viernes, 16 de octubre de 2026

Leyendo el 'taco'

 

 

Yo nunca entendí el empeño de mi abuela de que comulgase los primeros viernes de mes, algo que siempre queda señalado y recordado en la hoja del ‘taco’ de los jesuitas de Bilbao que  tengo colgado mi cuarto. Como digo, nunca entendí aquel fervor de mi abuela, de misa diaria, y la insistencia en que sus nietos cumplieran con un ‘precepto’ que nunca supe quién lo había sacado de la manga. ¿Por qué los primeros viernes y no los martes o los lunes? Debo decir que personalmente jamás seguí los consejos de mi abuela en ese aspecto. Ya desde niño me sentí agnóstico y con el tiempo me convertí en dogmatófago, como don Pío Baroja. Pero aquella obcecación casi enfermiza de mi abuela la entendí de alguna manera años más tarde leyendo algo sobre la biografía de Margarita María de Alacoque, monja de la Orden de la Visitación en Paray-le-Monial, en Borgoña, importante lugar de peregrinación desde finales del siglo XVII, y cuya fiesta celebra hoy la Iglesia católica. Parece ser que aquella religiosa tuvo tres supuestas apariciones en las que recibió sendos mensajes, dando lugar a que en vida difundiera la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y custodiase las doce promesas y “la petición de comulgar lo más a menudo posible, especialmente el primer viernes de cada mes”. Lo cierto es que recuerdo haber visto en muchas casas, siendo niño, un trono donde estaba sentado Jesucristo enseñando aquella víscera de fibra lisa. También supe que durante la Guerra Civil muchos soldados rebeldes guardaban celosamente una estampa del Corazón de Jesús,  conocido como “detente bala”, un pequeño escapulario que los requetés carlistas llevaban cosido en la camisa sobre el lado izquierdo del pecho a la altura del corazón (que no se encuentra a la izquierda del tórax sino en el centro) en la creencia de que aquel fetiche les protegía de las balas enemigas durante los combates. Lo cierto es que, con escapulario o si él, caían como moscas. Por algo se decía aquello de “alférez provisional, cadáver efectivo”. Ya he contado alguna vez que el origen de aquel parche se remonta a la Primera Guerra Carlista, cuando se cantaba la 'Jota mandilona', y cuando uno de los primeros cuatro batallones carlistas que se formaron en Navarra recibió el apodo de requeté por una tonada que cantaban antes de entrar en combate, que decía: “Tápate soldado, tápate, que se te ve el requeté”. El término se refería a la retambufa del soldado, que quedaba al descubierto por el mal estado de su vestimenta. Los del batallón requeté tomaron a bien esta burla y la convirtieron en su distintivo. Debido a su bravura y arrojo, se ganó el favor del general Zumalacárregui y el respeto de los demás batallones carlistas, que adoptaron su nombre y su canción. Por terminar, Margarita encontró un aliado, el jesuita Claudio de la Colombière (beatificado por Pío XI en 1929), quien reconoció de inmediato la autenticidad sobrenatural de sus vivencias místicas. Al cambiar la hoja del ‘taco’ he visto el “menú” con el santoral del día y el recordatorio de que, al ser viernes, también es día de abstinencia, tal como recoge el Código de Derecho Canónico en sus cánones 1250 y 1251. Roma locuta est, causa finita est. Pues nada, hoy, como mandan los cánones, toca comida de hospital.

 

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