jueves, 16 de julio de 2026

Frente al espejo

Los espejos de Luces de Bohemia🪞, Éstos espejos cóncavos y convexos inspiraron a Valle-Inclán para crear el esperpento: una forma de mirar España exagerándola hasta volverla grotesca. Aquí la realidad ...


Mientras el calor aprieta, los incendios lo siguen devorando todo y resulta difícil encontrar pueblo donde no haya romería, el Mundial de Fútbol dicen que está dando mucho que hablar en los medios y mucho dinero a los bares. Pues nada, el próximo domingo el equipo español jugara contra Argentina y, si gana España, añadirá una estrella para su roja camiseta. Si pierde, saldrá estrellada del desafío. Hay cinco días en el santoral en los que debemos tocar madera. Como señalaba Cela en su “San Camilo 36” (Alfaguara, 1969) son los que van del 13 al 18 de julio, o sea, desde san Enrique hasta san Federico. En medio quedan san Camilo, san Buenaventura, el Carmen y san Alejo. Aquella obra del para mí mejor escritor del siglo XX estuvo ambientada en Madrid y dividida en tres capítulos: las vísperas, la festividad y la octava del día de San Camilo de 1936. Una novela, digo, donde Cela añadió una dedicatoria: “A los mozos del reemplazo de 1937, todos perdedores de algo: de la vida, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia. Y no a los aventureros foráneos,  fascistas y marxistas, que se hartaron de matar españoles como conejos y a quienes nadie les había dado vela en nuestro propio entierro”. En la novela, con capítulos de un solo párrafo, tampoco faltaron los anuncios. Han pasado 90 años y hemos aprendido poco de la tragedia. Ya ha anunciado Miguel Ángel Tellado Filgueira, que utiliza la tralla de arreo delante del atril, que “en el primer consejo de ministros que presida Núñez Feijóo se derogará la Ley de Memoria Democrática”. Está por ver. En la novela, el tío Jerónimo (que cree en las tres virtudes teologales pero predica sobre todo el egocentrismo y el amor carnal, físico) le habla al sobrino y le anima a mirarse en el espejo y a no matar a una prostituta llamada Magdalena (que en realidad se llama Tránsito) y que huele mal. Le dice que mejor que la mate el siguiente, el que viene detrás. En aquel tiempo los vivos eran como los muertos, pero sin aparentes gusanos. Los espejos siempre dieron juego en el esperpento, como sucedía en el callejón del Gato, donde muchos españoles con espíritu fallero se miraban por aquellos días de cuerpo entero, ora para comprobar que llevaban abotonada la bragueta, ora para contarse los huesos de sus manos, ora para ajustarse el corbatín, antes de pegar fuego con un chisquero infame a un convento con las monjas dentro con la esperanza de que todo ardiese como la yesca.

 

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