lunes, 20 de julio de 2015

Silla de pista




Se abre el telón. Esperanza Aguirre pide la derogación de la Ley de Memoria Histórica y Rafael Hernando dice que “los familiares de las víctimas del franquismo se acuerdan de desenterrar a su padre sólo cuando hay subvenciones”. ¡Hace falta ser lerdos! Hernando tuvo como respuesta a sus insensatas palabras una querella de la  ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) que fue finalmente archivada. Una, actual portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid; y el otro, actual portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso de los Diputados, son dos claros ejemplos de cómo anda el aceite del candil de la derechona contumaz. Hernando se permitió decir en una tertulia de televisión que “las consecuencias de la Segunda República llevaron a un millón de muertos”; comparó a Andalucía con Etiopía  a la hora de criticar las medidas que la Junta había aprobado en un intento de luchar contra la exclusión social y la malnutrición infantil en esa Comunidad Autónoma; cuando en octubre de 2012 el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz archivó en un auto la causa contra ocho imputados por la protesta del 25-S (refiriéndose a la decadencia de la clase política),  dijo que "Pedraz es un pijo ácrata”; y pocos días después llamaba “gran villano” a Javier Bardem. Esa fue su respuesta al actor a Barden cuando a éste le se ocurrió decir que al Gobierno de Rajoy el paro le servía de excusa para restringir los derechos laborales, etcétera. Podría citar más “perlas cultivadas” de esa lumbrera, pero ese tipo no merece tanta publicidad por mi parte. De Esperanza Aguirre, ¿qué decir? Toda su trayectoria se puede resumir en una anécdota: en la inauguración del Colegio “Dulce Chacón”, en Fuenlabrada, le preguntó a su madre, “¿qué tal Dulce? Está en Cuba, ¿no?”, cuando ya llevaba varios años fallecida. Cesa la orquesta en el pequeño foso, se nublan las candilejas y el espectador, turulato, se hunde en la butaca de platea.
 --¿Qué opina del método Stanislavski?
-- Pchsss…, no sabría decirle.
Telón.

domingo, 19 de julio de 2015

Ventoleras





No veo nada malo en que  Jaime Mayor Oreja y Antonio Burgos  “lloren mutua y telefónicamente en sus respectivos hombros por España” cada vez que quedan para almorzar. Tampoco he visto mal que Felipe VI apareciese hace pocos días en la portada de ABC vestido de marino. No -como señala Burgos- de “uniforme de almirante, como su augusto abuelo”, en la entrega de despachos en la Escuela Naval de Marín, sino de uniforme de capitán general de la Armada, de acuerdo con lo establecido en Constitución Española, Título II, artículo 62, apartado h. A mi entender, Felipe VI nada tiene que ver con su abuelo paterno, pretendiente al trono de España y que fue nombrado almirante honorario el 8 de julio de 1978; y el 4 de diciembre de ese año  ascendido a capitán general de la Armada. Por mí como si el Gobierno le hubiera querido nombrar marqués de Carabás, como en el cuento de El gato con botas. “Y en esa portada de ABC se desgranaba -sigue escribiendo Burgos- cuanto me contaba Jaime Mayor en su último llanto común. Todo esto me lo predijo. Que ahora la gente le estaba echando mucha cuenta a Podemos, a Carmena, a Colau, a Kichi, pero que se acerca un futuro mucho más grave. Y que el apoyo del PSOE para que Podemos gobierne (o lo que ellos entiendan por gobernar) en muchos ayuntamientos no ha sido más que un ensayo general con vestuario para las elecciones generales. En las que piensan ya en el Frente Popular. Que lo harán. Y cuando lo hagan, con la colaboración de los separatistas catalanes y vascongados que, por ejemplo, han anexionado prácticamente a la españolísima Navarra, no se quedarán ahí. Irán a por la Iglesia, como Susana Díaz va ya a por la Catedral de Córdoba. E irán a por la Constitución de la unidad de España y de las libertades y, con ella, a por la Monarquía”. ¿Cabe mayor estulticia? Si les digo la verdad, a cualquier ciudadano corriente lo que le preocupa no es la posible unión de fuerzas de cara a las generales para formar un frente, se llame como se llame, sino la frente cetrina de determinados plumillas que ven gigantes donde sólo hay molinos de viento. Y la ventolera que producen las agitadas aspas de esos molinos en la prensa (también en el resto de los medios y desde los púlpitos) sólo incita, una vez transustanciada esa ventolera en tinta de rotativa, a procurar desconfianza a los lectores del periódico de Vocento. Igual que lo pretende con poco éxito el canal  13 TV, del que la Conferencia Episcopal posee un 51 por ciento de su capital social, en su espacio “El cascabel al gato”, que modera Antonio Jiménez desde su marcha de Intereconomía. Menos mal que Burgos no cuenta que ese embrión de Frente Popular todavía  no esté buscando eriales para transformarlos en un nuevo Paracuellos.

sábado, 18 de julio de 2015

Cosas tenedes, Cid,...





El Gobierno acaba de aprobar un Real Decreto por el que se modifica otro del 6 de noviembre de 2009, que desarrolla parcialmente la Ley del 22 de junio de 2007 de acceso electrónico de los ciudadanos a los servicios públicos. Dicho así, el lector no se entera de nada. Normal que así sea. El Gobierno que preside Mariano Rajoy se pasa el día mareando la perdiz. El Real Decreto en cuestión viene a decir que el Consejo de Ministros ha reformado este viernes la Norma de Acceso Electrónico a los Servicios Públicos de forma que, a partir de ahora, los empleados públicos podrán usar seudónimo en determinadas actuaciones pero, a la vez, el Estado tendrá plena garantía de que la verdadera identidad de los funcionarios será revelada a la Justicia en el caso de ser requerida por la misma. O sea, que si se llama usted Juan Ramírez de la Piscina y es funcionario público podrá utilizar el seudónimo de Carlos Segundo, sin necesidad de tener que estar hechizado. Ese cambio de nombre ya lo utilizaba Felipe González cuando se hacía llamar Isidoro, las monjas cuando ingresan en los conventos, los masones, los agentes secretos del CNI, algunos actores de cine y determinados escritores de novelas del Oeste cuando trabajaban sin descanso para la Editorial Bruguera. Hasta Fernando Lázaro Carreter utilizó seudónimo para confeccionar su obra de teatro La ciudad no es para mí. La obra de moralizantes valores franquistas estuvo firmada por Fernando Ángel Lozano. Lázaro Carreter calificó su obra como “un pecado venial de juventud”. En 1966 fue llevada al cine bajo la dirección de Pedro Lazaga. Algo parecido sucedió con la película Raza, con argumento de Jaime de Andrade, seudónimo de Francisco Franco, estrenada en 1941 y dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, primo carnal de José Antonio Primo de Rivera. A ese director  le encomendaría años después Manuel Fraga, otro demócrata de toda la vida, la dirección del film Franco, ese hombre, para conmemorar en 1964 los “XXV años de paz”,  que constituyó una eficaz pieza hagiográfica del dictador. La película narra la historia de cuatro hermanos, Isabel, Pedro, José y Jaime, hijos del capitán de navío Pedro Churruca y descendientes de Cosme Damián Churruca. Churruca padre, emulando a su ilustre antepasado, muere al principio de la película en Cuba, todavía colonia española, en una misión suicida contra la armada de los Estados Unidos. Como no podía ser de otra manera, su muerte es producto de la masonería, que domina la política española. En fin, va a tener razón Alfonso Guerra cuando dijo aquello de que “a España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Pensaba terminar hoy mi post con aquello de “cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras”, atribuido a Miguel de Cervantes. Pero no es cierto. Tal expresión es mucho más antigua. Se remonta al romancero derivado del Cantar de Mío Cid, cuando Rodrigo Díaz de Vivar le dice a Alfonso VI, cuando le propone al guerrero conquistar Cuenca: “Muchos males han venido por los reyes que se ausentan...” y el monarca le replica: “Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”. Feliz fin de semana.

viernes, 17 de julio de 2015

Presuntos serranos





Este es un país tan raro que hasta los cursillos prematrimoniales los imparte un cura. Dejó escrito Joseph-Vicent Marqués que “cierto es que el matrimonio es un sistema de mutuas represiones; pero la jerarquía eclesiástica no ha venido siendo muy partidaria de que los curas se metieran a denunciar injusticias sociales, sino sólo el tamaño de los bañadores y muy vagamente el egoísmo de los ricos”. No pasa nada. Y si pasa, ¿qué pasa? Hoy los matrimonios se rompen por whatsapp y de nada sirven las prédicas de los funcionarios del Cielo sobre la indisolubilidad del sacramento.  La asignatura de Religión, impartida por profesores vergonzosamente designados a dedo por  los obispados y que no han sufrido el rigor de la correspondiente oposición a profesores de Secundaria, se ha convertido en la nueva disciplina de Formación del Espíritu Nacional que otrora impartían en las aulas falangistas de viejo cuño y alféreces provisionales cesantes que habían dejado de portar en la solapa el marchamo de cadáveres efectivos. En España no terminamos de quitarnos de encima el “espíritu de cuerpo”: cuerpo de funcionarios de Correos, de Secretarios Judiciales, de Policía, de Bomberos, etc, que también incluye a los tentebonetes y a los ventajistas que mantienen con uñas y dientes sus prebendas de años pasados y, cómo no,  las sucias canonjías. ¿Cómo puede decirse que el Poder Judicial es independiente cuando existe un Ministerio de Justicia? El artículo 117 de la Constitución señala una cosa y la realidad es otra. A los españoles nos consideran renacuajos desvalidos a los que no se nos puede dejar solos. Y enfundándose en la bandera rojigualda, esa bufanda de aparente orden, las Instituciones del Estado encargadas de administrar ecuanimidad encarcelan al robagallinas y dejan suelto al ladrón de camisa blanca para que continúe haciendo tropelías a tutiplén. Podría poner ejemplos, pero no lo haré. No es misericordioso dar publicidad a los desvergonzados. Además, muchos tipos vomitivos que tengo en mente son todavía “presuntos”,  como denominan en Portugal al jamón serrano. Dejémoslo en que son  ”presuntos serranos”. Lo que en España es un adjetivo, en Portugal es un sustantivo. Es una cuestión de Gramática, de gramática parda quiero decir, que es la habilidad para salir con ventaja de situaciones comprometidas. Por estos pagos carpetovetónicos, como sucede en la ruleta, la banca siempre gana.

jueves, 16 de julio de 2015

Las misas, en los templos




Según tiene escrito César Vidal, “el plan de los rebeldes [para la toma del control de Barcelona el 19 de julio de 1936] consistía en que Fernández Burriel capitaneara el alzamiento -hasta la llegada del general Goded, procedente de Mallorca- y que fuera apoyado por el general Legorburu desde el cuartel de San Andrés (7ª de Artillería ligera). Unidos a fuerzas de Infantería y Caballería, los alzados debían confluir sobre el casco viejo y tomar los centros neurálgicos, en especial, la Consejería de Gobierno, la Comisaría de Orden Público y la Generalidad. El Regimiento de Badajoz debía apoderarse de la Telefónica y el de Montesa tenía que mantener el enlace con la Infantería situada en la zona de la plaza de la Universidad-plaza de Cataluña y tomar, con otras tropas, el Paralelo. Llegados a ese punto, las fuerzas sublevadas estrecharían el cerco del casco antiguo rindiendo la ciudad. (…) Cuando sobre las dos de la tarde, la Guardia Civil, mandada por el coronel Escobar, decidió mantenerse dentro de la legalidad, el fracaso golpista quedó decidido de forma irreversible. Escobar reconquistó la plaza de la Universidad y luego intervino decisivamente en la Plaza de Cataluña en combinación con los guardias de Asalto y con diversos contingentes obreros. De hecho, el emblemático Buenaventura Durruti protagonizó así el asalto al edificio de la Telefónica que concluyó con un éxito, pese al número elevadísimo de pérdidas obreras. A media tarde del día 19, Goded telefoneó al general Aranguren para intentar llegar a un arreglo que éste no aceptó. El general sublevado sólo podía ya rendirse sin condiciones y con esa finalidad telefoneó al consejero de Gobernación. Sólo insistió en que fuera la Guardia Civil la encargada de prenderlo. Así sucedió poco después de las siete. Tras entrevistarse con Companys, Goded pronunció un mensaje por radio en que afirmaba que la suerte le había sido adversa y que los que desearan continuar la lucha quedaban libres de compromiso y no debían contar con él. Goded sería trasladado al buque Uruguay. Tras ser juzgado por un consejo de guerra, fue fusilado en agosto. Su hijo fue canjeado en octubre de 1937”. Todo lo expuesto viene a cuento con la pretensión de un grupo de exaltados de celebrar una misa en el foso de Santa Elena del castillo de Montjuïc el próximo domingo día 19. Se da la circunstancia de que aquel malhadado 19 de julio de 1936 también era domingo. Tal ceremonia ha sido prohibida por la Alcaldía. Como bien señala El País, “para el gobierno de la alcaldesa, Ada Colau, la misa contraviene la ley de Memoria Histórica y de autorizarla el Ayuntamiento, propietario del castillo, contravendría él mismo las disposiciones que establecen que las administraciones no pueden realizar menciones conmemorativas del alzamiento militar y de la represión de la Dictadura”. Las misas deben celebrarse en los templos. En Montjuïc hubo muchos fusilamientos. La memoria es flaca y casi nadie recuerda haber oído hablar el fusilamiento de José Molas Durán el 4 de mayo de 1897. El 1 de enero de 1893 participó como orador, en representación de los albañiles, en el mitin de la plaza de toros de Barcelona, ​​junto con Manuel Ars Solanellas. Al día siguiente del 24 de septiembre de 1893, fecha del atentado contra el general Arsenio Martínez Campos en manos de Paulino Pallás Latorre convertido en la Gran Vía barcelonesa, fue detenido como destacado militante anarquista y permaneció encarcelado gubernativamente durante más de un año. Una vez libre, el 3 de julio de 1895 fue nuevamente detenido, pero por una cuestión de faldas y soltado poco después por falta de pruebas. El 8 de junio de 1896, al día siguiente del atentado contra la procesión del Corpus Christi en la calle de los Cambios Nuevos de Barcelona, ​​fue detenido, junto con muchos otros militantes, los inspectores de policía Daniel Freixa y Antoni Tresols. Su encarcelamiento en el castillo de Montjuïc fue completamente arbitrario, sin garantías procesales y, a partir del 6 de agosto, fue sometido a tortura, dirigida por la sección especial de la policía judicial barcelonesa encabezada por el primer teniente de la Guardia Civil Narciso Portas Ascanio. En el montaje policial se le acusó, a pesar de tener coartada con testigos, de ser coautor con cooperación directa del atentado, atribuido al principal acusado, Tomás Ascheri. Entre el 11 y el 15 de diciembre de 1896 tuvo lugar el consejo de guerra ordinario a puerta cerrada, donde hizo una exposición de las torturas infligidas, pero el 19 de diciembre de 1896 fue condenado a muerte junto con siete compañeros. El 28 de abril de 1897 la Sala de Justicia del Consejo Supremo de Guerra y Marina de Madrid, que debía revisar el caso y dictar la sentencia definitiva, condena a muerte a cinco de los procesados ​​(Juan Alsina Vicente, Tomás Ascheri Fossati, Lluís Mas García, José Moles Duran y Antoni Nogués Figueras). El 3 de mayo recibió la notificación sentencia, cantando el himno anarquista, y ese mismo día los condenados entraron en capilla. José Molas y Duran fue fusilado el 4 de mayo de 1897 en los fosos de la fortaleza militar del castillo de Montjuïc. Y su cuerpo sepultado en una fosa común del cementerio barcelonés del Sur Oeste. Pero los barceloneses sí recuerdan los fusilamientos de Ignacio Trías Bertrán, tío de los Trías Sagnier, primos de Xavier Trias. El 11 de agosto de 1938 fueron asesinados treinta y un condenados políticos que estaban en la cárcel Modelo. En Montjuïc se juntarán con los treinta y dos que ya están en el Cuerpo de Guardia esperando su fusilamiento. Serán sesenta y tres los ejecutados, treinta y uno que procedían de la Cárcel Modelo y treinta y dos que ya estaban en el Castillo de Montjuïc.Y en los fosos de Montjuïc morirían, también, Antonio Escobar, (ascendido a general en 1938 y que había rendido sus tropas el 26 de marzo de 1939 al general Yagüe en Ciudad Real), el 8 de febrero de 1940; y Lluis Companys [entregado por la Gestapo al jefe de policía Pedro Urraca en Irún el 13 de agosto] muerto el 15 de octubre de ese mismo año.
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Nota.- La foto que acompaña este post es de Companys momentos antes de su ejecución.

miércoles, 15 de julio de 2015

¡Menos lobos, Caperucita!




La Fundación Nacional Francisco Franco está dispuesta a demandar a aquellos alcaldes que aprueben la retirada de “monumentos, vidrieras, escudos y estelas por daños al patrimonio histórico artístico del pueblo español” y acusa al PP de ser "responsable del actual clima de discordia por negarse a derogar la Ley de Memoria Histórica y aplicarla en numerosos municipios “contra el sentir de sus votantes”. ¡Toma ya! A la actual presidenta, Carmen Franco Polo, hija del dictador, habría que invitarle a que se diera una vuelta por Alemania. Podría comprobar in situ que allí no existe ni un solo monumento que recuerde a Adolf Hitler y, también, que están prohibidos los símbolos nazis, la mayor vergüenza de toda la historia de ese país. Franco fue corresponsable de un golpe de Estado y responsable directo de una guerra civil que todavía hoy, casi ochenta años más tarde, tiene heridas sin cicatrizar. Las demandas que pudiese llevar a cabo esa Fundación sólo pueden asombrar a unos demócratas que pasan olímpicamente de un grupúsculo de carcamales nostálgicos que nada tienen que ofrecer. A Carmen Franco Polo, de 89 años de edad, podría recordarle que el 16 de febrero de 2012, la Institución que ella preside, inició los trámites para denunciar a Eugenio Merino por su escultura Alwais Franco, expuesta en la edición de ARCO de 2012. La denuncia, como no podía ser de otra manera, fue desestimada por la juez Rocío Nieto Centeno el 17 de julio de 2013. Meter, como hizo Merino, a un maniquí del dictador en una nevera de Coca-Cola no parece que sea motivo para rasgarse las vestiduras. La libertad de expresión, en este caso la libertad de expresión artística, debe ser respetada al estar contemplada en la Constitución de 1978 en su artículo 20. Lo que no es de recibo es pretender, como pretende la Fundación Francisco Franco, que se eche tierra encima sobre la Ley de Memoria Histórica. Ya hay demasiada tierra encima de españoles fusilados por el fascismo en las cunetas de las carreteras. Y muchos ahí continúan para vergüenza de todos.

lunes, 13 de julio de 2015

La guerra de nunca acabar





Eso del posible cambio en el callejero madrileño auspiciado por la alcaldesa Carmena, referido a la posible eliminación de rótulos relacionados con el franquismo, está dando mucho juego en la prensa diaria. Hay opiniones para todos los gustos, todas ellas respetables. Hoy leo en El Mundo la opinión de Fernando Sánchez Dragó al respecto y, caso de resultar ser cierto lo que él expone, tiene razones más que suficientes para estar indignado. Yo también lo estaría. En su artículo “Callejero franquista”, Sánchez Dragó hace referencia a su padre, el periodista Fernando Sánchez Monreal, fusilado en Burgos al inicio de la guerra civil por una denuncia de otro colega suyo, Juan Pujol Martínez, al que Sánchez Dragó denomina como “facha cum laude, trepa de manual, jerarca de la agitprop franquista e inquilino hoy del segundo círculo del Purgatorio según Dante, en el que los envidiosos pagan sus culpas con los párpados cosidos, denuncia a mi padre, tildándolo de marxista al servicio de Moscú”. Pero Sánchez Monreal, que por aquellos días se encontraba en Valladolid por motivos de trabajo, era un profesional nada sospechoso de tener ideas que “merecieran” ser condenables por los rebeldes. Era redactor-jefe de La Voz, director de la Agencia Febos y –según describe Sánchez Dragó- “estaba afiliado al partido católico, conservador y republicano de don Antonio Maura”. Ahí creo que tiene una laguna de memoria el columnista. Supongo que habrá querido referirse a Miguel Maura Gamazo, séptimo hijo de Antonio Maura, fundador del Partido Republicano Conservador, tras las desavenencias con Niceto Alcalá Zamora, ya que ambos habían pertenecido a Derecha Liberal Republicana (uno de los partidos firmantes del Pacto de San Sebastián). Pues bien, Sánchez Dragó cuenta en su artículo lo que le aconteció un día, paseando por una determinada zona de Madrid: “Recorro Espíritu Santo, desemboco en Marqués de Santa Ana, alzo los ojos y veo, allá en lo alto de la esquina, una placa azul del Ayuntamiento en la que se lee: Calle de Juan Pujol. ¡El nombre del delator de mi padre inmortalizado a dos pasos de mi domicilio! Llamo a unos amigos y les pido ayuda para lavar la afrenta. Dos días después, a media tarde, nos encontramos todos en el lugar de autos. Lo hacemos provistos de una escalera de mano, un escoplo, un bote de engrudo y otra placa, idéntica a la del Ayuntamiento, en la que pone: Calle de Fernando Sánchez Monreal. (…) Adosamos la escalera a la esquina del oprobio. Mis amigos la sujetan. Trepo por ella. Arranco la antigua placa. Coloco la de mi padre. La fijo con el engrudo. Llega un coche de la policía, a la que mis amigos, por sugerencia mía, han avisado. Me acerco a los agentes. Les entrego el DNI. Pido que me lleven a la comisaría. Me miran. Sonríen. « ¡Venga, Dragó!», me dicen. «No vamos a detenerle por tan poca cosa. Diremos que lo ha hecho un desconocido». Insisto. Insisten. Se van. Al día siguiente reponen la placa del felón. Envío una carta al alcalde. Es Gallardón. Le pido que haga justicia y que honre la memoria del periodista asesinado. Me responde. Tengo su carta. En ella promete que lo llevará al pleno del Ayuntamiento. No lo hace”. Juan Pujol Martínez colaboró con la revista Acción Española, redactó en 1932 el manifiesto golpista de Sanjurjo y fue diputado por Madrid en 1933 en las listas de Acción Popular y en 1936 se presentó por Mallorca en las listas de la CEDA. La Junta de Defensa de Burgos le designó como jefe de Prensa y Propaganda. Desde ese puesto denunció a Fernando Sánchez Monreal. Después de la guerra civil dirigió el diario Madrid entre los años 1939-44. Estaba en posesión de la Orden de Isabel la Católica. Murió en Madrid en 1967.