jueves, 15 de octubre de 2026

"Ocurrencias"

 

 

Me entero de que, en 1974, el archiduque austriaco Andrés Salvador de Habsburgo-Lorena y Salm-Salm, nieto del emperador Francisco José y de Elizabeth, tuvo la ‘ocurrencia’ de importar 500 kilos de agresivos cangrejos americanos (hoy denominados como cangrejos de las Marismas) en España; y después de que sobrevivieran unos 7.000 ejemplares fueron liberados en La Puebla del Río, lo que dio lugar a la casi desaparición de los cangrejos autóctonos y a crear un problema ambiental descontrolado. Por aquellos días se dijo que era importante desarrollar su cría y explotación comercial, pero se consiguió dañar los arrozales y  casi terminar con los cangrejos autóctonos. Por otra parte, esos cangrejos transmiten enfermedades como la afanomicosis, causada por el hongo ‘Aphanomyces astaci’, que afectó gravemente a poblaciones de cangrejos de ríos europeos. En una entrevista de Julia Sáez-Angulo en la revista EMG (05/05/2016), a la pregunta de “¿Cómo contempla las decisiones que se han tomado en España respecto a un cangrejo rojo?”, la respuesta del austriaco fue la siguiente: “Las decisiones tomadas de las autoridades competentes [en España] son coherentes. Se protegió la especie autóctona y se permitió la importación del cangrejo americano para suplir la desaparición de la anguila de la mayoría de los estuarios del Atlántico, sobre todo en una zona carente de población de decápodos de la especie cangrejo de río como en la Isla Mayor”. De hecho, la captura y comercialización del cangrejo rojo americano impulsó durante décadas la economía de muchos pueblos, entre ellos Isla Mayor (Sevilla), hasta el año 2000 llamada Villafranco del Guadalquivir. Para el que lo desconozca,  aquel pueblo nació en el siglo XX debido a la colonización de las marismas del Guadalquivir y al cultivo del arroz, logrando su independencia municipal de La Puebla del Río en 1994. Su comercialización llegó a generar unos 20 millones de euros por temporada y a involucrar a una parte importante de sus habitantes. Pero los resultados fueron catastróficos para el medio ambiente. Por si ello fuera poco, aquel mismo año (1974) un  pescador alemán tuvo otras ‘ocurrencia’: soltar siluros en el pantano de Mequinenza para promover la pesca deportiva, rompiendo el equilibrio de los ecosistemas fluviales. El siluro es un gran depredador oportunista del río Danubio que se alimenta de peces autóctonos, aves acuáticas y pequeños mamíferos, alterando gravemente los ecosistemas locales. Y otra gran preocupación se encuentra en la expansión imparable del mejillón-cebra, aparecido por primera vez en el embalse de Sichar (Valencia) en 2005.  Su acumulación puede llegar a taponar vías de paso del agua, como las que conectan los embalses con las centrales hidroeléctricas o plantas potabilizadoras, e incluso en trasvases de agua. Nadie sabe cómo llegó a España esa especie de molusco incomible procedente de los mares Negro, Caspio y Azov, se supone que adherido al casco de un buque. Hay que tocar madera cuando alguien tiene una ‘ocurrencia’ y desea ponerla en práctica sin calibrar sus resultados. Recuerden cuando alguien con menos neuronas que un sapo tuvo la ‘ocurrencia’ de comercializar aceite desnaturalizado de colza; o la pretensión de fabricar una bomba atómica, como aquella "ocurrencia" fallida de Franco, que fue como un remedo insensato de los “grandes inventos del doctor Franz de Copenhague”.

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