La prensa de la derecha se está poniendo cargante con la insistencia de que el rey Juan Carlos I debe volver a España. ¿Alguien se lo impide? Según señala Marhuenda en La Razón, “es necesario que regrese a España. Este país tiene una deuda con él y sería una catástrofe que pasara el resto de su vida lejos del país que tanto ha querido. Nació en el exilio y no puede seguir en él”. Precisemos: uno nace donde viven sus padres. Y el 5 de enero de 1938 ellos se encontraban en Roma. Su padre, Juan de Borbón, estaba en el exilio tras la marcha exprés de su padre, Alfonso XIII, en 1931. Y su padre, heredero de los derechos dinásticos, no pudo regresar a España mientras estuviese Franco en el poder. Parece evidente que no podían convivir dos gallos en el mismo gallinero. Cosa distinta es que “los españoles tengamos una deuda -como entiende Marhuenda- con el rey emérito”. ¿Qué le debemos? Yo, nada. Ese periodista recuerda al lector que el rey emérito renunció a los poderes que le otorgaba el ordenamiento jurídico del franquismo. Sí, sí, claro. De no haberlo hecho, habría tenido que tomar la carretera de Cartagena, como hizo su abuelo el día que huyó cobardemente como un galgo con el rabo entre las piernas. A mi entender, el rey emérito perdió su dignidad como persona cuando, al ser elegido sucesor a título de rey por el dictador, se vio obligado a tener que jurar las Leyes Fundamentales y los Principios del Movimiento. Y puede que hasta se hubiese arrancado por bulerías o hubiese bailado una muñeira si el dictador se lo hubiese solicitado. Con aquel indigno juramento, el entonces príncipe de España saltó a la torera por encima de los lomos de su padre, rompiendo la cadena de sucesión al trono. Repito, Juan Carlos I puede residir en España si le viene en gana; pero, como bien le recuerda la Casa Real, es necesario que recupere su residencia fiscal, porque todos los españoles pagamos impuestos en España. ¡Que dónde podría vivir? Hombre, no creo que ese señor tenga problemas para alquilar un piso pese a la escasez de oferta. Me han contado que en Entrevías debe quedar alguno disponible, aunque necesita reformas. ¡Qué preocupación!
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