jueves, 29 de enero de 2026

Ad nauseam

 

Me ha impresionado ver la foto de Juan Carlos de Borbón junto al jeque árabe Sheikh Khalid Al-Sabah hecha el mismo día de la muerte de la hermana de Sofía de Grecia en Madrid. Se me antoja como lo más parecido a la foto de un amigo visitando a otro, internado en una residencia de ancianos de cualquier ciudad de provincias. El jeque en cuestión, con visera azul, bufanda sobre un jersey color topo, barba de varios días, pantalón como de hortelano y pasándole el brazo sobre los hombros al anterior jefe del Estado de España, me produce tristeza. Ese señor, el jeque, podría pasar desapercibido en un banco de El Retiro, en una mesa de bar de pueblo, u ofreciendo baratijas en el rastro de la Plaza de Cascorro. Mira sonriente a la cámara cerca de una mesa con un mantel mal colocado como esperando a que el camarero les lleve una ‘fanta’. El rey tiene aspecto enfermizo y bastante descuidado. No es mi intención hacer leña del árbol caído y creo que esa foto nunca debió publicarse. Los españoles lo aguantamos todo por falta de expectativas. Vemos cómo se derrumba el castillo de naipes que hemos construido, cómo se rompen las soldaduras de las vías férreas de unos  trenes que formaban parte de la ‘marca España’, y ponemos cara de luna llena viendo pasar de largo el tranvía de nuestras esperanzas frustradas. Hace 90 años del golpe de Estado y del comienzo de la Guerra Civil y todavía hay gente que entiende que aquella guerra la perdimos todos. Pues no. La ganó el fascismo y la perdió la democracia. Y tuvimos que soportar 40 años de dictadura donde los ganadores fueron implacables con los vencidos con una venganza africana. Se hizo un falso referéndum en 1947 para afirmar que España era un Reino, pero un Reino sin rey. Una chuscada sin ninguna gracia. Hasta que un día, Franco decidió nombrar a un sucesor, al nieto de Alfonso XIII, saltándose al hijo de éste, a  Juan de Borbón,  heredero de los derechos dinásticos. Y su hijo, Juan Carlos (el de la foto con el jeque vestido de gañán), dio por bueno ese salto mortal, juró los ‘Principios del Movimiento’, traicionó a su padre y no tuvo empacho en ser coronado dos días después de la muerte del sátrapa padrino. Cuando en España parece que ya no puede pasar algo peor, pasa. Lo que vino después merece capítulo aparte. Que tengan un buen día.

 

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