Que las necesarias alianzas de Aragón y Extremadura
para un posible gobierno de coalición de PP y Vox tengan que ser tuteladas
desde Madrid es algo insólito e impropio de un país democrático. Es como si Jorge Azcón y María Guardiola fuesen menores de edad e incapaces de saber
con quién deben jugarse los cuartos a la hora de negociar su única alternativa (porque no hay otra)
para no repetir elecciones. Solo les faltaría a ambos presidentes en funciones
que Feijóo tuviese que asignarles un
director espiritual como hacían los padres con los niños internos en colegios
de curas. Hoy se desclasifica y se abre el baúl de los recuerdos en lo que
respecta al 23F para saber más cosas, si es que queda algo nuevo por saber
sobre aquel “torero”, como decía
un periodista sueco, que entró en el
Congreso pistola en mano dispuesto a acabar con una democracia que por aquellos
días estaba en pañales, en referencia a Tejero,
cuando el periodista en cuestión confundió un ridículo tricornio acharolado de
la Guardia Civil con una montera de astracán y seda de torero. Fue como
confundir el culo con las témporas. El
tricornio, que el marqués de Esquilache
quiso poner de moda, fue el gorro adoptado por el II duque de Ahumada en 1844;
y la montera, con piezas salientes en los laterales, fue introducida en
la indumentaria taurina en 1835 por el torero Francisco Montes, conocido en los ruedos como “Paquiro”. En sus memoras, Juan
Carlos I culpa a Armada del
intento de golpe de Estado. Pero, como ya se decía en la Edad Media: “Excusa no pedida, culpa manifiesta”.
Quién no tiene nada que justificar, no debe disculparse. Eso lo sabe hasta el
que asó la manteca. Aquí, que a mí me conste, en rigor, nadie con autoridad suficiente está acusando de un modo formal al entonces jefe del Estado (no olvidemos que puesto a dedo por Franco) como partícipe o
promotor de aquella triste asonada. Eso, con la desclasificación de documentos,
hay que dejarlo claro de una vez y para siempre. Aquel monarca ayudó a la llegada de la democracia durante la Transición en la misma medida que el resto de los ciudadanos. Fue un español más en un empeño necesario que fue conquista de todos. No creo que le debamos nada. Al menos, yo no.
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