Según leo en los papeles, una pareja se enfrentó de malas maneras a dos agentes de la Policía Nacional porque el coche patrulla aparcado les estropeaba una foto de la Catedral de León. “Eran las 01.45 de la madrugada del día 22 de octubre de 2023, -cuenta Diario de León- cuando un varón se dirigió a dos agentes de la Policía Nacional diciéndoles que retirasen el vehículo policial de donde estaba estacionado porque le molestaba para realizar una fotografía”. El resultado final es que la pareja ha sido condenada a sendas penas de siete meses de prisión por tres delitos de atentado a agentes de la Autoridad por la Sala 1 de la Sección de lo Penal del Tribunal de Instancia de León. Solo se me ocurre la frase “Tié q’haber gente pa’tó”, atribuida al torero Rafael Gómez Ortega, “El Gallo” cuando Cossío le presentó a Ortega, diciendo sobre él que era filósofo. Sin embargo, Pedro Salinas, en su ensayo “La gran cabeza del turco o minoría literaria” en la revista mejicana ‘Cuadernos americanos’ (en dos entregas aparecidas en 1945 y 1946) cuenta esa anécdota con otros matices y referidas al torero Rafael Molina Sánchez, “Lagartijo”. Tal afirmación conduce a la duda, considerando que Lagartijo murió el 1 de agosto de 1900, cuando Ortega solo tenía diecisiete años. Fue un torero al que le tocó la lotería el día de su fallecimiento con el número 19, al que estaba abonado. El décimo apareció en el traje con el que le amortajaron, según contó su cochero, Manuel Franco, “El Finito” en la revista El Ruedo. Pegar a los guardias queda feo, no cabe duda, aunque ganas me dieron en cierta ocasión de darle un guantazo a una dama en un cine donde proyectaban la película “El último tren a Gun Hill”, un film interesante donde el sheriff Matt Morgan juró detener al asesino de su esposa, y logró su objetivo marchando en el convoy de las nueve con Rick Belden (hijo del asesino muerto) detenido. La razón por la que quise darle un guantazo a la dama que tenía en la butaca delantera, como digo, fue por culpa de su enorme pamela que me impedía ver parte de la pantalla. Era un sombrero con un torrente de plumas de gavilán y una anchura de las alas que le abarcaba de hombro a hombro, como aquellos elegantes sombreros de ‘Maison Lewis’, de París que aparecían en La Esfera, revista semanal ilustrada y de información general dirigida por Ricardo verdugo, que dejó de publicarse en 1931. Conservo ejemplares encuadernados. Pero me contuve. Pegarle a una dama queda feo, como darle a un soplamocos a un sacristán o administrarle una colleja al que me pisa un callo del pie bailando una milonga, que ganas no me faltan, porque yo me considero un caballero español, como dice un cursi zangolotino ‘pisaverde" en la “Mazurca de las sombrillas” (en el segundo acto de la zarzuela “Luisa Fernanda”), cuando una damisela le espeta: “¡Ay, qué zaragatero es usted!”. Aquí lo dejo para no aburrir al lector, siendo consciente de que me he marchado caminando ligero de equipaje por los cerros de san Paterno y de santa Bárbara, en los andurriales de Bámbola. En fin, mañana es jueves y el viernes llega volando.
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