraba en la mayor cadena de distribución. El beneficio era mutuo. El Corte Inglés dejaba de incluir en su contabilidad 1.500 millones en deuda de clientes, que no es poco, y el Banco de Santander se hacía con 10 millones de tarjetas y nueve millones de clientes de esos grandes almacenes. Hace sólo unos días había entrado de lleno en esos grandes almacenes como un elefante en una cacharrería, Manuel Pizarro, con cargo de adjunto a la Presidencia. Se anunciaba en los medios como la bomba. ¡Quietos paraos! Hasta hace poco, existía todo un lenguaje de las esquelas mortuorias, de la misma manera que existía el leguaje de las flores o el lenguaje de los abanicos. Así, cuando el fallecido era militar de carrera, bajo su nombre se ponía el grado que tenía antes de pasar al retiro o a la reserva. Pero si el uniformado era chusquero, bajo su nombre ponía  “militar”. De esa guisa, ningún lector podría hacer chascarrillos facilones ni rimas satíricas para saltar a la goma elástica; verbigracia: “Un teniente de la Escala de Reserva/ con la picha abría latas de conserva”, o sea. En fin, no hagamos bromas, que por menos estoy seguro que hubiese dimitido Azaña, que era muy suyo.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Cebollas




No tengo nada en contra de la cebolla de Fuentes de Ebro, con denominación de origen protegida. La producción de este año parece ser que superará los 4 millones de kilos y estoy seguro de que su recogida en el campo, y su posterior puesta en los mercados nacionales y extranjeros, ayudará a paliar de alguna manera el bache económico actual, con pocos visos de solución. Pero si les digo la verdad, a mí me gustan las cebollas de toda la vida,  las “grano de oro”, esas que hacen llorar cuando las picamos. Las cebollas de Fuentes de Ebro, con todos los respetos hacia los agricultores de esa zona aragonesa,  no me son de utilidad para confeccionar determinados platos. Hace pocos días las utilicé para hacer unos calamares en su tinta, que tanto me gustan cuando van acompañados de arroz blanco, al que antes de ponerlo en la mesa lo he lavado al grifo para quitarle buena parte de su almidón. El resultado fue que aquellos calamares tenían sabor dulce y la culpable de aquel dulzor, para mí nada agradable, era debida a la cebolla utilizada. Sucede algo parecido con la cebolla morada procedente de Italia y con la escalonia francesa. El gran cocinero Ángel Muro estaba convencido – y así lo dejó escrito en El practicón- de que “sin la cebolla no sería posible la cocina”. Y en su libro  enseña de un modo fácil cómo hacer sopa de cebolla, puré de cebolla, cebollas rellenas y cebollas asadas. Curiosamente, ese magnífico tratado de cocina no hace muchas referencias a la cebolla caramelizada ni a las morcillas de cebolla.  Tampoco me consta haber leído algo referente a la confitura de cebolla,  hoy debidamente envasada en frascos de cristal por la empresa murciana Hero  y a la venta en la mayoría de los supermercados. Deberé seguir buscando.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Pobres de solemnidad




Cuenta Moncho Alpuente hoy en el diario digital  “Público” algo que no deja de ser gracioso: el padre de Emilio Botín, el abuelo de Ana Patricia solía hacer caso omiso de una mendiga que le abordaba siempre a la salida de misa pidiendo una limosna “por Dios”. Un día la mendiga cambió la petición, “por Dios y por la Virgen” y el patriarca abrió su cartera y dijo: “con dos avalistas ya es otra cosa”. Ser pobre de solemnidad en este país es una cosa muy seria. Un pobre de solemnidad es un “pata negra” que no se coloca en cualquier esquina alargando la mano, no. Esas cosas las hacen los pedigüeños que dejan asomar una pierna mutilada a la puerta de una parroquia de barrio, un advenedizo del Este obligado a entregar la recaudación a la caterva mafiosa de la que forma parte, o los nuevos pobres, ya legión, que desconocen las artes de pedir sin que parezca que piden. Los pobres de solemnidad, los que ya tienen plaza en posesión y muchos trienios a sus espaldas, disponen de sitio fijo y de ahí no hay quien los mueva: ora la puerta  de un bingo, ora a la entrada de la catedral a la hora misa de doce... Da igual el tiempo que haga en el exterior. El pobre de solemnidad, si llueve o sopla el nordeste se refugia en la cafetería próxima donde sabe que, sin siquiera pedirlo, recibe del camarero de barra un bocadillo de calamares y un chato de vino peleón. Nunca lo pide. Suplicar una limosna a cambio de un “Dios se lo pague” es cosa de pobres de medio pelo. El pobre de solemnidad se pone muy digno a la puerta, como digo, y saluda respetuosamente a todo aquel que entra y sale con la única intención de que le devuelvan el saludo, que no es poco cuando se es sabedor de que los desheredados de la fortuna pareciera que fuesen de cristal, que nadie les mirase a la cara. Es como si no existieran. La mendiga que abordaba al viejo Botín no era una mendiga pata negra. De haberlo sido, sabría que los ricos son ricos porque no dan ni un celemín. Tendría que haberle dicho, en todo caso: “Buenos días, don Emilio, hoy hace un día espléndido”. Que para disfrutar de un hermoso día de sol no hace falta contar con dos avalistas.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Diadas, transplantes y mascletás





Transplantes de corazón aparte, como hoy escribe José Luis Trasobares en el periódico zaragozano del Grupo Z, “¡que los catalanes voten de un puta vez y así saldremos de dudas!”. Ya se sabe que un catalán puede llevar un corazón trasplantado de un sevillano, o viceversa. También de un lituano o de un señor de La Almunia de doña Godina. Lo que dijo ayer Mariano Rajoy es una auténtica chorrada. A los españoles, que apenas sabemos quién fue Felipe V, nos trae al pairo el tal Rafael Casanova, partidario del archiduque Carlos, que tomó el pendón de santa Eulalia en 1714. También, los homenajes florales que le rinde año tras año la Generalidad,  o que un tipo queme una bandera de no sé dónde. Si tanto quieren los catalanes a ese héroe romántico, que le pongan su estatua de bronce en un palco del  Camp Nou, como la tiene  Fernando Pessoa en un velador del café A Brasileira en el lisboeta barrio del Chiado. Así, entre gol y gol, entre penalti y fuera de banda, éstos podrían vitorearle y besarle hasta sacarle más brillo a su rostro en bronce que los niños zaragozanos al caballito de La Lonja. Y si no quieren que esté solo en el palco, que le hagan otra estatua a Antonio de Villarroel, que no hablaba catalán, y que los coloquen juntos, como si fuesen la pareja de la Guardia Civil en plaza de tercera sin enfermería. La Guerra de Sucesión no se acabará nunca en Cataluña mientras los catalanes tributen un raro culto de dulía a sus propios fantasmas del pasado. Pero, ¿de qué agravios hablan? Hombre, ya se sabe que Mateo Bruguera mitificó los hechos en su “Historia del memorable sitio y bloqueo de Barcelona y heroica defensa de sus fueros y privilegios de Cataluña de 1713 y 1714”. Por cierto, hace ahora un año, en su artículo “La falsa mitología de la Diada catalana” (diario Abc, 05/09/2013), Segi Doria, haciendo referencia a Agustí Calvet y la “exasperación falsa de la teoría romántica de las nacionalidades”, contaba que Gaziel (tal fue su pseudónimo) demandaba una historia renovada de Cataluña y “que se dejara para siempre de contar aquello que podría haber sido y no fue, para decirnos lo que ha sido y lo que es; así podríamos llegar, por fin, a ver claramente lo que puede ser”. Más claro, agua.