
Yo nunca entendí el empeño de mi abuela de que comulgase los primeros viernes de mes, algo que
siempre queda señalado y recordado en la hoja del ‘taco’ de los jesuitas de
Bilbao que tengo colgado mi cuarto. Como digo, nunca entendí aquel
fervor de mi abuela, de misa diaria, y la insistencia en que sus nietos cumplieran
con un ‘precepto’ que nunca supe quién lo había sacado de la manga. ¿Por qué los
primeros viernes y no los martes o los lunes? Debo decir que personalmente jamás seguí los consejos de mi
abuela en ese aspecto. Ya desde niño me sentí agnóstico y con el tiempo me convertí en dogmatófago, como don Pío Baroja. Pero aquella obcecación
casi enfermiza de mi abuela la entendí de alguna manera años más tarde leyendo algo sobre la
biografía de Margarita María de Alacoque, monja de la Orden de la Visitación en Paray-le-Monial, en Borgoña, importante
lugar de peregrinación desde finales del siglo XVII, y cuya fiesta celebra hoy la Iglesia católica.
Parece ser que aquella religiosa tuvo tres supuestas apariciones en las que recibió
sendos mensajes, dando lugar a que en vida difundiera la devoción al Sagrado
Corazón de Jesús y custodiase las doce promesas y “la petición de comulgar
lo más a menudo
posible, especialmente el primer viernes de cada mes”. Lo cierto es que recuerdo
haber visto en muchas casas, siendo niño, un trono donde estaba sentado Jesucristo
enseñando aquella víscera de fibra lisa. También supe que durante la Guerra Civil muchos soldados rebeldes
guardaban celosamente una estampa del Corazón de Jesús, conocido como “detente bala”, un pequeño escapulario que los
requetés carlistas llevaban cosido en la camisa sobre el lado izquierdo del
pecho a la altura del corazón (que no se encuentra a la izquierda del tórax sino en el centro) en la creencia de que aquel fetiche les
protegía de las balas enemigas durante los combates. Lo cierto es que, con
escapulario o si él, caían como moscas. Por algo se decía aquello de “alférez provisional, cadáver efectivo”.
Ya he contado alguna vez que el origen de aquel parche se remonta a la Primera Guerra Carlista, cuando se cantaba la 'Jota mandilona', y cuando uno de
los primeros cuatro batallones carlistas que se formaron en Navarra recibió el
apodo de requeté por una tonada que cantaban antes de entrar en combate, que
decía: “Tápate soldado, tápate, que se te
ve el requeté”. El término se refería a la retambufa del soldado, que quedaba
al descubierto por el mal estado de su vestimenta. Los del batallón requeté
tomaron a bien esta burla y la convirtieron en su distintivo. Debido a su
bravura y arrojo, se ganó el favor del general Zumalacárregui y el respeto de los demás batallones carlistas, que
adoptaron su nombre y su canción. Por terminar, Margarita encontró un aliado,
el jesuita Claudio de la Colombière (beatificado por Pío XI
en 1929), quien reconoció de inmediato la autenticidad sobrenatural de sus
vivencias místicas. Al cambiar la hoja del ‘taco’ he visto el “menú” con el santoral del día y el recordatorio
de que, al ser viernes, también es día de abstinencia, tal como recoge el Código de
Derecho Canónico en sus cánones
1250 y 1251. Roma locuta est,
causa finita est. Pues nada, hoy, como mandan los cánones, toca comida de hospital.
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