lunes, 17 de agosto de 2026

Sobre chigres y chigreros

 El Blog de Acebedo: Los complejos rasgos de "originalidad" de las «tascas,  chigres y tabernas» en siglos pasados

 

Aquella frase enmarcada y colgada en algunas paredes de viejas tabernas durante el periodo franquista,“Prohibido, cantar, blasfemar y ser grandón”, nunca se explicaron de forma que todo el mundo pudiese entenderla. Sobre blasfemar sobran las palabras. El control de la moral religiosa imperante en España no lo permitía. Sobre cantar, parecía necesario evitar que la clientela entonara canciones que pudieran generar exaltación o problemas de orden público por el doble sentido de tonadas, en muchos casos soeces, procaces y licenciosas, o de algunas cantinelas como, verbigracia: “En el culo te pinto un loro con jaula y todo, kirieleisón…”, considerando que para algunos cursillistas de Cristiandad, caballeros de la Virgen del Pilar o meapilas de diversa condición se tratase con mofa  una de las plegarias más antiguas de la liturgia cristiana, que forma parte del canto en la misa, en los entierros y en los oficios de difuntos donde los gorigoris están a la altura de la canción del verano. Solo le supera el Miserere, o sea, la primera palabra del Salmo 51, que no debe confundirse con el ‘cólico miserere’, término antiguo para definir una oclusión intestinal grave o peritonitis aguda, que casi siempre llevaban a hincar el pico. El Miserere es, como digo, una de las cantinelas más antiguas del canto gregoriano. La excepción se producía, por no haber regla sin excepción, en las ventas andaluzas de la periferia de las ciudades, donde la vigilancia de la Autoridad solía hacer la vista gorda por aliviar un poco las restricciones de aquel régimen autárquico.  Lo de ser grandón ya es distinto, habría que matizarlo en profundidad, como dicen los cursis. Hacía referencia a esos tipos jactanciosos que en Asturias nunca eran bienvenidos en los chigres (sidrerías) por armar marimorenas. Los dueños les prohibían la entrada a fin de asegurar un ambiente relajado entre la clientela a la hora de tomar unos chatos de vino o unas‘sidrinas’ en buena armonía. Para el que lo desconozca, la palabra  chigre proviene de Langreo y hace referencia al adminículo que se empleaba para quitar el corcho a las botellas de sidra. Se trata de un cilindro en el que un manubrio hacía de palanca para enrollar un cable y arrastrar aquello que se deseaba mover. El chigre es bable, asturiano fetén, y desde 1947 el término forma parte del Diccionario de RAE, que lo define como una ‘tienda donde se vende sidra u otras bebidas al por menor’. Parece ser que hasta Franco sabía del oficio de chigreros (aquellos obreros que manejaban  poleas para los amarres, llamados chigres)  en las minas. Recomendó a su secretario político, Luis Carrero Blanco,  reclutar a ciertos chigreros ‘soplones’ de las cuencas mineras para conocer qué pensaban los mineros sobre el Régimen, o cuándo tenían previsto convocar una huelga indefinida y cantar eso de "En el pozo Maria Luisa, tra lará lará...".

 

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