La chusma de la
Castuza, como define Antonio
Burgos a Podemos, ha sustituido en el Ayuntamiento de Cádiz el retrato de Juan Carlos I existente en el despacho
de Teófila Martínez, por el de Fermín Salvochea, gaditano ilustre.
Sobre ese asunto ya comenté el pasado viernes lo que creí oportuno en mi blog.
Pues bien, Burgos, en su artículo de hoy en el diario ABC (“Con Iglesias hemos topado”) continua echando leña al fuego sobre
esa “chusma de la Castuza”
que gobierna los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela, La Coruña, Cádiz, Zaragoza; o
sea, seis pueblecillos escondidos entre montañas que apenas constan en los
mapas de carreteras de Repsol. Sobre
el reciente viaje de Iglesias a
Cádiz escribe Burgos: “A pie de obra, y qué obra, de José María González, ya Kichi
para la Historia,
Pablo Iglesias ha podido comprobar que se había quitado la inmensa Bandera de
España, de todos, y que en la balconada del Ayuntamiento en la Plaza de San Juan de Dios
(nos coja confesados) habían colocado una antigualla histórico-artística muy
apropiada: la enseña tricolor que llaman "republicana", pero que no
lo fue de la I República
rojigualda de Salvochea y Pi Margall,
sino de la II República,
de Casas Viejas y de los tiros a la barriga, sin ir más lejos. Pudo comprobar
también Iglesias que en el despacho de la Alcaldía han quitado el retrato de Don Juan
Carlos y puesto el de Fermín Salvochea, mitológico apóstol de los pobres
inventado por los anarquistas y que tuvo su evangelista en el tristemente
famoso Doctor Vallina. ¿Quién era
ese tal Juan Carlos para estar retratado en el despacho de Kichi? Nadie: un
chufla, que nos trajo las libertades y la democracia, inventos malignos de la
burguesía y la Banca,
y que encima firmó la
Constitución de 1978 renunciando a todos sus poderes y
estableciendo el sistema de partidos, en vez de poner a Podemos como Partido
único, que es lo que tenía que haber hecho y dejarse de cuentos”. Veamos: el
“tristemente famoso doctor Vallina”, como dice Burgos, creó gracias a la
suscripción popular abierta por el periódico El Noticiero Sevillano, en 1923, el Sanatorio Antituberculoso "Vida" muy cerca de Cantillana,
el pueblo de la familia de su madre, donde se fue a vivir para atender
gratuitamente a los enfermos que no tenían medios económicos. Un sanatorio que
quedó sin terminar al ser desterrado por Primo
de Rivera y saqueado en 1936. Participó activamente en defensa de la República y organizó la
resistencia en diversos pueblos, como miliciano, como médico y como soldado.
Marchó a Méjico y sirvió como médico a las comunidades indígenas hasta su
muerte en Veracruz, en 1970. Fue interpretado por Manuel Morón en el film Una Pasión Singular (2002) de Antonio Gonzalo, que versa sobre la
vida de Blas Infante, y sus Mis memorias (publicadas por el Centro Andaluz del Libro - Libre
Pensamiento, 470 pp. Sevilla 2000) inspiraron a Vicente Tortajada para hacer su novela Flor de cananas. Pedro Vallina, en fin, fue un destacado promotor
del congreso pacifista que se opuso a la guerra entre pueblos europeos por
causa de la incapacidad de sus gobernantes; analizó las causas sociales de las
numerosas enfermedades, como la tuberculosis, que entonces se cobraban tantas
vidas en Sevilla, encontrando una relación directa con el hacinamiento y falta
de higiene en corrales y casas de vecinos, por lo que impulsó en 1919 una
huelga de alquileres contra las deplorables y abusivas condiciones que imponían
los propietarios y combatió las corridas de toros. Ese gran hombre fue para
Antonio Burgos el “tristemente famoso doctor Vallina”. Por cierto, Burgos, Juan
Carlos de Borbón no trajo las libertades y la democracia a España. Llegaron de la mano de todos los
españoles. Y ese rey, que tres años antes había jurado los Principios Fundamentales del Movimiento, rubricó la Constitución de 1978
por el imperativo de ser el Jefe del Estado; y, además, por su propia conveniencia
para el futuro de la
Monarquía. ¿Dónde está su mérito? La nueva Constitución
matizaba la forma de Estado, evitándose el trance de una consulta popular
previa sobre esa forma de Estado, como hubiera sido lo deseable a la salida de
una siniestra dictadura. El humo del botafumeiro de Burgos dirigido hacia las
imágenes de los Borbones, tanto
vivos como muertos, no le deja ver la realidad. Este columnista sevillano, que
sólo sabe recordar los sucesos de “Casas Viejas y los tiros a la barriga” (sin
especificar por parte de quiénes), confunde los orzuelos con los defectos del
paisaje. domingo, 21 de junio de 2015
Esa chusma de la Castuza...
La chusma de la
Castuza, como define Antonio
Burgos a Podemos, ha sustituido en el Ayuntamiento de Cádiz el retrato de Juan Carlos I existente en el despacho
de Teófila Martínez, por el de Fermín Salvochea, gaditano ilustre.
Sobre ese asunto ya comenté el pasado viernes lo que creí oportuno en mi blog.
Pues bien, Burgos, en su artículo de hoy en el diario ABC (“Con Iglesias hemos topado”) continua echando leña al fuego sobre
esa “chusma de la Castuza”
que gobierna los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela, La Coruña, Cádiz, Zaragoza; o
sea, seis pueblecillos escondidos entre montañas que apenas constan en los
mapas de carreteras de Repsol. Sobre
el reciente viaje de Iglesias a
Cádiz escribe Burgos: “A pie de obra, y qué obra, de José María González, ya Kichi
para la Historia,
Pablo Iglesias ha podido comprobar que se había quitado la inmensa Bandera de
España, de todos, y que en la balconada del Ayuntamiento en la Plaza de San Juan de Dios
(nos coja confesados) habían colocado una antigualla histórico-artística muy
apropiada: la enseña tricolor que llaman "republicana", pero que no
lo fue de la I República
rojigualda de Salvochea y Pi Margall,
sino de la II República,
de Casas Viejas y de los tiros a la barriga, sin ir más lejos. Pudo comprobar
también Iglesias que en el despacho de la Alcaldía han quitado el retrato de Don Juan
Carlos y puesto el de Fermín Salvochea, mitológico apóstol de los pobres
inventado por los anarquistas y que tuvo su evangelista en el tristemente
famoso Doctor Vallina. ¿Quién era
ese tal Juan Carlos para estar retratado en el despacho de Kichi? Nadie: un
chufla, que nos trajo las libertades y la democracia, inventos malignos de la
burguesía y la Banca,
y que encima firmó la
Constitución de 1978 renunciando a todos sus poderes y
estableciendo el sistema de partidos, en vez de poner a Podemos como Partido
único, que es lo que tenía que haber hecho y dejarse de cuentos”. Veamos: el
“tristemente famoso doctor Vallina”, como dice Burgos, creó gracias a la
suscripción popular abierta por el periódico El Noticiero Sevillano, en 1923, el Sanatorio Antituberculoso "Vida" muy cerca de Cantillana,
el pueblo de la familia de su madre, donde se fue a vivir para atender
gratuitamente a los enfermos que no tenían medios económicos. Un sanatorio que
quedó sin terminar al ser desterrado por Primo
de Rivera y saqueado en 1936. Participó activamente en defensa de la República y organizó la
resistencia en diversos pueblos, como miliciano, como médico y como soldado.
Marchó a Méjico y sirvió como médico a las comunidades indígenas hasta su
muerte en Veracruz, en 1970. Fue interpretado por Manuel Morón en el film Una Pasión Singular (2002) de Antonio Gonzalo, que versa sobre la
vida de Blas Infante, y sus Mis memorias (publicadas por el Centro Andaluz del Libro - Libre
Pensamiento, 470 pp. Sevilla 2000) inspiraron a Vicente Tortajada para hacer su novela Flor de cananas. Pedro Vallina, en fin, fue un destacado promotor
del congreso pacifista que se opuso a la guerra entre pueblos europeos por
causa de la incapacidad de sus gobernantes; analizó las causas sociales de las
numerosas enfermedades, como la tuberculosis, que entonces se cobraban tantas
vidas en Sevilla, encontrando una relación directa con el hacinamiento y falta
de higiene en corrales y casas de vecinos, por lo que impulsó en 1919 una
huelga de alquileres contra las deplorables y abusivas condiciones que imponían
los propietarios y combatió las corridas de toros. Ese gran hombre fue para
Antonio Burgos el “tristemente famoso doctor Vallina”. Por cierto, Burgos, Juan
Carlos de Borbón no trajo las libertades y la democracia a España. Llegaron de la mano de todos los
españoles. Y ese rey, que tres años antes había jurado los Principios Fundamentales del Movimiento, rubricó la Constitución de 1978
por el imperativo de ser el Jefe del Estado; y, además, por su propia conveniencia
para el futuro de la
Monarquía. ¿Dónde está su mérito? La nueva Constitución
matizaba la forma de Estado, evitándose el trance de una consulta popular
previa sobre esa forma de Estado, como hubiera sido lo deseable a la salida de
una siniestra dictadura. El humo del botafumeiro de Burgos dirigido hacia las
imágenes de los Borbones, tanto
vivos como muertos, no le deja ver la realidad. Este columnista sevillano, que
sólo sabe recordar los sucesos de “Casas Viejas y los tiros a la barriga” (sin
especificar por parte de quiénes), confunde los orzuelos con los defectos del
paisaje. viernes, 19 de junio de 2015
Por Cádiz sí se puede
El nuevo alcalde de Cádiz, José María González Santos, profesor de Historia y más conocido
como Kichi, haciendo bueno aquello de que “Por Cádiz sí se puede”, ha decidido sustituir el retrato de Juan Carlos de Borbón, que conservaba en
su despacho la anterior alcaldesa del PP, Teófila
Martínez, por el que fuera primer
alcalde y presidente de su Cantón durante la Primera República,
Fermín Salvochea Álvarez. A mi
entender, el retrato de Juan Carlos I
estaba fuera de lugar en el Ayuntamiento, al hacer un año justo que éste había
abdicado de sus funciones en la
Jefatura del Estado. Salvochea, a mi entender hizo mucho más
por la “Tacita de Plata” que el rey emérito. Salvochea fue un gaditano ilustre
y a cada uno hay que darle lo suyo. Fue alcalde en 1883 cuando contaba 31 años.
Pero años antes fue hombre de confianza de Juan
Prim, miembro de la Comuna
de Cádiz y segundo comandante de un batallón de “Voluntarios de la
Libertad” en 1868 hasta el 11 de diciembre, fecha en la
que tras entregarse fue encarcelado en
la fortaleza de Santa Catalina. En 1869
salió elegido diputado a Cortes Constituyentes aunque el Gobierno no
reconociera esa elección. Como ha quedado suficientemente descrito por sus
biógrafos, Salvochea organizó guerrillas armadas contra el Gobierno en la Sierra de Cádiz, tomando
Alcalá de los Gazules, hasta ser derrotado por las tropas gubernamentales y le
obligaron a buscar refugio en Gibraltar. En 1871, gracias a la amnistía
promulgada por el nuevo rey Amadeo de
Saboya volvió a Cádiz. Durante su mandato tomó numerosas medidas para
limitar la influencia de la iglesia. Sustituyó en las escuelas la enseñanza
religiosa por la de "moral
universal". Implantó la jornada laboral de ocho horas, se suprimieron
las fiestas religiosas y se creó una fiesta cívica del advenimiento de la República Federal.
Al disolverse la
Primera República, fue apresado por las tropas del general Pavía, juzgado en Sevilla y
condenado a cadena perpetua en el Peñón de Vélez de la Gomera y en Ceuta. Renunció
al indulto que le consiguió el Ayuntamiento de Cádiz en 1883, se fugó a
Marruecos y de allí pasó a Francia. Retornó a Cádiz, después de la amnistía
tras la muerte de Alfonso XII, en
1885. En 1886 fundó el periódico El Socialismo, donde reivindicaba la
huelga general como herramienta de lucha, por lo que pasó varias veces por la
cárcel y fue clausurado su periódico. Organizó los primeros actos por el
Primero de Mayo en Cádiz en 1890, siendo detenido de nuevo. Estando en prisión
tuvo lugar el Motín Agrario de Jerez de la Frontera de 1892 en
el que fue implicado por falsos testimonios y por el que fue condenado a 12
años de cárcel. Una nueva amnistía le permitió salir de la cárcel en 1899 y
volvió a Cádiz. Allí conoció al médico anarquista sevillano Pedro Vallina y juntos partieron hacia
Madrid, viviendo de forma muy austera, traduciendo algunos libros, y trabajando
en diarios como El Liberal, El Heraldo o El País. Con motivo de la
coronación de Alfonso XIII en 1902
fue detenido junto con otros anarquistas, acusados de tener planeado lanzar
unos explosivos cuando el rey llegase al Congreso. Cinco años después regresó
enfermo a Cádiz y falleció el 28 de septiembre de 1907. Durante su entierro,
empezó a llover de forma torrencial y cuando la comitiva pasaba por el Ayuntamiento,
el alcalde ordenó que el féretro entrara en la Casa Consistorial hasta que
escampase. En Cádiz hay un dicho popular que dice: "Llueve más que el
día que enterraron a Bigote”, nombre cariñoso con el que era conocido
Salvochea. Su figura fue novelada por Blasco
Ibáñez en La bodega, y por Valle-Inclán
en Baza de espadas. En la Guerra Civil, una de las columnas de la CNT que luchó en Aragón contra
las tropas sublevadas, tomó el nombre de Salvochea. En la década de los 80 el
ayuntamiento de Cádiz, le dedicó una calle y le hizo un busto. Fue hijo único
del adinerado Fermín Salvochea Terry,
de origen navarro y dedicado al comercio de vinos, y de María del Pilar Álvarez, prima carnal de Juan Álvarez Mendizábal. jueves, 18 de junio de 2015
Plebeyez insufrible
Cuenta Luis María
Anson hoy en el diario El Mundo
que “a Don Felipe le emocionó su
abuelo Juan III (sic) cuando, al
abdicar los derechos históricos de la
Corona, se cuadró ante su hijo Juan Carlos I y dijo: “Majestad, por España, todo por España”. A mí
alguien con capacidad bastante debería explicarme de una forma que pudiera
entender sin fisuras qué derechos históricos recaían en la persona de Juan de Borbón. El día que su padre Alfonso XIII tomó las de Villadiego, el
exrey de España dejaba de estar en condiciones para nombrar sucesor a título de
rey. Además de ello, lo único que Juan de Borbón hizo por España fue intentar
combatir al lado de los rebeldes en la Guerra
Civil sin éxito. Sería bueno que los españoles no perdiéramos
la memoria. Tanto Alfonso XIII como su hijo Juan dieron su apoyo desde el
exilio al golpe militar del 18 de julio de 1936. Y Juan de Borbón intentó, como
decía antes, ser voluntario. De hecho, entró por Dancharinea, el único paso
fronterizo abierto por los rebeldes. En Biarritz se les unieron el Fernando de Baviera y el conde de Mora,
Juan Manuel Mesía del Barco.
Transcribo parte de lo que cuenta en el capítulo "Juan López en Burgos"
dentro del libro "Momentos
estelares de la Guerra
de España" Carlos Rojas: “Llegados
a Pamplona, visten al príncipe (sic) con un mono de mecánico (el obligado
uniforme de los milicianos de ambos bandos) y le calan la boina roja carlista.
Don Juan pregunta a sus colaboradores qué harán las autoridades militares
cuando conozcan su regreso a España. Le contestan que lo echarán inmediatamente
pero que habrá probado, frente al país, su compromiso entusiasta con la
insurrección. Efectivamente cuando avisan al general Mola de la presencia de don Juan en Burgos con el nombre de Juan López y de su intención de unirse
a una columna en Somosierra, Mola monta en cólera. Ordena que el príncipe (sic)
abandone inmediatamente el país y ruge: "Díganle a esos imbéciles que han
acompañado al príncipe que no les hice matar de milagro". Por añadidura
promete que también "Juan López" será fusilado, con todos los honores
correspondientes a su cargo, si reincide en el intento. (…) De nuevo intenta
don Juan de Borbón ponerse a las ordenes de Franco. El 7 de diciembre de 1936 le escribe ofreciéndose como
marinero en el crucero Baleares
‘pronto listo para hacerse a la mar’. Le recuerda a Franco que hizo estudios en
la Escuela Naval
Británica, navegó dos años en el crucero Enterprise y siguió un curso especial como artillero. Se despide
con sus votos más fervientes para que "Dios le ayude en la noble empresa
de salvar a España". (…) Franco le responde el 12 de enero del año
siguiente. Agradece al príncipe de Asturias (sic) el intento de unirse a la
lucha que "trasciende lo nacional y es parte de la defensa de la civilización
cristiana de Occidente". Pero cree que el entusiasmo de unos y la
obsequiosidad de otros impedirían a don Juan servir de forma adecuada en el
[crucero] Baleares. Sin molestarse en
exponer razones más convincentes, concluye "contra los dictados de mi
corazón" por declinar la apreciadísima solicitud. (…) No obstante, en los
años de la guerra don Juan confía plena y rendidamente en Franco. El príncipe
vive entregado a consejeros tan reaccionarios como Francisco Bonmatí de Codecido (su primer biógrafo) quien lo lleva a
estudiar con la mayor entrega el fascismo y el nazismo, movimientos que
conducen a sus pueblos a "la felicidad, el bienestar, el progreso y la
potencia" según semejante mentor. (…) El 25 de
agosto de 1948 Franco y don Juan sostienen la primera de sus entrevistas en el
yate Azor del generalísimo. El
acuerdo más notorio salido de ese encuentro es la venida a España de los dos
infantes, don Juan Carlos y don Alfonso a cursar estudios. (…) “Al
día siguiente [de la muerte de Franco] don Juan Carlos juraba de nuevo los Principios del Movimiento Nacional ante
las Cortes” y era proclamado Jefe del Estado a título de Rey “desde la emoción
en el recuerdo de Franco”, como dijo aquel 22 de noviembre de 1975 Rodríguez
de Valcárcel, entonces presidente de las Cortes. Dicho eso, sería
conveniente que Felipe VI no sintiese tanta emoción, a juicio de Luis María
Anson, el día en el que su abuelo abdicó de unos derechos históricos de la Corona de los que carecía.
Cuando Juan de Borbón se cuadró sin venir a cuento como si fuese actor de una
opereta y dijo aquello de “Majestad, por España, todo por España” ya sabíamos
muchos ciudadanos a qué modelo España se refería ese sainetesco señor, de
nombre artístico Juan III. Dicho de otra manera: Felipe VI merece todos mis
respetos como Rey de España; su abuelo, no. Y lamento si se ofenden los
monárquicos sobrevivientes que formaron parte de los “cuarenta de Ayete”. A Ansón, tan acostumbrado a dar jaboncillo a la Monarquía de una forma
tan vergonzosamente plebeya, le recuerdo que la soberanía reside en el pueblo,
dueño de sus destinos.
lunes, 15 de junio de 2015
Un chiste en El Progreso
Hoy lo más gracioso de la prensa gráfica es la viñeta de Santy Gutiérrez en El Progreso, de Lugo. En el vestíbulo de un Ayuntamiento hay dos
tipos de seguridad observando a un ciudadano que entra cartera en mano, con
vaqueros y la camisa por fuera del pantalón. Uno de los encargados de la
seguridad le llama la atención en gallego: “Eh, eh, oia, onde vai vostrede,
documentación por favor”. El otro encargado de seguridad le toma por el brazo a
su compañero mientras le recuerda: “Epa, tío! E a terceira vez esta semana quer
paras ao alcalde”. Y el compañero, dándose cuenta de su metedura de pata, dice:
“Cagonamar! Que lle costará poñer garabata”.
Me he tenido que acercar a la sabiduría de Eligio Rivas Quintas, (1978) “Frampas,
contribución al diccionario gallego”, CEME, Salamanca, para conocer a
ciencia cierta qué es eso de “garabata”.
Al fin, como ya suponía, hace referencia a “corbata” entre otras 14 acepciones:
trampa, enredo; angazo con dientes y mango largos; horca de hierro formada en
ángulo recto que se usa para escardar patatas; brezo pelado y quemado que se
utilizaba para alumbrar; etcétera. Desde luego, el alcalde de la viñeta no era Lara Méndez, que ha conseguido ser
alcaldesa con el apoyo de 13 votos (8 del PSOE, 3 de Lugo Novo y 2 del BNG) y a
la que le deseo suerte en su nueva gestión. Los ciudadanos, no queda otra,
deberán acostumbrarse a las nuevas cualidades y las nuevas maneras de muchos de
los alcaldes y ediles recién salidos de las listas electorales. Por ejemplo, Carmena, viajando en el metro de
Madrid; Colau, entre la gente de
Barcelona; Ribó, por Valencia
montado en bicicleta… Esas cosas jamás se le habrían pasado por la cabeza a Botella, Trías o Barberá. Los
alcaldes deben acercarse a la ciudadanía. Forman parte de ella. Doy por hecho
que Carmena una de las primeras cosas que cambiará, además de bajarse el sueldo
considerablemente, será deshacerse del sirviente que hasta ahora servía el café,
no sé si con leche, a Botella en el Palacio de Cibeles. ¿Cuánto ganaba ese
asistente? ¿A qué otras labores se dedicaba en su horario laboral? Botella,
allá donde se encuentre, debería explicarlo. En fín, todo es cuestión de
tiempo. Hay que levantar muchas alfombrar por ver qué hay debajo. Las sorpresas
pueden ser acojonantes.
sábado, 13 de junio de 2015
Hay que abrir las ventanas
Aquí hay de todo: desde el plumilla que llama “chusma” a los
votantes de la izquierda que ahora han conseguido cambiar el Ayuntamiento de
Sevilla y que compara lo que ahora acontece con la Revolución de Asturias
de 1934, hasta el que cuenta disparates
por no haber alcanzado la poltrona ( caso de Esperanza Aguirre), o haber salido tarifando después de mogollón de
años haciendo de la ciudad por ellos gobernada su particular cortijo;
verbigracia: Rita Barberá o Francisco Javier León de la Riva. Otros, que aparentaban ser más moderados, se han limitado
a dirigir una orquesta de periodistas del pesebre para que escribiesen mañana,
tarde y noche sobre la llegada del Frente Popular, como si Podemos, Ciudadanos
y Comprimís fuesen unos virus peligrosísimos sobre los que no existe vacuna
alguna disponible para evitar una posible pandemia. Son, todos ellos, como los
causantes de la gripe española de 1918 trasladada al siglo XXI. Lo que acontece
ahora le parece a la derechona de inusitada gravedad. El virus se ha trocado
mutante y virulento. Sí, hagamos memoria, como desean algunos miserables. Aquel
año, 1918, el año de la gripe española, hubo elecciones generales y fueron
elegidos 412 diputados. El partido más
votado fue el Liberal Conservador, de Eduardo Dato, pero dos
facciones del Partido Liberal (García
Prieto y Álvaro de Figueroa)
obtuvieron más votos. Hubo una Alianza de Izquierdas (Partido Reformista,
Federación Republicana, PSOE, Partit Republicà Català, Partido Republicano
Radical, PURA, Partido Republicano Democrático Federal y Republicanos Nacionalistas
Catalanes Independientes) que intentó presentar la alternativa de Melquíades Álvarez. Finalmente fue elegido
presidente del Congreso Miguel
Villanueva y presidente del Senado Alejandro Groizard. El nuevo presidente
del Consejo de Ministros, Antonio Maura,
dirigió un gabinete con mezcla de conservadores, liberales y de la Lliga, que duró lo que un
pirulí a la puerta de un colegio. El 9 de noviembre el Gobierno era sustituido
por liberales y designado presidente Manuel García Prieto, que dimitió 26
días más tarde. El 5 de diciembre era nombrado presidente Figueroa, aquel que dijo “¡joder, qué tropa!” cuando no le apoyaron
para ingresar en la Real Academia,
y que en enero de 1919 suspendió las garantías constitucionales. El 15 de abril
del año siguiente se convocaban nuevas elecciones. ¿Ese modelo queremos para
España? Hay hasta quien llama “horda de una vociferante chusma impresentable” a
aquellos ciudadanos que han conseguido, no sin esfuerzo y por medio de las
urnas, un cambio de modelo de política municipal. Si ese es el nuevo Frente
Popular, bienvenido sea. Y ya puestos, espero que esa “chusma impresentable”, a criterio de los hijos
y nietos de los que apoyaron a Franco con todas sus consecuencias,
ganen las próximas generales y hagan unas nuevas Cortes Constituyentes por mor
de la afición y por higiene política.
viernes, 12 de junio de 2015
A propósito de una revocación
El Rey ha revocado el título de duquesa de Palma de Mallorca a su hermana Cristina. A su marido no ha hecho falta, por ser consorte. De nada
sirve que la infanta pretenda “rebozarlo” con
una carta de fecha 1 de junio, que dice mandó a La Zarzuela para adelantarse
a los acontecimientos. Las mentiras tienen las patas muy cortas. Los derechos
dinásticos a la sucesión en el Trono de esa mujer están en séptima posición,
conque no hay “peligro” de que llegue a reinar en este país. Hay precedentes de
revocaciones de títulos nobiliarios. A
Enrique de Borbón y Borbón Dos Sicilias, hijo de Francisco
de Paula, vivo retrato de Godoy,
hermano de Francisco de Asís y nieto
de Carlos IV, le fue revocado el
título de duque de Sevilla (concedido en 1823 por Fernando VII) y el tratamiento de infante de España por su simpatía
con la causa republicana durante la Revolución de Francia de 1848 que acabó con el
reinado de Luis Felipe. Precisamente
un hijo de ese rey de Francia, Antonio
de Orleáns, casado con Luisa
Fernanda, hermana menor de Isabel II,
lo mató de tiro de pistola en duelo llevado a cabo en Leganés el 12 de marzo de
1870. Enrique de Borbón dejaba tras de sí tres hijos varones (un cuarto hijo
había muerto en la infancia, y su única hija, María del Olvido, estaba casada con un aristócrata). Durante el
reinado de Alfonso XII, los tres varones restantes se hicieron
un hueco entre las filas militares, y a pesar de no gozar del título ni de las
prerrogativas de infantes, sí tenían una relación cercana con su primo el rey.
Alfonso XII, generoso como su madre, repartió títulos a sus tres primos
huérfanos: Enrique Pío sería duque
de Sevilla (como lo había sido su padre), Francisco
de Paula no ostentó título nobiliario alguno y Alberto (1854-1939) fue marqués (y posteriormente duque) de Santa
Elena. Alberto se casó tres veces. Su segunda esposa, Clotilde de Gallo y Díez de Bustamante (casada en primeras nupcias
con el marqués de Viesca de la Sierra), fue asesinada
en Madrid en 1936. Tuvo tres hijos de su primer matrimonio: Isabel, Inmaculada y Alfonso, que sería duque de Santa Elena
a la muerte de su padre. Alfonso tendría a su vez un hijo que moriría en Lérida
luchando el día de Navidad de 1938; su temprana muerte le impidió heredar el
título paterno, que pasaría por lo tanto a su propio hijo, Alberto Enrique de Borbón y Pérez del Pulgar (1933-1995), padre del
actual duque, Francisco de Paula de
Borbón y Escasany (n. 1943), economista y empresario. Pero, desgraciadamente,
para Francisco de Paula (1853-1942) su
larga vida estaría repleta de infortunios. La Guerra Civil
española, que raras veces se asocia con la dinastía Borbón por encontrarse
entonces en el exilio el rey Alfonso XIII y su familia, diezmaría a su
familia Su hija mayor, Elena (1878-1936)
y sus dos hijos varones, nacidos de su segundo matrimonio, Enrique (1891-1936)
y Alfonso (1893-1936) serían fusilados por los republicanos en
los primeros meses de la guerra. También perdió a tres de sus nietos: Jaime
de Borbón y Esteban, que tenía sólo 14 años, fue fusilado junto a su
padre; y sus primos María Luisa González-Conde y Borbón, de 24
años, y José Luis de Borbón, teniente de infantería, que murió
luchando al lado de los rebeldes en Gerona, en 1938. Enrique Pío
(1848-1894), contrajo matrimonio con una francesa que le aportaría tres hijas,
herederas en un momento u otro del ducado paterno. La primera de ellas, María
Luisa, fue duquesa de Sevilla, pero al no tener descendencia el título
debería haber pasado a su siguiente hermana,
Marta, que cedió sus derechos en favor de la
menor, Enriqueta (1882-1968). Estaba entonces casada ya con su
primo carnal, Francisco, hijo de su
tío Francisco de Paula. Tuvieron dos hijos: Isabel, que se casaría con un noble italiano, y Francisco de Paula (1912-1995), que
heredaría el ducado de Sevilla de su madre, y contraería matrimonio dos veces;
primero con una de las hijas de los condes
de la Puebla
de Claramunt, y en segundas nupcias con otra dama que le daría su tercer
hijo. El actual duque de Sevilla, hijo del primero de esos dos matrimonios, está
casado en terceras nupcias y tiene varios hijos. El hermano del Duque de
Sevilla, Alfonso, está actualmente
casado con la también mediática Marisa
Yordi, alias Marisa de Borbón, y son padres de dos hijas,
la menor de las cuales está casada con un hijo de Alfonso Ussía. Pero las desgracias de esa familia no terminaron
ahí. En 2003 el capitán Iñaki López de Borbón perdió la vida
en el accidente del Yakovlev-42 que
se estrelló en Turquía. Su madre, Milagros
de Borbón, es biznieta de Francisco
de Paula de Borbón y Castellví. Y en 2005, Alfonso de Borbón y
Medina, primo carnal del actual duque de Santa Elena, murió en un
accidente de tráfico en Valladolid. Curiosamente, Blanca de Borbón y
León, hija menor de Francisco de Paula de Borbón y Castellví, se casó
con Álvaro de Figueroa Torres, conde
de Romanones, y fue la madre de Victoria
de Figueroa y Borbón, marquesa de Tamarit y madre de los hermanos Suelves, así como de Blanca de Figueroa y Borbón, mujer de Jaime Martínez de Irujo y Artazcoz, cuñado
de la duquesa de Alba. Otra nieta, Natalia Figueroa está casada con el
cantante Raphael, actual consuegro
de José Bono.
Hubo otro precedente
en revocaciones de títulos nobiliarios. Alfonso XIII revocó en 1924, por su
poco ejemplar comportamiento, el título de infante de España (que le había
concedido la reina regente María
Cristina) a Luis Fernando de Orleáns
(Madrid, 1888-París, 1945) hijo de la infanta Eulalia y de Antonio de
Orleans, nieto de Isabel II. Aquel año, Francia le había expulsado de su
territorio por un oscuro caso de drogas. Llegó a ser un destacado miembro de la Resistencia francesa.
Murió de un cáncer testicular. De cualquier manera, en 1984 se suprimió el
último privilegio legal que tenían los títulos considerados como Grandes de
España. Era el derecho a pasaporte diplomático. En el caso de la infanta, el
título era graciable. A su muerte debería revertir a la Corona. Tal fue el
caso de Alfonso de Borbón y Dampierre,
duque de Cádiz concedido por Franco
al estar vacante, o de Juan de Borbón, conde
de Barcelona. En la actualidad sólo quedan tres títulos graciables: Pilar de Borbón, duquesa de Badajoz; Margarita de Borbón, duquesa de Soria;
y Elena de Borbón, duquesa de Lugo.
Entre las funciones del Rey está la de conceder honores y distinciones con
arreglo a las leyes, y así se contempla en el artículo 62 de la Constitución
Española. Los títulos nobiliarios se transmiten por Real
Decreto firmado por el ministro de Justicia y se publican en el BOE. Juan Carlos I otorgó durante su reinado
55 títulos nobiliarios. En España hay en la actualidad, además de los duques, alrededor
de 1.300 marquesados; unos 1.000 condados; unos 150 vizcondados; sobre 170
baronías; y, que yo sepa, un señorío, el de Meirás.
martes, 9 de junio de 2015
La fosa 32 y Ana Botella
Yo aposté doble contra sencillo a que Ana Botella no dejaría la Alcaldía de Madrid sin dedicar un monumento a Miguel de Cervantes en las Trinitarias.
Y que aprovecharía tal ocasión, la ocasión la pintan calva, para colocar una placa
donde figurase su nombre y que lo vieran los turistas, como si esa señora que
ahora se larga de la Alcaldía
con más pena que gloria hubiese sido la descubridora de la vacuna contra el
sarampión. El acto será el próximo día 11, es decir, pasado mañana. Para ello se va a proceder a quitar una imagen
de san Antonio de Padua de un
altillo, con lo milagroso que es el lisboeta, para dejar sitio a
los huesos encontrados en la fosa
32 de la cripta, que no sabemos a ciencia cierta a quién pertenecen. Pero
el diario ABC acaba de anunciar que
la cosa no quedará ahí. Dice: “Cervantes recibirá una misa sencilla, pero
solemne. Será honrado como un hombre de armas, como soldado del Rey. El acto
contará con los honores de una banda militar, el toque de oración a los caídos
y el himno nacional”, no sabemos si con la letra compuesta en 1928 por José María Pemán, como sería lo
deseable para ese diario. Ya saben, aquello de “¡Viva España!, alzad la frente, hijos del pueblo español que vuelve a
resurgir…”. Hay que tener cuidado. Recuerden cuando al equipo español de Copa Davis le pusieron en Australia el Himno de Riego, o cuando Diego Valderas, de IU, siendo
vicepresidente de la Junta
de Andalucía fue recibido en el Centro Cultural Palestino Andaluz en Beit Sahur
con el himno nacional con letra del gaditano. De haber vivido hoy Cervantes se
partiría de risa con el toque de oración a los caídos y con un himno nacional
del que él nunca tuvo noticia. La Marcha
Granadera es himno de España desde Carlos III, con la excepción del Trienio Liberal, y las dos
Repúblicas. Además de ello, los derechos de autor no se adquirieron plenamente
hasta 1997. Su primera mención aparece
en 1761 en el Libro de la
Ordenanza de los Toques de Pífanos y Tambores que se tocan
nuevamente en la Ynfant°
Española, compuestos por Don Manuel de
Espinosa. Existe otras letras: una de ellas de Eduardo Marquina (1927); otra de
Jon
Juaristi, Luis Alberto de Cuenca, Abelardo Linares y Ramiro Fonte, a instancias del entonces presidente del Gobierno José María Aznar. Era aquella de “Canta, España, / y al viento de los
pueblos lanza tu cantar: / hora es de recordar. /Que alas de lino/ te abrieron
camino/ de un confín al otro del inmenso
mar. / Patria mía…”, etcétera. Vamos, más cursi que un ataúd con pegatinas.
Por fortuna, no cuajó. Hubo otras letras: una versión seleccionada por el
Comité Olímpico Español en 2007, obra de Paulino
Cubero; una versión de Joaquín
Sabina; y otra de autor desconocido aparecida en la Enciclopedia Álvarez.
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