Ad nauseam

Me ha
impresionado ver la foto de Juan Carlos
de Borbón junto al jeque árabe Sheikh
Khalid Al-Sabah hecha el mismo día
de la muerte de la hermana de Sofía de Grecia en Madrid. Se me antoja
como lo más parecido a la foto de un amigo visitando a otro, internado en una
residencia de ancianos de cualquier ciudad de provincias. El jeque en cuestión,
con visera azul, bufanda sobre un jersey color topo, barba de varios días,
pantalón como de hortelano y pasándole el brazo sobre los hombros al anterior
jefe del Estado de España, me produce tristeza. Ese señor, el jeque, podría
pasar desapercibido en un banco de El Retiro, en una mesa de bar de pueblo, u
ofreciendo baratijas en el rastro de la Plaza de Cascorro. Mira sonriente a la
cámara cerca de una mesa con un mantel mal colocado como esperando a que el
camarero les lleve una ‘fanta’. El
rey tiene aspecto enfermizo y bastante descuidado. No es mi intención hacer
leña del árbol caído y creo que esa foto nunca debió publicarse. Los españoles lo
aguantamos todo por falta de expectativas. Vemos cómo se derrumba el castillo
de naipes que hemos construido, cómo se rompen las soldaduras de las vías
férreas de unos trenes que formaban
parte de la ‘marca España’, y ponemos
cara de luna llena viendo pasar de largo el tranvía de nuestras esperanzas frustradas.
Hace 90 años del golpe de Estado y del comienzo de la Guerra Civil y todavía
hay gente que entiende que aquella guerra la perdimos todos. Pues no. La ganó
el fascismo y la perdió la democracia. Y tuvimos que soportar 40 años de
dictadura donde los ganadores fueron implacables con los vencidos con una
venganza africana. Se hizo un falso referéndum en 1947 para afirmar que España
era un Reino, pero un Reino sin rey. Una chuscada sin ninguna gracia. Hasta que
un día, Franco decidió nombrar a un sucesor, al nieto de Alfonso XIII,
saltándose al hijo de éste, a Juan de
Borbón, heredero de los derechos
dinásticos. Y su hijo, Juan Carlos
(el de la foto con el jeque vestido de gañán), dio por bueno ese salto mortal,
juró los ‘Principios del Movimiento’,
traicionó a su padre y no tuvo empacho en ser coronado dos días después de la muerte
del sátrapa padrino. Cuando en España parece que ya no puede pasar algo peor,
pasa. Lo que vino después merece capítulo aparte. Que tengan un buen día.
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