
Aquella frase
enmarcada y colgada en algunas paredes de viejas tabernas durante el periodo franquista,“Prohibido, cantar, blasfemar y ser grandón”,
nunca se explicaron de forma que todo el mundo pudiese entenderla. Sobre
blasfemar sobran las palabras. El control de la moral religiosa imperante en
España no lo permitía. Sobre cantar, parecía necesario evitar que la clientela
entonara canciones que pudieran generar exaltación o problemas de orden público
por el doble sentido de tonadas, en muchos casos soeces, procaces y licenciosas,
o de algunas cantinelas como, verbigracia: “En
el culo te pinto un loro con jaula y todo, kirieleisón…”, considerando que
para algunos cursillistas de Cristiandad, caballeros de la Virgen del Pilar o
meapilas de diversa condición se tratase con mofa una de las plegarias más antiguas de la liturgia
cristiana, que forma parte del canto en la misa, en los entierros y en los
oficios de difuntos donde los gorigoris están a la altura de la canción del
verano. Solo le supera el Miserere, o
sea, la
primera palabra del Salmo 51, que no debe confundirse
con el ‘cólico miserere’, término
antiguo para definir una oclusión intestinal grave o peritonitis aguda,
que casi siempre llevaban a hincar el pico. El Miserere es, como digo, una de las cantinelas más antiguas del
canto gregoriano. La excepción se producía, por no haber regla sin excepción,
en las ventas andaluzas de la periferia de las ciudades, donde la vigilancia de la Autoridad solía
hacer la vista gorda por aliviar un poco las restricciones de aquel régimen
autárquico. Lo de ser grandón ya es distinto, habría que
matizarlo en profundidad, como dicen los cursis. Hacía referencia a esos tipos
jactanciosos que en Asturias nunca eran bienvenidos en los chigres (sidrerías)
por armar marimorenas. Los dueños les prohibían la entrada a fin de asegurar un
ambiente relajado entre la clientela a la hora de tomar unos chatos de vino o
unas‘sidrinas’ en buena armonía. Para el que lo desconozca, la palabra chigre proviene de Langreo y hace referencia
al adminículo que se empleaba para quitar el corcho a las botellas de sidra. Se
trata de un cilindro en el que un manubrio hacía de palanca para enrollar un
cable y arrastrar aquello que se deseaba mover. El chigre es bable, asturiano
fetén, y desde 1947 el término forma parte del Diccionario de RAE, que lo define como una ‘tienda donde se vende sidra u otras bebidas al por menor’. Parece
ser que hasta Franco sabía del
oficio de chigreros (aquellos obreros que manejaban poleas para los amarres, llamados chigres) en las minas. Recomendó a su secretario
político, Luis Carrero Blanco, reclutar a ciertos chigreros ‘soplones’ de las
cuencas mineras para conocer qué pensaban los mineros sobre el Régimen, o
cuándo tenían previsto convocar una huelga indefinida y cantar eso de "En el pozo Maria Luisa, tra lará lará...".
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