De entre las cosas más insólitas que he leído en la prensa últimamente destaco algo que hoy comenta un diario local aragonés con respecto a las apariciones marianas: “La Virgen en Lourdes en 1858 habló en aragonés”, según ha afirmado el etnomusicólogo francés Jean Jacques Castélet. En todo caso, la Virgen María hablaría en el dialecto local del occitano conocido como patois gascón (o bigurdán), que era la lengua materna de Bernadette Soubirous y de sus hermanos. Un siglo más tarde, en 1958, cuentan que se volvió a aparecer la Virgen en la cueva de san José a ocho niños en un barranco diminuto de Jorcas, pueblo turolense. La prensa de entonces se refirió al “Lourdes español”. De aquellos niños, uno de ellos, Miguel Izquierdo fue a una fuente cercana para llenar dos botijos de agua, sobre las 14 horas. Era el 6 de junio. Subió corriendo y contó a su madre que se le había aparecido alguien. Describió a una niña de muy corta estatura, resplandeciente, con una mano junto al corazón y la otra sosteniendo‘una cosa redonda, como una pelotica’. Se cubría aquella aparente niña -según relató- con un vestido azul. El diario ABC se hizo eco del suceso que acababa de aparecer en el diario de la cadena del Movimiento Lucha (hoy Diario de Teruel) y envió a Luis de Castresana para que diese cuenta del supuesto milagro. Pero antes de aquella fecha hubo otras apariciones. La última se había producido el 27 de mayo de 1945 en La Codosera (Badajoz). Marcelina Barroso vio un bulto en lo alto de un castaño y, al acercarse, vio a una mujer bellísima envuelta en un manto negro, con la cara sumida en el dolor. Fueron solo unos segundos. Ocho días después, la imagen se le apareció de nuevo y le pidió que acudiera al mismo lugar en compañía de otras personas que pudieran compartir la supuesta visión. Una década después, se produjo otra aparición en La Puebla del Río (Sevilla) protagonizada en aquella ocasión por un solo niño de diez años que, desde 1968 hasta 1975, experimentó una serie de encuentros no solo con la Virgen con su Hijo en brazos. Por mandato de la Virgen, según afirmó el zagal, pidió a sus padres que comprasen los terrenos donde se sucedieron los encuentros y construyeran un santuario, que todavía hoy sigue abierto a los pobres. Hubo otras apariciones: en Garabandal (Cantabria, 1961-1965) y en El Escorial (Madrid, desde 1981). En Garabandal, protagonizada por cuatro niñas, destacaron los mensajes de conversión y las profecías, mientras que El Escorial, con Luz Amparo Cuevas como protagonista, se centró en la Virgen de los Dolores. Ninguna de ellas ha tenido el reconocimiento oficial definitivo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, siendo muy cautelosa con esas supuestas apariciones que, desde la Revolución Francesa, parecen multiplicarse. Algunos científicos abrigan la idea de que ciertos individuos que experimentan apariciones marianas o de otra índole podrían padecer trastornos neurológicos, como la epilepsia del lóbulo temporal. Este trastorno puede provocar episodios de alteraciones sensoriales y emocionales, como visiones, sensaciones de éxtasis o experiencias místicas. Los casos de Teresa de Cepeda o de Faustina Kowalska son de libro. Ahí lo dejo. Que cada uno piense lo que quiera.
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