domingo, 21 de junio de 2015

Esa chusma de la Castuza...





La chusma de la Castuza, como define Antonio Burgos a Podemos, ha sustituido en el Ayuntamiento de Cádiz el retrato de Juan Carlos I existente en el despacho de Teófila Martínez, por el de Fermín Salvochea, gaditano ilustre. Sobre ese asunto ya comenté el pasado viernes lo que creí oportuno en mi blog. Pues bien, Burgos, en su artículo de hoy en el diario ABC (“Con Iglesias hemos topado”) continua echando leña al fuego sobre esa “chusma de la Castuza” que gobierna los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela, La Coruña, Cádiz, Zaragoza; o sea, seis pueblecillos escondidos entre montañas que apenas constan en los mapas de carreteras de Repsol. Sobre el reciente viaje de Iglesias a Cádiz escribe Burgos: “A pie de obra, y qué obra, de José María González, ya Kichi para la Historia, Pablo Iglesias ha podido comprobar que se había quitado la inmensa Bandera de España, de todos, y que en la balconada del Ayuntamiento en la Plaza de San Juan de Dios (nos coja confesados) habían colocado una antigualla histórico-artística muy apropiada: la enseña tricolor que llaman "republicana", pero que no lo fue de la I República rojigualda de Salvochea y Pi Margall, sino de la II República, de Casas Viejas y de los tiros a la barriga, sin ir más lejos. Pudo comprobar también Iglesias que en el despacho de la Alcaldía han quitado el retrato de Don Juan Carlos y puesto el de Fermín Salvochea, mitológico apóstol de los pobres inventado por los anarquistas y que tuvo su evangelista en el tristemente famoso Doctor Vallina. ¿Quién era ese tal Juan Carlos para estar retratado en el despacho de Kichi? Nadie: un chufla, que nos trajo las libertades y la democracia, inventos malignos de la burguesía y la Banca, y que encima firmó la Constitución de 1978 renunciando a todos sus poderes y estableciendo el sistema de partidos, en vez de poner a Podemos como Partido único, que es lo que tenía que haber hecho y dejarse de cuentos”. Veamos: el “tristemente famoso doctor Vallina”, como dice Burgos, creó gracias a la suscripción popular abierta por el periódico El Noticiero Sevillano, en 1923, el Sanatorio Antituberculoso "Vida" muy cerca de Cantillana, el pueblo de la familia de su madre, donde se fue a vivir para atender gratuitamente a los enfermos que no tenían medios económicos. Un sanatorio que quedó sin terminar al ser desterrado por Primo de Rivera y saqueado en 1936. Participó activamente en defensa de la República y organizó la resistencia en diversos pueblos, como miliciano, como médico y como soldado. Marchó a Méjico y sirvió como médico a las comunidades indígenas hasta su muerte en Veracruz, en 1970. Fue interpretado por Manuel Morón en el film Una Pasión Singular (2002) de Antonio Gonzalo, que versa sobre la vida de Blas Infante, y sus  Mis memorias (publicadas por el Centro Andaluz del Libro - Libre Pensamiento, 470 pp. Sevilla 2000) inspiraron a Vicente Tortajada para hacer su novela Flor de cananas. Pedro Vallina, en fin, fue un destacado promotor del congreso pacifista que se opuso a la guerra entre pueblos europeos por causa de la incapacidad de sus gobernantes; analizó las causas sociales de las numerosas enfermedades, como la tuberculosis, que entonces se cobraban tantas vidas en Sevilla, encontrando una relación directa con el hacinamiento y falta de higiene en corrales y casas de vecinos, por lo que impulsó en 1919 una huelga de alquileres contra las deplorables y abusivas condiciones que imponían los propietarios y combatió las corridas de toros. Ese gran hombre fue para Antonio Burgos el “tristemente famoso doctor Vallina”. Por cierto, Burgos, Juan Carlos de Borbón no trajo las libertades y la democracia  a España. Llegaron de la mano de todos los españoles. Y ese rey, que tres años antes había jurado los Principios Fundamentales del Movimiento, rubricó la Constitución de 1978 por el imperativo de ser el Jefe del Estado; y, además, por su propia conveniencia para el futuro de la Monarquía. ¿Dónde está su mérito? La nueva Constitución matizaba la forma de Estado, evitándose el trance de una consulta popular previa sobre esa forma de Estado, como hubiera sido lo deseable a la salida de una siniestra dictadura. El humo del botafumeiro de Burgos dirigido hacia las imágenes de los Borbones, tanto vivos como muertos, no le deja ver la realidad. Este columnista sevillano, que sólo sabe recordar los sucesos de “Casas Viejas y los tiros a la barriga” (sin especificar por parte de quiénes), confunde los orzuelos con los defectos del paisaje.

viernes, 19 de junio de 2015

Por Cádiz sí se puede





El nuevo alcalde de Cádiz, José María González Santos, profesor de Historia y más conocido como  Kichi, haciendo bueno aquello de que “Por Cádiz sí se puede”, ha decidido sustituir el retrato de Juan Carlos de Borbón, que conservaba en su despacho la anterior alcaldesa del PP, Teófila Martínez, por  el que fuera primer alcalde y presidente de su Cantón durante la Primera República, Fermín Salvochea Álvarez. A mi entender, el retrato de Juan Carlos I estaba fuera de lugar en el Ayuntamiento, al hacer un año justo que éste había abdicado de sus funciones en la Jefatura del Estado. Salvochea, a mi entender hizo mucho más por la “Tacita de Plata” que el rey emérito. Salvochea fue un gaditano ilustre y a cada uno hay que darle lo suyo. Fue alcalde en 1883 cuando contaba 31 años. Pero años antes fue hombre de confianza de Juan Prim, miembro de la Comuna de Cádiz y segundo comandante de un batallón de “Voluntarios de la Libertad” en 1868 hasta el 11 de diciembre, fecha en la que tras entregarse fue  encarcelado en la fortaleza de  Santa Catalina. En 1869 salió elegido diputado a Cortes Constituyentes aunque el Gobierno no reconociera esa elección. Como ha quedado suficientemente descrito por sus biógrafos, Salvochea organizó guerrillas armadas contra el Gobierno en la Sierra de Cádiz, tomando Alcalá de los Gazules, hasta ser derrotado por las tropas gubernamentales y le obligaron a buscar refugio en Gibraltar. En 1871, gracias a la amnistía promulgada por el nuevo rey Amadeo de Saboya volvió a Cádiz. Durante su mandato tomó numerosas medidas para limitar la influencia de la iglesia. Sustituyó en las escuelas la enseñanza religiosa por la de "moral universal". Implantó la jornada laboral de ocho horas, se suprimieron las fiestas religiosas y se creó una fiesta cívica del advenimiento de la República Federal. Al disolverse la Primera República, fue apresado por las tropas del general Pavía, juzgado en Sevilla y condenado a cadena perpetua en el Peñón de Vélez de la Gomera y en Ceuta. Renunció al indulto que le consiguió el Ayuntamiento de Cádiz en 1883, se fugó a Marruecos y de allí pasó a Francia. Retornó a Cádiz, después de la amnistía tras la muerte de Alfonso XII, en 1885. En 1886 fundó el periódico El Socialismo, donde reivindicaba la huelga general como herramienta de lucha, por lo que pasó varias veces por la cárcel y fue clausurado su periódico. Organizó los primeros actos por el Primero de Mayo en Cádiz en 1890, siendo detenido de nuevo. Estando en prisión tuvo lugar el Motín Agrario de Jerez de la Frontera de 1892 en el que fue implicado por falsos testimonios y por el que fue condenado a 12 años de cárcel. Una nueva amnistía le permitió salir de la cárcel en 1899 y volvió a Cádiz. Allí conoció al médico anarquista sevillano Pedro Vallina y juntos partieron hacia Madrid, viviendo de forma muy austera, traduciendo algunos libros, y trabajando en diarios como El Liberal, El Heraldo o El País. Con motivo de la coronación de Alfonso XIII en 1902 fue detenido junto con otros anarquistas, acusados de tener planeado lanzar unos explosivos cuando el rey llegase al Congreso. Cinco años después regresó enfermo a Cádiz y falleció el 28 de septiembre de 1907. Durante su entierro, empezó a llover de forma torrencial y cuando la comitiva pasaba por el Ayuntamiento, el alcalde ordenó que el féretro entrara en la Casa Consistorial hasta que escampase. En Cádiz hay un dicho popular que dice: "Llueve más que el día que enterraron a Bigote”, nombre cariñoso con el que era conocido Salvochea. Su figura fue novelada por Blasco Ibáñez en La bodega, y por Valle-Inclán en Baza de espadas. En la Guerra Civil, una de las columnas de la CNT que luchó en Aragón contra las tropas sublevadas, tomó el nombre de Salvochea. En la década de los 80 el ayuntamiento de Cádiz, le dedicó una calle y le hizo un busto. Fue hijo único del adinerado Fermín Salvochea Terry, de origen navarro y dedicado al comercio de vinos, y de María del Pilar Álvarez, prima carnal de Juan Álvarez Mendizábal.

jueves, 18 de junio de 2015

Plebeyez insufrible





Cuenta Luis María Anson hoy en el diario El Mundo que “a Don Felipe le emocionó su abuelo Juan III (sic) cuando, al abdicar los derechos históricos de la Corona, se cuadró ante su hijo Juan Carlos I y dijo: “Majestad, por España, todo por España”. A mí alguien con capacidad bastante debería explicarme de una forma que pudiera entender sin fisuras qué derechos históricos recaían en la persona de Juan de Borbón. El día que su padre Alfonso XIII tomó las de Villadiego, el exrey de España dejaba de estar en condiciones para nombrar sucesor a título de rey. Además de ello, lo único que Juan de Borbón hizo por España fue intentar combatir al lado de los rebeldes en la Guerra Civil sin éxito. Sería bueno que los españoles no perdiéramos la memoria. Tanto Alfonso XIII como su hijo Juan dieron su apoyo desde el exilio al golpe militar del 18 de julio de 1936. Y Juan de Borbón intentó, como decía antes, ser voluntario. De hecho, entró por Dancharinea, el único paso fronterizo abierto por los rebeldes. En Biarritz se les unieron el Fernando de Baviera y el conde de Mora, Juan Manuel Mesía del Barco. Transcribo parte de lo que cuenta en el capítulo "Juan López en Burgos" dentro del libro  "Momentos estelares de la Guerra de España" Carlos Rojas: “Llegados a Pamplona, visten al príncipe (sic) con un mono de mecánico (el obligado uniforme de los milicianos de ambos bandos) y le calan la boina roja carlista. Don Juan pregunta a sus colaboradores qué harán las autoridades militares cuando conozcan su regreso a España. Le contestan que lo echarán inmediatamente pero que habrá probado, frente al país, su compromiso entusiasta con la insurrección. Efectivamente cuando avisan al general Mola de la presencia de don Juan en Burgos con el nombre de Juan López y de su intención de unirse a una columna en Somosierra, Mola monta en cólera. Ordena que el príncipe (sic) abandone inmediatamente el país y ruge: "Díganle a esos imbéciles que han acompañado al príncipe que no les hice matar de milagro". Por añadidura promete que también "Juan López" será fusilado, con todos los honores correspondientes a su cargo, si reincide en el intento. (…) De nuevo intenta don Juan de Borbón ponerse a las ordenes de Franco. El 7 de diciembre de 1936 le escribe ofreciéndose como marinero en el crucero Baleares ‘pronto listo para hacerse a la mar’. Le recuerda a Franco que hizo estudios en la Escuela Naval Británica, navegó dos años en el crucero Enterprise y siguió un curso especial como artillero. Se despide con sus votos más fervientes para que "Dios le ayude en la noble empresa de salvar a España". (…) Franco le responde el 12 de enero del año siguiente. Agradece al príncipe de Asturias (sic) el intento de unirse a la lucha que "trasciende lo nacional y es parte de la defensa de la civilización cristiana de Occidente". Pero cree que el entusiasmo de unos y la obsequiosidad de otros impedirían a don Juan servir de forma adecuada en el [crucero] Baleares. Sin molestarse en exponer razones más convincentes, concluye "contra los dictados de mi corazón" por declinar la apreciadísima solicitud. (…) No obstante, en los años de la guerra don Juan confía plena y rendidamente en Franco. El príncipe vive entregado a consejeros tan reaccionarios como Francisco Bonmatí de Codecido (su primer biógrafo) quien lo lleva a estudiar con la mayor entrega el fascismo y el nazismo, movimientos que conducen a sus pueblos a "la felicidad, el bienestar, el progreso y la potencia" según semejante mentor. (…) El 25 de agosto de 1948 Franco y don Juan sostienen la primera de sus entrevistas en el yate Azor del generalísimo. El acuerdo más notorio salido de ese encuentro es la venida a España de los dos infantes, don Juan Carlos y don Alfonso a cursar estudios. (…) “Al día siguiente [de la muerte de Franco] don Juan Carlos juraba de nuevo los Principios del Movimiento Nacional ante las Cortes” y era proclamado Jefe del Estado a título de Rey “desde la emoción en el recuerdo de Franco”, como dijo aquel 22 de noviembre de 1975  Rodríguez de Valcárcel, entonces presidente de las Cortes. Dicho eso, sería conveniente que Felipe VI no sintiese tanta emoción, a juicio de Luis María Anson, el día en el que su abuelo abdicó de unos derechos históricos de la Corona de los que carecía. Cuando Juan de Borbón se cuadró sin venir a cuento como si fuese actor de una opereta y dijo aquello de “Majestad, por España, todo por España” ya sabíamos muchos ciudadanos a qué modelo España se refería ese sainetesco señor, de nombre artístico Juan III. Dicho de otra manera: Felipe VI merece todos mis respetos como Rey de España; su abuelo, no. Y lamento si se ofenden los monárquicos sobrevivientes que formaron parte de los “cuarenta de Ayete”. A Ansón, tan acostumbrado a dar jaboncillo a la Monarquía de una forma tan vergonzosamente plebeya, le recuerdo que la soberanía reside en el pueblo, dueño de sus destinos.

lunes, 15 de junio de 2015

Un chiste en El Progreso





Hoy lo más gracioso de la prensa gráfica es la viñeta de Santy Gutiérrez en El Progreso, de Lugo. En el vestíbulo de un Ayuntamiento hay dos tipos de seguridad observando a un ciudadano que entra cartera en mano, con vaqueros y la camisa por fuera del pantalón. Uno de los encargados de la seguridad le llama la atención en gallego: “Eh, eh, oia, onde vai vostrede, documentación por favor”. El otro encargado de seguridad le toma por el brazo a su compañero mientras le recuerda: “Epa, tío! E a terceira vez esta semana quer paras ao alcalde”. Y el compañero, dándose cuenta de su metedura de pata, dice: “Cagonamar! Que lle costará poñer garabata”.  Me he tenido que acercar a la sabiduría de Eligio Rivas Quintas, (1978) “Frampas, contribución al diccionario gallego”, CEME, Salamanca, para conocer a ciencia cierta qué es eso de “garabata”. Al fin, como ya suponía, hace referencia a “corbata” entre otras 14 acepciones: trampa, enredo; angazo con dientes y mango largos; horca de hierro formada en ángulo recto que se usa para escardar patatas; brezo pelado y quemado que se utilizaba para alumbrar; etcétera. Desde luego, el alcalde de la viñeta no era Lara Méndez, que ha conseguido ser alcaldesa con el apoyo de 13 votos (8 del PSOE, 3 de Lugo Novo y 2 del BNG) y a la que le deseo suerte en su nueva gestión. Los ciudadanos, no queda otra, deberán acostumbrarse a las nuevas cualidades y las nuevas maneras de muchos de los alcaldes y ediles recién salidos de las listas electorales. Por ejemplo, Carmena, viajando en el metro de Madrid; Colau, entre la gente de Barcelona; Ribó, por Valencia montado en bicicleta… Esas cosas jamás se le habrían pasado por la cabeza a Botella, Trías o Barberá. Los alcaldes deben acercarse a la ciudadanía. Forman parte de ella. Doy por hecho que Carmena una de las primeras cosas que cambiará, además de bajarse el sueldo considerablemente, será deshacerse del sirviente que hasta ahora servía el café, no sé si con leche, a Botella en el Palacio de Cibeles. ¿Cuánto ganaba ese asistente? ¿A qué otras labores se dedicaba en su horario laboral? Botella, allá donde se encuentre, debería explicarlo. En fín, todo es cuestión de tiempo. Hay que levantar muchas alfombrar por ver qué hay debajo. Las sorpresas pueden ser acojonantes.

sábado, 13 de junio de 2015

Hay que abrir las ventanas





Aquí hay de todo: desde el plumilla que llama “chusma” a los votantes de la izquierda que ahora han conseguido cambiar el Ayuntamiento de Sevilla y que compara lo que ahora acontece con la Revolución de Asturias de 1934, hasta  el que cuenta disparates por no haber alcanzado la poltrona ( caso de Esperanza Aguirre), o haber salido tarifando después de mogollón de años haciendo de la ciudad por ellos gobernada su particular cortijo; verbigracia: Rita Barberá o Francisco Javier León de la Riva. Otros, que aparentaban ser más moderados, se han limitado a dirigir una orquesta de periodistas del pesebre para que escribiesen mañana, tarde y noche sobre la llegada del Frente Popular, como si Podemos, Ciudadanos y Comprimís fuesen unos virus peligrosísimos sobre los que no existe vacuna alguna disponible para evitar una posible pandemia. Son, todos ellos, como los causantes de la gripe española de 1918 trasladada al siglo XXI. Lo que acontece ahora le parece a la derechona de inusitada gravedad. El virus se ha trocado mutante y virulento. Sí, hagamos memoria, como desean algunos miserables. Aquel año, 1918, el año de la gripe española, hubo elecciones generales y fueron elegidos  412 diputados. El partido más votado fue el Liberal Conservador, de Eduardo Dato, pero dos facciones del Partido Liberal (García Prieto y Álvaro de Figueroa) obtuvieron más votos. Hubo una Alianza de Izquierdas (Partido Reformista, Federación Republicana, PSOE, Partit Republicà Català, Partido Republicano Radical, PURA, Partido Republicano Democrático Federal y Republicanos Nacionalistas Catalanes Independientes) que intentó presentar la alternativa de Melquíades Álvarez. Finalmente fue elegido presidente del Congreso Miguel Villanueva y presidente del Senado  Alejandro Groizard. El nuevo presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura, dirigió un gabinete con mezcla de conservadores, liberales y de la Lliga, que duró lo que un pirulí a la puerta de un colegio. El 9 de noviembre el Gobierno era sustituido por liberales y designado presidente  Manuel García Prieto, que dimitió 26 días más tarde. El 5 de diciembre era nombrado presidente Figueroa, aquel que dijo “¡joder, qué tropa!” cuando no le apoyaron para ingresar en la Real Academia, y que en enero de 1919 suspendió las garantías constitucionales. El 15 de abril del año siguiente se convocaban nuevas elecciones. ¿Ese modelo queremos para España? Hay hasta quien llama “horda de una vociferante chusma impresentable” a aquellos ciudadanos que han conseguido, no sin esfuerzo y por medio de las urnas, un cambio de modelo de política municipal. Si ese es el nuevo Frente Popular, bienvenido sea. Y ya puestos, espero que esa “chusma  impresentable”, a criterio de los hijos y  nietos de los que apoyaron a Franco con todas sus consecuencias, ganen las próximas generales y hagan unas nuevas Cortes Constituyentes por mor de la afición y por higiene política.

viernes, 12 de junio de 2015

A propósito de una revocación





El Rey ha revocado el título de duquesa de Palma de Mallorca a su hermana Cristina. A su marido no ha hecho falta, por ser consorte. De nada sirve que la infanta pretenda “rebozarlo” con  una carta de fecha 1 de junio, que dice mandó a La Zarzuela para adelantarse a los acontecimientos. Las mentiras tienen las patas muy cortas. Los derechos dinásticos a la sucesión en el Trono de esa mujer están en séptima posición, conque no hay “peligro” de que llegue a reinar en este país. Hay precedentes de revocaciones de títulos nobiliarios. A Enrique de Borbón y Borbón Dos Sicilias,   hijo de Francisco de Paula, vivo retrato de Godoy, hermano de Francisco de Asís y nieto de Carlos IV, le fue revocado el título de duque de Sevilla (concedido en 1823 por Fernando VII) y el tratamiento de infante de España por su simpatía con la causa republicana durante la Revolución de Francia de 1848 que acabó con el reinado de Luis Felipe. Precisamente un hijo de ese rey de Francia, Antonio de Orleáns, casado con Luisa Fernanda, hermana menor de Isabel II, lo mató de tiro de pistola en duelo llevado a cabo en Leganés el 12 de marzo de 1870. Enrique de Borbón dejaba tras de sí tres hijos varones (un cuarto hijo había muerto en la infancia, y su única hija, María del Olvido, estaba casada con un aristócrata). Durante el reinado de Alfonso XII, los tres varones restantes se hicieron un hueco entre las filas militares, y a pesar de no gozar del título ni de las prerrogativas de infantes, sí tenían una relación cercana con su primo el rey. Alfonso XII, generoso como su madre, repartió títulos a sus tres primos huérfanos: Enrique Pío sería duque de Sevilla (como lo había sido su padre), Francisco de Paula no ostentó título nobiliario alguno y Alberto (1854-1939) fue marqués (y posteriormente duque) de Santa Elena. Alberto se casó tres veces. Su segunda esposa, Clotilde de Gallo y Díez de Bustamante (casada en primeras nupcias con el marqués de Viesca de la Sierra), fue asesinada en Madrid en 1936. Tuvo tres hijos de su primer matrimonio: Isabel, Inmaculada y Alfonso, que sería duque de Santa Elena a la muerte de su padre. Alfonso tendría a su vez un hijo que moriría en Lérida luchando el día de Navidad de 1938; su temprana muerte le impidió heredar el título paterno, que pasaría por lo tanto a su propio hijo, Alberto Enrique de Borbón y Pérez del Pulgar (1933-1995), padre del actual duque, Francisco de Paula de Borbón y Escasany (n. 1943), economista y empresario. Pero, desgraciadamente, para  Francisco de Paula (1853-1942) su larga vida estaría repleta de infortunios. La Guerra Civil española, que raras veces se asocia con la dinastía Borbón por encontrarse entonces en el exilio el rey Alfonso XIII y su familia, diezmaría a su familia  Su hija mayor, Elena (1878-1936) y sus dos hijos varones, nacidos de su segundo matrimonio, Enrique (1891-1936) y Alfonso (1893-1936) serían fusilados por los republicanos en los primeros meses de la guerra. También perdió a tres de sus nietos: Jaime de Borbón y Esteban, que tenía sólo 14 años, fue fusilado junto a su padre; y sus primos María Luisa González-Conde y Borbón, de 24 años, y José Luis de Borbón, teniente de infantería, que murió luchando al lado de los rebeldes en Gerona, en 1938. Enrique Pío (1848-1894), contrajo matrimonio con una francesa que le aportaría tres hijas, herederas en un momento u otro del ducado paterno. La primera de ellas, María Luisa, fue duquesa de Sevilla, pero al no tener descendencia el título debería haber pasado a su siguiente hermana, Marta, que cedió sus derechos en favor de la menor, Enriqueta (1882-1968). Estaba entonces casada ya con su primo carnal, Francisco, hijo de su tío Francisco de Paula. Tuvieron dos hijos: Isabel, que se casaría con un noble italiano, y Francisco de Paula (1912-1995), que heredaría el ducado de Sevilla de su madre, y contraería matrimonio dos veces; primero con una de las hijas de los condes de la Puebla de Claramunt, y en segundas nupcias con otra dama que le daría su tercer hijo. El actual duque de Sevilla, hijo del primero de esos dos matrimonios, está casado en terceras nupcias y tiene varios hijos. El hermano del Duque de Sevilla, Alfonso, está actualmente casado con la también mediática Marisa Yordi, alias Marisa de Borbón, y son padres de dos hijas, la menor de las cuales está casada con un hijo de Alfonso Ussía. Pero las desgracias de esa familia no terminaron ahí. En 2003 el capitán Iñaki López de Borbón perdió la vida en el accidente del Yakovlev-42 que se estrelló en Turquía. Su madre, Milagros de Borbón, es biznieta de Francisco de Paula de Borbón y Castellví. Y en 2005, Alfonso de Borbón y Medina, primo carnal del actual duque de Santa Elena, murió en un accidente de tráfico en Valladolid. Curiosamente, Blanca de Borbón y León, hija menor de Francisco de Paula de Borbón y Castellví, se casó con Álvaro de Figueroa Torres, conde de Romanones, y fue la madre de Victoria de Figueroa y Borbón, marquesa de Tamarit y madre de los hermanos Suelves, así como de Blanca de Figueroa y Borbón, mujer de Jaime Martínez de Irujo y Artazcoz, cuñado de la duquesa de Alba. Otra nieta, Natalia Figueroa está casada con el cantante Raphael, actual consuegro de José Bono.

 Hubo otro precedente en revocaciones de títulos nobiliarios. Alfonso XIII revocó en 1924, por su poco ejemplar comportamiento, el título de infante de España (que le había concedido la reina regente María Cristina) a Luis Fernando de Orleáns (Madrid, 1888-París, 1945) hijo de la infanta Eulalia y de Antonio de Orleans, nieto de Isabel II. Aquel año, Francia le había expulsado de su territorio por un oscuro caso de drogas. Llegó a ser un destacado miembro de la Resistencia francesa. Murió de un cáncer testicular. De cualquier manera, en 1984 se suprimió el último privilegio legal que tenían los títulos considerados como Grandes de España. Era el derecho a pasaporte diplomático. En el caso de la infanta, el título era graciable. A su muerte debería revertir a la Corona. Tal fue el caso de Alfonso de Borbón y Dampierre, duque de Cádiz concedido por Franco al estar vacante, o de Juan de Borbón, conde de Barcelona. En la actualidad sólo quedan tres títulos graciables: Pilar de Borbón, duquesa de Badajoz; Margarita de Borbón, duquesa de Soria; y Elena de Borbón, duquesa de Lugo. Entre las funciones del Rey está la de conceder honores y distinciones con arreglo a las leyes, y así se contempla en el artículo 62 de la Constitución Española. Los títulos nobiliarios se transmiten por Real Decreto firmado por el ministro de Justicia y se publican en el BOE. Juan Carlos I otorgó durante su reinado 55 títulos nobiliarios. En España hay en la actualidad, además de los duques, alrededor de 1.300 marquesados; unos 1.000 condados; unos 150 vizcondados; sobre 170 baronías; y, que yo sepa, un señorío, el de Meirás.

martes, 9 de junio de 2015

La fosa 32 y Ana Botella





Yo aposté doble contra sencillo a que Ana Botella no dejaría la Alcaldía de Madrid sin dedicar un monumento a Miguel de Cervantes en las Trinitarias. Y que aprovecharía tal ocasión, la ocasión la pintan calva, para colocar una placa donde figurase su nombre y que lo vieran los turistas, como si esa señora que ahora se larga de la Alcaldía con más pena que gloria hubiese sido la descubridora de la vacuna contra el sarampión. El acto será el próximo día 11, es decir, pasado mañana.  Para ello se va a proceder a quitar una imagen de san Antonio de Padua de un altillo, con lo milagroso que es el lisboeta, para  dejar sitio a  los huesos encontrados en la fosa 32 de la cripta, que no sabemos a ciencia cierta a quién pertenecen. Pero el diario ABC acaba de anunciar que la cosa no quedará ahí. Dice: “Cervantes recibirá una misa sencilla, pero solemne. Será honrado como un hombre de armas, como soldado del Rey. El acto contará con los honores de una banda militar, el toque de oración a los caídos y el himno nacional”, no sabemos si con la letra compuesta en 1928 por José María Pemán, como sería lo deseable para ese diario. Ya saben, aquello de “¡Viva España!, alzad la frente, hijos del pueblo español que vuelve a resurgir…”. Hay que tener cuidado. Recuerden cuando al equipo español de Copa Davis le pusieron en Australia el Himno de Riego, o cuando Diego Valderas, de IU, siendo vicepresidente de la Junta de Andalucía fue recibido en el Centro Cultural Palestino Andaluz en Beit Sahur con el himno nacional con letra del gaditano. De haber vivido hoy Cervantes se partiría de risa con el toque de oración a los caídos y con un himno nacional del que él nunca tuvo noticia. La Marcha Granadera es himno de España desde Carlos III, con la excepción del Trienio Liberal, y las dos Repúblicas. Además de ello, los derechos de autor no se adquirieron plenamente hasta 1997. Su primera mención  aparece en 1761 en el Libro de la Ordenanza de los Toques de Pífanos y Tambores que se tocan nuevamente en la Ynfant° Española, compuestos por Don Manuel de Espinosa.  Existe otras letras: una de ellas de Eduardo Marquina (1927); otra de  Jon Juaristi, Luis Alberto de Cuenca, Abelardo Linares y Ramiro Fonte, a instancias del entonces presidente del Gobierno José María Aznar. Era aquella de “Canta, España, / y al viento de los pueblos lanza tu cantar: / hora es de recordar. /Que alas de lino/ te abrieron camino/ de un confín  al otro del inmenso mar. / Patria mía…”, etcétera. Vamos, más cursi que un ataúd con pegatinas. Por fortuna, no cuajó. Hubo otras letras: una versión seleccionada por el Comité Olímpico Español en 2007, obra de Paulino Cubero; una versión de Joaquín Sabina; y otra de autor desconocido aparecida en la Enciclopedia Álvarez.