viernes, 30 de enero de 2026

Mejor no vuelva

 

  

Hoy, Luis María Anson, en La Razón, se queda corto cuando señala que “en España, la ciudadanía sufraga la Administración municipal, la Administración provincial, la Administración autonómica, la Administración central y la Administración europea”. El español, como sucede con los ciudadanos de todos los países, lo sufraga todo. Cosa distinta es que haya aumentado considerablemente el número de funcionarios por haber aumentado, del mismo modo, el número de dependencias, oficinas y despachos. Sigue señalando Anson que “en 1979, los contribuyentes pagaban a 700.000 empleados públicos; en 2026 superan los 3.600.000. Es lo que tiene haber creado 17 Estados de pitiminí”. Pero eso ya se sabía cuando se engendró la Constitución. Me consta que las democracias resultan muy costosas, pero ello no justifica una inexplicable duplicidad de servicios. A mi entender, no era necesario crear 23 ministerios, ni seguir manteniendo las diputaciones provinciales, ni contar con un innumerable número de asesores pagados con dinero público, de tantos coches oficiales, de mamandurrias sin fin, ni tampoco de un rabo de exigencias burocráticas absurdas, inconmensurables y barrocos gastos suntuarios sin venir a cuento. Acudir a la ventanilla de una administración local, provincial o estatal por pretender dar solución a un embarazoso asunto personal resulta insufrible. Eso, en el supuesto de que el ciudadano en cuestión haya permanecido horas en una fila hasta conseguir el plácet de la “cita previa”,  inventada tras la pandemia. No digamos nada si la consulta es telefónica. La operadora pone una musiquilla ratonera que puede durar ni se sabe el tiempo. Al final, cansado de la espera, decides colgar la llamada. Al cabo de dos horas vuelves a intentarlo. Entonces sale una voz del aparato que dice “todos los teléfonos están ocupados . Llame más tarde”. Así lo haces y siempre contestan lo mismo. Al final te rindes y tiras la toalla. O lo peor de todo, el silencio administrativo, el peor de los silencios. Solicitar algo mediante carta, en ocasiones, es como meter un papel escrito en una botella y lanzarla al mar en la confianza de que alguien la recoja algún día. Lo que está aconteciendo, como digo, es lo más parecido al “vuelva usted mañana” de Larra [según consta en la edición facsímil de 'El Pobrecito Hablador. Revista Satírica de Costumbres', por el Bachiller don Juan Pérez de Munguía, núm. 11, enero de 1833, Madrid.] Es viernes, el cielo está encapotado y lo mejor será que me prepare un vermú de ‘Casa Valdepablo’ con matices ambarinos y un par de gloriosas gildas por ver de disipar el espectro de la ira. Les deseo que tengan un buen fin de semana.

 

jueves, 29 de enero de 2026

Ad nauseam

 

Me ha impresionado ver la foto de Juan Carlos de Borbón junto al jeque árabe Sheikh Khalid Al-Sabah hecha el mismo día de la muerte de la hermana de Sofía de Grecia en Madrid. Se me antoja como lo más parecido a la foto de un amigo visitando a otro, internado en una residencia de ancianos de cualquier ciudad de provincias. El jeque en cuestión, con visera azul, bufanda sobre un jersey color topo, barba de varios días, pantalón como de hortelano y pasándole el brazo sobre los hombros al anterior jefe del Estado de España, me produce tristeza. Ese señor, el jeque, podría pasar desapercibido en un banco de El Retiro, en una mesa de bar de pueblo, u ofreciendo baratijas en el rastro de la Plaza de Cascorro. Mira sonriente a la cámara cerca de una mesa con un mantel mal colocado como esperando a que el camarero les lleve una ‘fanta’. El rey tiene aspecto enfermizo y bastante descuidado. No es mi intención hacer leña del árbol caído y creo que esa foto nunca debió publicarse. Los españoles lo aguantamos todo por falta de expectativas. Vemos cómo se derrumba el castillo de naipes que hemos construido, cómo se rompen las soldaduras de las vías férreas de unos  trenes que formaban parte de la ‘marca España’, y ponemos cara de luna llena viendo pasar de largo el tranvía de nuestras esperanzas frustradas. Hace 90 años del golpe de Estado y del comienzo de la Guerra Civil y todavía hay gente que entiende que aquella guerra la perdimos todos. Pues no. La ganó el fascismo y la perdió la democracia. Y tuvimos que soportar 40 años de dictadura donde los ganadores fueron implacables con los vencidos con una venganza africana. Se hizo un falso referéndum en 1947 para afirmar que España era un Reino, pero un Reino sin rey. Una chuscada sin ninguna gracia. Hasta que un día, Franco decidió nombrar a un sucesor, al nieto de Alfonso XIII, saltándose al hijo de éste, a  Juan de Borbón,  heredero de los derechos dinásticos. Y su hijo, Juan Carlos (el de la foto con el jeque vestido de gañán), dio por bueno ese salto mortal, juró los ‘Principios del Movimiento’, traicionó a su padre y no tuvo empacho en ser coronado dos días después de la muerte del sátrapa padrino. Cuando en España parece que ya no puede pasar algo peor, pasa. Lo que vino después merece capítulo aparte. Que tengan un buen día.

 

lunes, 26 de enero de 2026

No hubo tiempo para 'gorigoris'

 

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández aprovechó en el funeral de ayer por las víctimas del desastre ferroviario de Adamuz para decir a los presentes al acto que “los curas que se acercaron para ofrecerles el servicio religioso a las víctimas no pudieron acceder al lugar del siniestro y que la confusión entre las autoridades propició que no se les permitiera a los clérigos llegar hasta los heridos”. El obispo de Córdoba parece que no entiende que una cosa es que un eclesiástico ayude a bien morir espiritualmente a un enfermo cuando éste lo solicite expresamente o por medio de sus familiares, y otra cosa muy distinta es permitir la entrada de sacerdotes en una situación de emergencia, donde es prioritario hacer un triaje sin pérdida de tiempo para determinar prioridades de asistencia médica en medio de la gran confusión, con poca luz,  en un descampado y en terrenos estrechos donde no caben ambulancias, y donde la llegada de sacerdotes no ayuda en modo alguno a facilitar la angustiosa labor de salvamento. Eso parece de cajón. Por otro lado, es imposible saber si el herido es católico, profesa otra religión o simplemente es ateo. En España existe libertad religiosa, contemplada en el artículo 16 de la Constitución y en la Ley Orgánica 7/1980 de Libertad Religiosa. Pero de ninguna de las maneras el clero  pueden interferir con“gorigoris” y asperges las labores de salvamento. Por otro lado, ya se conoce que el  homenaje del próximo día 31 en Huelva por los 45 fallecidos será laico, en un espacio todavía por determinar y presidido por el jefe del Estado. Mientras, en Aragón, en plena campaña electoral, Azcón ha señalado que “el destrozo del sistema ferroviario es la viva imagen de la degradación del sanchismo”, mientras Ayuso, tras un mitin donde vomitó desaciertos, de regreso a Madrid repuso fuerzas en “El Mesón La Dolores”, de Calatayud, y contempló ensimismada el baúl de la Piquer con olor a bodega de barco y naftalina. Creo que esa mujer tan sensible debería donar su cerebro para la Ciencia.

 

viernes, 23 de enero de 2026

Rosas degolladas

 

 

Señala el diario digital Vozpopuli que el jefe de la Oposición, Núñez Feijóo, ha manifestado que el Gobierno es el responsable de los trágicos sucesos de Adamuz y que, por lo tanto, Pedro Sánchez es el máximo responsable del desastre. Imita de alguna manera a los “Episodios Nacionales” de Galdós, donde en “Trafalgar” el autor del libro cuenta que “Desde que salimos de Cádiz -dijo Malespìna- Churruca  tenía el presentimiento de este gran desastre”. Núñez Feijóo hace deducciones solemnes que rayan en la Tautología. No aporta información verdadera en cualquier escenario. Es como si dijese que Sánchez es el político en activo más inepto “del mundo al otro confín”.  Sus deducciones son como de buen discípulo de Perogrullo, o Pero Grillo, autor de “Profecía”,  en un escrito de 1460 y donde usaba el seudónimo de Evangelista; o del profeta  Zacarías, donde en muchas Biblias puede leerse (9.9.): “Regocíjate mucho, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén. Mira que tu rey vendrá a ti justo y salvador; vendrá pobre y sentado sobre un asno, sobre un pollino, hijo de asna”; o recuerda la perla cultivada de un sargento de cocina del CIR número 10, que aseguró estando yo en la mili aquello de que “para asar un pollo hay que tener, primero, el pollo”. Las deducciones de Núñez Feijóo, como digo, pueden llegar al disparate. Solo le ha faltado decir que España va mal, señalando como responsable de tales deficiencias al jefe del Estado por ser el máximo representante del territorio. Y Jorge Azcón, en vísperas electorales, ha manifestado que “el destrozo del sistema ferroviario es la viva imagen de la degradación del sanchismo”. Por si todo ello fuese poco, Miquel Giménez, en ese mismo diario, hace referencia  a una foto en Adamuz donde aparecen los reyes junto a  Puente, Montero y Moreno Bonilla, y comenta: La composición y el tono es como los cuadros que pintó Solana, reflejando una España negra, negrísima, alejada de cualquier esperanza. Al fondo, la tragedia humana de unos españoles que no tienen más culpa que haber nacido en España; en primer plano, una serie de rostros hieráticos cuando no indiferentes. Y en el extremo izquierdo de la instantánea, justo antes del tren descarrilado, crudo testimonio de muerte e incompetencia, está ella, Letizia, enlutada de pies a cabeza con ese rictus al que nos tiene acostumbrados. Gélida, distante, mirando a cámara. Lo más significativo: todos están dándole la espada al ferrocarril de Iryo, mausoleo de tantos compatriotas muertos, de tantas familias truncadas, de tantos sueños cercenados de golpe”. Es como el regreso de los personajes del cuadro de la tertulia de Pombo reflejados en los espejos de la calle del Gato.