
Los incendios en España son como los aniversarios: cuando parece que se acaban, vuelven. Ahora ya se están quemando hasta Las Hurdes, famosas por su aislamiento extremo, y que ha obligado a desalojar diversas alquerías. Granada vuelve a temblar por réplicas del terremoto del pasado sábado, y en la sierra de San Vicente (Toledo) la Guardia Civil busca con drones y rastreos un león que nadie sabe de dónde se ha escapado. Y entre tanto, yo me pregunto: ¿Qué tendrá Marruecos que tiene cogido por los huevos a Sánchez? En este sentido, Manuel Vilas, en su artículo “El adiós a Ceuta”, señala respecto a esa Ciudad Autónoma que “España ha decidido capitular en silencio, sustituyendo la dignidad histórica por la cobardía institucional. Cuando un Estado renuncia a proteger sus fronteras con firmeza y a defender a sus ciudadanos, su final no es una hipótesis: es solo cuestión de tiempo. Quien abandona la defensa de sus fronteras está condenado a ver cómo otros escriben su sentencia de muerte. Somos un país crepuscular, aquejado de una extraña astenia espiritual”. Y así nos luce el pelo. Lo vimos con el Sahara y la “Marcha Verde” cuando Franco agonizaba; y lo veremos pronto con Ceuta y con Melilla. El día que una “Marcha Azul” o del color que sea, achuchada por los cantos de sirena de Estados Unidos e Israel, decida a Marruecos apropiare de lo ajeno, lo hará, como cuando un ‘okupa’ decide no marcharse de una casa que forzó con palanqueta y que no es suya. No hay quien les saque ni con agua hirviendo. Y si lo intenta su dueño, le procesan. España, que me conste, solo le echó coraje al desalojo del islote de Perejil, del tamaño de un campo de fútbol, la víspera de la boda de Mohamed VI, en aquella opereta bufa que nos dejó patidifusos en 2002 con la “Operación Romeo-Sierra” realizada con helicópteros, al alba y sin disparar un solo tiro. Aznar sacó pecho, como si tuviese el mando supremo de la batalla del Ebro; y Trillo se vino arriba, como los toreros de postín en tarde de triunfos en La Maestranza de Sevilla. ¡Qué risa, señá Remedios, que risa...
--¿Y en qué quedó la cosa, José Ramón?
--En ná, señá Remedios, en ná. No hubo que desenroscar el frasco de mercuro-cromo ni abrir la caja de las tiritas. Hasta los alacranes se fueron nadando a Ceuta sin el salvavidas puesto. Resultó todo muy sencillo. Lo difícil es otra cosa, señá Remedios, por ejemplo comer boniatos y eructar a jamón. Pero aquello solo era un vivero de gonococos por falta de aseo. Nadie debe morir sin haber recibido algo de amor.
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