
Lo que está sucediendo en España no es el acabose sino la continuación del empezose. La debilidad de Sánchez ante el rey de Marruecos es evidente. El jefe del Ejecutivo español nos ha intentado hacer creer, como si fuésemos tontos, que la masiva llegada de migrantes, cerca de 60.000 (por dar una cifra aproximada) ha sido por culpa de la mafia. Hoy, en Vozpópuli, Jesús Cacho en su artículo “La balsa de La Medusa” saca las miserias de Sánchez al aire y señala a España como la reproducción en vivo del lienzo de Géricault, cito textual: “con un barco a la deriva con un incompetente en el puente de mando en 1816. Junto a la fragata navegaba el buque-bodega Loire, el bergantín Argus y la corbeta Écho. El mando de La Medusa había sido confiado, gracias a amigos influyentes, al vizconde Hugues Duroy de Chaumareys, un oficial naval que se había exiliado en Inglaterra durante la Revolución. Chaumareys presumía de una hoja de servicios intachable, aureolada con actos de heroísmo protagonizados durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos, pero cuando se hizo cargo de La Medusa llevaba más de 20 años de apacible retiro sin haber vuelto a poner sus pies sobre la cubierta de un barco. Ningún peligro rondaba a La Medusa salvo la incompetencia, entreverada de soberbia, de su capitán. El l 2 de julio de 1816, Chaumareys cometió su primer error. Frente a la costa de la actual Mauritania, la fragata se adelantó al resto del convoy hasta perderlo de vista y su capitán confundió dos puntos geográficos antes de encallar, a las tres de la tarde y a pleno sol, en un fondo arenoso mal cartografiado. La tripulación intentó por todos los medios reflotar la nave, sin éxito. Finalmente, La Medusa se partió en dos. Chaumareys, que además de necio resultó ser un cobarde, se subió al primer bote salvavidas y puso rumbo a Saint-Louis, distante apenas 30 millas náuticas. Los pasajeros que pudieron se apiñaron en los restantes botes, pero 150 personas, en su mayoría civiles, no tuvieron más remedio que lanzarse a una balsa improvisada, hecha con tablas y estachas, que se convertiría en su tumba. Cuando 13 días después apareció el Argus, a bordo solo quedaban diez hombres con vida, que se habían alimentado con los cadáveres de los muertos”. Pues bien, según Nicolás Redondo (así lo afirma Cacho) “España es hoy una reproducción en vivo de ‘La balsa de La Medusa’, un país perdido en el océano de la nada, un barco a la deriva con un incompetente en el puente de mando que responde al nombre de Pedro Sánchez, un Chaumareys resultado de "una extraña mezcla de soberbia y de banalidad, de atrevimiento y cobardía, de pusilanimidad y resistencia, de irresponsabilidad y de fanfarronería, que recordaremos como una pesadilla." Sigue escribiendo Cacho: “En la noche del miércoles 29, el monarca alauita dirigió un discurso televisado a su país con motivo del 27 aniversario de su acceso al trono. Un Mohamed VI avejentado y de aspecto enfermizo, que necesitó la ayuda de su hijo, el príncipe heredero Mulay Hasán, para ponerse en pie tras finalizar su alocución. Y a la mañana siguiente, este enfermo que dirige con mano de hierro un país en vías de desarrollo, que se está gastando mil millones de euros en la construcción de un gran estadio de fútbol en Casablanca, lanzó un órdago a España con el envío de un ejército de 60.000 hombres (entre ellos, los casi 2.000 delincuentes indultados por el monarca por tan gozosa efeméride), en su mayoría en edad militar, la flor y nata de una nación, contra un vecino como España”. (…) “Esta es la segunda ‘Marcha Verde’ después de aquella que, en plena agonía de Franco, protagonizó su padre para ocupar el antiguo Sahara Occidental español. Ahora, en plena agonía de Sánchez, en uno de los momentos más bajos de España como nación, una España rehén de un Gobierno convertido en una banda mafiosa dedicada al saqueo de lo público, el sultán marroquí insiste en una segunda marcha, esta vez 'Azul', que tiene todos los visos de ser una prueba antes del golpe definitivo sobre Ceuta y Melilla. Es la imagen de un mequetrefe a merced del monarca absoluto de un país subdesarrollado”. Y continúa señalando Cacho: “¿Pero qué demonios había en ese móvil infiltrado con Pegasus? Ni siquiera se ha atrevido a llamar a consultas al embajador de Rabat en España, que hubiera sido lo mínimo exigible con un país que ha demostrado ser un vecino hostil, un enemigo declarado de España y de su soberanía”. El artículo es largo. Aquí lo dejo. Invito a su lectura completa. Solo añadiré algo que no ha escrito Cacho: Felipe VI, como jefe del Estado, debería haber abandonado Mallorca, volver a su despacho en Madrid y llamar a su “pariente” Mohamed VI para ponerle las peras a cuarto. Soy consciente de que la "relación cuasi familiar" procede de la generación anterior. Juan Carlos I y el difunto rey Hassan II de Marruecos forjaron una alianza y una amistad profunda, al punto de que ambos monarcas se llamaban cariñosamente "hermanos" y el monarca alauí llamaba "tío" al español. Lo que ignoraba el emérito es que hay amores que matan. Soy consciente de que se ha reducido el papel diplomático tradicional de la Corona, y que Felipe VI no tiene la potestad ejecutiva para ordenar el despliegue del Ejército ni dirigir la diplomacia internacional sin el refrendo del Gobierno. Pero, a mi entender, debería visitar (nunca lo ha hecho) Ceuta y Melilla por ser parte de España. El rey ha dicho “me siento indignado” ante los recientes sucesos. Pero no ha matizado contra quién. Vamos, como lo de Miguel Gila: "No miro a nadie... y si miro, no veo". A mí, como español que paga el sueldo del monarca y su estancia en un palacio del Estado, el de su mujer, el de sus hijas y el de su madre, me gustaría saberlo. Los españoles, a los que justo nos viene llegar a fin de mes con pagas de mierda, empezamos a estar hartos de ser "pagafantas". Es lo menos que un republicano, como es mi caso, le puede pedir al sucesor del Borbón elegido a dedo por Franco, que sigue conservando inexplicablemente el título de rey y que, para más inri, no paga impuestos en España.
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