El alcalde zaragozano Juan Alberto Belloch ha dicho hoy a los
medios en una comparecencia de urgencia que no desea repetir como candidato a la Alcaldía. Entiende
que “así se facilitará el proceso de primarias”. Ahora viene con el conocido
cuento de que “hace mucho tiempo que tomó esa decisión”. ¿De qué me suena eso?
En fin, no voy a comentar sus luces y
sombras ni tampoco la situación en la que deja las cuentas de la Expo 2008, de la primera
línea del tranvía, de la expansión urbanística en el sur de la ciudad, del
sindiós montado con el tema de las bicicletas por las aceras, del incremento de
las terrazas de los bares que no dejan conciliar el sueño a los vecinos, ni de
los aumentos tremendos en las tasas de basura y en el IBI. Que se largue de una
vez y que le vaya bonito. El verano no termina hasta el día 23 de los
corrientes 3, 4, 8 segundo piso ascensor. Las porteras y vecinas, digo las
agencias comentan las bodas de oro de Constantino
y Ana María y sobre la cena ofrecida
ayer por los exreyes en el Museo de la Acrópolis de Atenas, donde estaba presente su
hermana Sofía y donde, al parecer,
se hicieron muchos selfies para el
álbum familiar. Lo que parece increíble es que todavía el papel couché se hagan
eco de ese tipo de noticias. El antiguo rey de los helenos, en la actualidad
con pasaporte diplomático danés, residente en Londres hasta el año pasado y
perteneciente a la Casa de
Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, está en el mismo rincón escondido
de la Historia
que los miembros de la Casa de Sajonia-Coburgo-Gota, o que los
miembros de la Casa del
rey del cuento de “El enano saltarín”. Si hoy viviese Saturnino Calleja se haría de oro
merced a ciertos pisaverdes de opereta, que portan uniformes llenos de medallas
y entorchados pero que jamás dieron un palo al agua. jueves, 18 de septiembre de 2014
¡Menos mal que el verano se termina...!
El alcalde zaragozano Juan Alberto Belloch ha dicho hoy a los
medios en una comparecencia de urgencia que no desea repetir como candidato a la Alcaldía. Entiende
que “así se facilitará el proceso de primarias”. Ahora viene con el conocido
cuento de que “hace mucho tiempo que tomó esa decisión”. ¿De qué me suena eso?
En fin, no voy a comentar sus luces y
sombras ni tampoco la situación en la que deja las cuentas de la Expo 2008, de la primera
línea del tranvía, de la expansión urbanística en el sur de la ciudad, del
sindiós montado con el tema de las bicicletas por las aceras, del incremento de
las terrazas de los bares que no dejan conciliar el sueño a los vecinos, ni de
los aumentos tremendos en las tasas de basura y en el IBI. Que se largue de una
vez y que le vaya bonito. El verano no termina hasta el día 23 de los
corrientes 3, 4, 8 segundo piso ascensor. Las porteras y vecinas, digo las
agencias comentan las bodas de oro de Constantino
y Ana María y sobre la cena ofrecida
ayer por los exreyes en el Museo de la Acrópolis de Atenas, donde estaba presente su
hermana Sofía y donde, al parecer,
se hicieron muchos selfies para el
álbum familiar. Lo que parece increíble es que todavía el papel couché se hagan
eco de ese tipo de noticias. El antiguo rey de los helenos, en la actualidad
con pasaporte diplomático danés, residente en Londres hasta el año pasado y
perteneciente a la Casa de
Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, está en el mismo rincón escondido
de la Historia
que los miembros de la Casa de Sajonia-Coburgo-Gota, o que los
miembros de la Casa del
rey del cuento de “El enano saltarín”. Si hoy viviese Saturnino Calleja se haría de oro
merced a ciertos pisaverdes de opereta, que portan uniformes llenos de medallas
y entorchados pero que jamás dieron un palo al agua. miércoles, 17 de septiembre de 2014
El milagro del mercadillo
Vicente Verdú, en El País, cuenta hoy que “uno de los
peores sufrimientos del verano no son los ruidos, los mosquitos o el calor,
sino lo mal vestida que va la gente”. Cierto. Del prêt-à-porter, aquella moda de tres tamaños, pequeño, mediano y
grande, producida en serie en función de la demanda, y de la frase de Adolfo Domínguez “la arruga es bella”, se ha pasado directamente a la compra de ropa
en los mercadillos ambulantes, esos que se instalan en una explanada señalada
por los ayuntamientos y donde aparecen dos días por semana unos tipos a bordo
de sus respectivas fregonetas dispuestos
a montar el chiringuito, o sea, unos
esqueletos de varillas de hierro en los que cuelgan parchas con ropa para todos
los gustos. Y por allí, al reclamo de sus ofertas: “¡Mire señora, que bragas
tan bonitas, con aire acondicionao!”, “¡Dos al precio de una, guapa!, etc., aparecen
amas de casa con los oropeles puestos; jubilados sin mejor cosa que hacer;
cesantes de larga duración dispuestos a adquirir por un módico precio ese
chándal que le exigen a su hijo en el colegio o el pantalón color cagalita
con cremalleras a mitad de la pierna y muchos bolsillos; o la pícnica dama
rompedora en busca de un vestido “idéntico” al que lucía Mila Ximénez en el último programa de “Sálvame” y que seguro dará el pego frente a las amigas, cuando se
reúnen en plan relaxing cup of café con
leche en la plaza
mayor del barrio tras haber dejado a los educandos aparcados en un colegio de
frailes subvencionado. Nunca se vieron por las calles de las urbes tantos
ancianos en pantalón de deporte, tantos parados con falsas etiquetas de adidas o de lacoste, ni tantas amas
de casa con falsos bolsos de Luis
Vuitton en bandolera. Es el
signo de los tiempos. martes, 16 de septiembre de 2014
Preocupación
Parece ser que el ministro Ruiz Gallardón lleva en la cabeza
suprimir determinados partidos judiciales. Curiosamente, los ciudadanos de la Ciudad de doña Elvira, ante
el peligro de que desaparezca el juzgado (en este caso único, de primera instancia
e instrucción) y deje de ser cabeza de partido, han constituido una plataforma
en defensa de la Justicia. Y
entre los indignados se encuentran un
exalcalde, un expresidente de la Diputación Provincial
(que bien podría ser ese exalcalde) el sindicato UGT y diversas asociaciones:
de transportes, de fontaneros, el Consejo Regulador del queso y los respectivos alcaldes de Távara (con “be” o
con “uve”, que tanto da) y de Coreses. El sindicato UGT debería encomendarse a Pablo Iglesias ( no al de Podemos sino
al otro, a ese ferrolano al que de niño le llamaban Paulino y que antes de morirse dejó en un cajón de su despacho un
sobre con mil pesetas para ayuda al periódico “El Socialista”) para que no le
abran la caja de Pandora de sus despachos, también los de CC.OO, por orden de
ese juzgado, como ha sucedido en
Andalucía con el caso de los ERE falsos, y la Operación Heracles,
donde la juez Ayala ha verificado un
informe de la Guardia Civil
por el que se cifró en 7’6 millones de euros el dinero transferido a entidades
vinculadas directamente con ambos sindicatos entre los años 2000 y 2010. O que
todo esté en orden, que también es posible. Pues bien, sobre la D.O “Queso zamorano” no tengo
nada que decir, salvo que entre las ovejas churras y castellanas se encuentre
alguna oveja de raza assaf, originaria de Israel y procedente del cruzamiento
de una oveja Awassi y un macho de raza
Milschschaf, cuya leche no se puede utilizar en la confección quesera
con esa Denominación de Origen. Desconozco el motivo sobre si la leche israelí
es buena o mala. Eso habría que preguntárselo a los filisteos del ghetto de
Gaza y a la Autoridad Palestina,
aunque presumo conocer la respuesta. Pero lo que más me asombra en esa protesta
por la posible desaparición de los juzgados es el malestar causado entre la
asociación de fontaneros. ¿Es que los toresanos no hacen frente al pago de sus
facturas? No sé, no sé… lunes, 15 de septiembre de 2014
Del Comercio
Yo no sé si ahora pero hasta hace
poco, cuando el dueño de una tienda de telas o de comestibles se moría en una
ciudad de provincias, al día siguiente aparecía su esquela en el periódico
local de un tamaño equivalente a la fortuna dejada, donde ponía “Fulano de
Tal”, y debajo: “del Comercio”. Si las esquelas se incrustaban en el diario Abc, curiosamente todas ellas eran las
correspondientes al número 3, o sea,
de 96x151 mm. Parecía como si existiese un acuerdo tácito entre los comerciantes
de pro. Ser comerciante era cosa importante en las ciudades cabecera de
comarca. Allí acudían las gentes de los pueblos próximos para ir al médico
especialista, al notario, al juzgado, a
adquirir el ajuar de una hija próxima a casarse, o una gabardina, o un traje príncipe de Gales. Ser “del Comercio”
equivalía a tener capacidad de resolver dudas sobre cómo sentar las costuras
con jaboncillo de sastre o coger dobladillos, y dar salida a pellizas, saltos
de cama, guayaberas y trajes de primera comunión. Los comerciantes de antes
eran gente muy seria, de fácil trato y que jamás echaban la persiana sin haber
hecho arqueo de caja y sin haber consignado los movimientos diarios de la caja
registradora en el libro copiador. Ayer murió Isidoro Álvarez, del Comercio. Sólo una semana antes había muerto Emilio Botín, del Dinero. Ambos tenían
la misma edad, 79 años. El Banco de Santander, a través de Santander Consumer Finance, se había convertido en octubre del año
pasado en el gran socio financiero de El Corte Inglés, al comprar el 51% de su
financiera en 140 millones de euros. El mayor banco privado de España entraba en la mayor cadena de distribución. El beneficio era mutuo. El Corte
Inglés dejaba de incluir en su contabilidad 1.500 millones en deuda de clientes,
que no es poco, y el Banco de Santander se hacía con 10 millones de tarjetas y
nueve millones de clientes de esos grandes almacenes. Hace sólo unos días
había entrado de lleno en esos grandes almacenes como un elefante en una
cacharrería, Manuel Pizarro, con
cargo de adjunto a la
Presidencia. Se anunciaba en los medios como la bomba.
¡Quietos paraos! Hasta hace poco, existía todo un lenguaje de las esquelas
mortuorias, de la misma manera que existía el leguaje de las flores o el
lenguaje de los abanicos. Así, cuando el fallecido era militar de carrera, bajo
su nombre se ponía el grado que tenía antes de pasar al retiro o a la reserva.
Pero si el uniformado era chusquero, bajo su nombre ponía “militar”. De esa
guisa, ningún lector podría hacer chascarrillos facilones ni rimas satíricas
para saltar a la goma elástica; verbigracia: “Un teniente de la Escala de Reserva/ con la
picha abría latas de conserva”, o sea. En fin, no hagamos bromas, que por menos
estoy seguro que hubiese dimitido Azaña,
que era muy suyo.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Cebollas
No tengo nada en contra de la
cebolla de Fuentes de Ebro, con denominación de origen protegida. La producción
de este año parece ser que superará los 4 millones de kilos y estoy seguro de
que su recogida en el campo, y su posterior puesta en los mercados nacionales y
extranjeros, ayudará a paliar de alguna manera el bache económico actual, con
pocos visos de solución. Pero si les digo la verdad, a mí me gustan las
cebollas de toda la vida, las “grano de
oro”, esas que hacen llorar cuando las picamos. Las cebollas de Fuentes de
Ebro, con todos los respetos hacia los agricultores de esa zona aragonesa, no me son de utilidad para confeccionar
determinados platos. Hace pocos días las utilicé para hacer unos calamares en
su tinta, que tanto me gustan cuando van acompañados de arroz blanco, al que
antes de ponerlo en la mesa lo he lavado al grifo para quitarle buena parte de
su almidón. El resultado fue que aquellos calamares tenían sabor dulce y la
culpable de aquel dulzor, para mí nada agradable, era debida a la cebolla
utilizada. Sucede algo parecido con la cebolla morada procedente de Italia y
con la escalonia francesa. El gran cocinero Ángel Muro estaba convencido – y así lo dejó escrito en El practicón- de que “sin la cebolla no
sería posible la cocina”. Y en su libro
enseña de un modo fácil cómo hacer sopa de cebolla, puré de cebolla,
cebollas rellenas y cebollas asadas. Curiosamente, ese magnífico tratado de
cocina no hace muchas referencias a la cebolla caramelizada ni a las morcillas
de cebolla. Tampoco me consta haber
leído algo referente a la confitura de cebolla,
hoy debidamente envasada en frascos de cristal por la empresa murciana Hero y a la venta en la mayoría de los
supermercados. Deberé seguir buscando.
sábado, 13 de septiembre de 2014
Pobres de solemnidad
Cuenta Moncho Alpuente hoy en el diario digital “Público” algo que no deja de ser gracioso: el padre de Emilio Botín, el abuelo de Ana
Patricia solía hacer caso omiso de una mendiga que le abordaba siempre a la
salida de misa pidiendo una limosna “por Dios”. Un día la mendiga cambió la
petición, “por Dios y por la
Virgen” y el patriarca abrió su cartera y dijo: “con dos
avalistas ya es otra cosa”. Ser pobre de solemnidad en este país es una
cosa muy seria. Un pobre de solemnidad es un “pata negra” que no se coloca en
cualquier esquina alargando la mano, no. Esas cosas las hacen los pedigüeños
que dejan asomar una pierna mutilada a la puerta de una parroquia de barrio,
un advenedizo del Este obligado a entregar la recaudación a la caterva mafiosa
de la que forma parte, o los nuevos pobres, ya legión, que desconocen las artes
de pedir sin que parezca que piden. Los pobres de solemnidad, los que ya tienen
plaza en posesión y muchos trienios a sus espaldas, disponen de sitio fijo y de
ahí no hay quien los mueva: ora la puerta de un bingo, ora a la entrada de la catedral a
la hora misa de doce... Da igual el tiempo que haga en el exterior. El pobre de
solemnidad, si llueve o sopla el nordeste se refugia en la cafetería próxima
donde sabe que, sin siquiera pedirlo, recibe del camarero de barra un bocadillo
de calamares y un chato de vino peleón. Nunca lo pide. Suplicar una limosna a
cambio de un “Dios se lo pague” es cosa de pobres de medio pelo. El pobre de
solemnidad se pone muy digno a la puerta, como digo, y saluda respetuosamente a
todo aquel que entra y sale con la única intención de que le devuelvan el saludo,
que no es poco cuando se es sabedor de que los desheredados de la fortuna
pareciera que fuesen de cristal, que nadie les mirase a la cara. Es como si no
existieran. La mendiga que abordaba al viejo Botín no era una mendiga pata
negra. De haberlo sido, sabría que los ricos son ricos porque no dan ni un
celemín. Tendría que haberle dicho, en todo caso: “Buenos días, don Emilio, hoy
hace un día espléndido”. Que para disfrutar de un hermoso día de sol no hace
falta contar con dos avalistas.
viernes, 12 de septiembre de 2014
Diadas, transplantes y mascletás
Transplantes de corazón aparte,
como hoy escribe José Luis Trasobares
en el periódico zaragozano del Grupo Z, “¡que
los catalanes voten de un puta vez y así saldremos de dudas!”. Ya se sabe
que un catalán puede llevar un corazón trasplantado de un sevillano, o
viceversa. También de un lituano o de un señor de La Almunia de doña Godina. Lo
que dijo ayer Mariano Rajoy es una
auténtica chorrada. A los españoles, que apenas sabemos quién fue Felipe V, nos trae al pairo el tal Rafael Casanova, partidario del archiduque Carlos, que tomó el pendón
de santa Eulalia en 1714. También,
los homenajes florales que le rinde año tras año la Generalidad, o que un tipo queme una bandera de no sé
dónde. Si tanto quieren los catalanes a ese héroe romántico, que le pongan su
estatua de bronce en un palco del Camp Nou, como la tiene Fernando
Pessoa en un velador del café A
Brasileira en el lisboeta barrio del Chiado. Así, entre gol y gol, entre
penalti y fuera de banda, éstos podrían vitorearle y besarle hasta sacarle más
brillo a su rostro en bronce que los niños zaragozanos al caballito de La Lonja. Y si no quieren
que esté solo en el palco, que le hagan otra estatua a Antonio de Villarroel, que no hablaba catalán, y que los coloquen
juntos, como si fuesen la pareja de la Guardia
Civil en plaza de tercera sin enfermería. La Guerra de Sucesión no se
acabará nunca en Cataluña mientras los catalanes tributen un raro culto de
dulía a sus propios fantasmas del pasado. Pero, ¿de qué agravios hablan?
Hombre, ya se sabe que Mateo Bruguera
mitificó los hechos en su “Historia del
memorable sitio y bloqueo de Barcelona y heroica defensa de sus fueros y
privilegios de Cataluña de 1713 y 1714”.
Por cierto, hace ahora un año, en su artículo “La falsa mitología de la
Diada catalana” (diario Abc, 05/09/2013), Segi Doria,
haciendo referencia a Agustí Calvet
y la “exasperación falsa de la teoría romántica de las nacionalidades”, contaba
que Gaziel (tal fue su pseudónimo)
demandaba una historia renovada de Cataluña y “que se dejara para siempre de contar aquello que podría haber sido y
no fue, para decirnos lo que ha sido y lo que es; así podríamos llegar, por
fin, a ver claramente lo que puede ser”. Más claro, agua.
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