lunes, 29 de diciembre de 2025

Entre muertos y bohemios

 

 

De entre los casos de la vida insólita que conozco me quedo con algo leído en Diario de León: “Citan en el Hospital de León a un muerto, se disculpan y vuelven a citarlo otra vez al día siguiente. El finado había fallecido hacía 19 años y se le reclamó para pasar una consulta de Urología”. ¡Chupa del frasco! Es como si mañana llamaran a filas para hacer el Servicio Militar  a don Adolfito Carballo García, perteneciente a familia de excelente reputación y que murió en un asilo de ancianos, no recuerdo en qué población de Galicia en 1904, según  relató don Félix Estrada Catoyra, cronista oficial de La Coruña. Y ya que hago referencia a don Adolfito, diré que era hijo de un médico y comenzó a estudiar Farmacia en Santiago de Compostela. Quedó huérfano de padre y madre y las malas artes de su tutor le privaron de la herencia. Se incorporó al ejército como músico del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos en la guerra de Marruecos y una vez  licenciado se enteró de la muerte de su novia. Entonces empezó a recorrer  Galicia, Asturias y Cantabria cantando y tocando el violín.  En Santander, delante de un hotel, tocó una mazurca y Pablo Sarasate allí alojado salió a la ventana y lanzó una moneda de cinco pesetas a su sombrero. El muerto en León llamado a consulta médica  con 19 años de retraso y la triste figura del bohemio don Adolfito constituyen dos muestras que ponen de manifiesto cómo anda de aceite el candil patrio. No sé. Hasta podría acontecer que mañana me llamaran para poner mi foto en una orla por confundirme con el inventor del abrelatas. Anda, niño, déjame pasar.

 

domingo, 28 de diciembre de 2025

Lo otros santos inocentes

 

Según nos recuerda Jorge Fernández Díaz  en su “homilía” de hoy en La Razón, los Santos Inocentes fueron las criaturas a las que Herodes mandó matar cuando tuvo conocimiento de que un personaje profetizado había nacido por aquellas fechas en la localidad de Belén de Judá, y temía que pudiera ser una amenaza para su autoridad regia”, como introito a que, según refiere: “hoy también son muchos los niños inocentes que son exterminados cuando todavía no han nacido y están en gestación en el seno materno, y cuando son recién nacidos o poco después”. Pero el exministro del Interior y miembro numerario del Opus Dei no aclara al lector si esos recién nacidos exterminados de los que nos habla son por culpa del Sacamantecas que los degüella  para sacarles los untos o por otras causas que desconocemos. Podría haber puesto el ejemplo de lo que está sucediendo en Gaza, donde ahí sí mueren muchos niños inocentes por culpa de los bombardeos de los judíos. Porque lo que sucede en Gaza no es una guerra de palestinos contra israelíes, sino un intento de Benjamín Netanyahu de apoderarse por las armas de un territorio que no le pertenece. Lo que sí parece cierto es que Herodes I el Grande vivió desde el 37 a. C hasta el 4 a. C. La inverosímil leyenda de la matanza de inocentes de Belén narrada en el capítulo 2 del evangelio de Mateo, por tanto, no se sostiene. El 28 de diciembre siempre fue un día de bromas, de colocar monigotes en la espalda del compañero de oficina despistado, o de leer cosas insólitas en la prensa de papel. Pero el sentido del humor de los españoles está cambiando y las ‘inocentadas’ han caído en declive. Ahora hay una melancolía colectiva que lo invade todo. Hemos perdido el sentido del humor, la capacidad de sorpresa, se nos ha quedado cara de acelga y no hay forma de relajar el ambiente. Hoy también leo en la prensa que ha muerto Brigitte Bardot, más conocida como BB, que pasó de ser un icono de mi época juvenil a dejar el cine, las pompas y consagrar su vida a la defensa de los animales y a apoyar a la ultraderecha francesa. En 1967, con Serge Gainsbourg compuso a dúo  'Je t'aime... moi non plus' ,  grabada en 1968 y editada en 1986 por aquel músico junto a Jane Birkin, donde se escuchaban gemidos eróticos de la cantante que fueron tachados como obscenos por una parte de la calenturienta curia vaticana; donde, curiosamente, se tapaban y se siguen tapando numerosos delitos de pederastia cometidos por purpurados desvergonzados. Por eso digo que los santos inocentes, si acaso, fueron otros.

 

viernes, 26 de diciembre de 2025

Tirar del carro

 

La estampa, o la foto, de Felipe VI en el centro del Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid semejaba la de un cicerone enseñando a un puñado de turistas el lugar que fuese comedor de gala y lugar de exposición del cadáver de Mercedes de Orleans, consorte de Alfonso XII hasta el 26 de junio de 1878 y de Francisco Franco en noviembre de 1975.  Pero el hombre de pie y bien trajeado no era un cicerone sino el jefe del Estado, que aprovechaba en su discurso de felicitación de Navidad para poner el acento en el deterioro de la convivencia nacida de la Transición, de la inquietante crisis de la confianza en la democracia y de la forma en la que deberemos afrontar el futuro. Era, como digo, un aviso a navegantes que había perdido la aguja de marear. Un discurso lacónico que debería hacer reflexionar a los políticos. Ya se sabe lo que dijo Gracián en su Oráculo manual y arte de la prudencia’ (Huesca, 1647): “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. La brevedad es lisonjera y gana por lo cortés lo que pierde por lo menguado. Aquel ‘Oráculo’ se lo dedicó Gracián al Conde-duque de Olivares, segundo valido de Felipe IV, pintado por Velázquez y al que Gregorio Marañón le hizo un ‘traje a medida’ con su destierro a Toro, en su magnífico ensayo de 1936  dedicado a Azorín. No cabe duda de que hay un cambio de ciclo, no sabemos si para bien o para mal. El resentimiento aflora como la mala hierba y las dos mitades de ciudadanos que conforman el conjunto del Estado se repelen como los polos invertidos de dos imanes. Y el Hemiciclo es el espejo donde los representantes de unos y de otros se miran y se insultan como leones enjaulados. Esas dos mitades, como digo, están simbolizadas en los otros leones, Daoiz y Velarde, con cañones de la batalla de Wad-Ras fundidos en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla en el año 1865,  transformados por  Ponciano Ponzano e inaugurados en 1851. Para otros, las dos efigies serían Hipómenes y Atalanta, personajes de la mitología griega que tiran del carro de Cibeles, condenados a no poder volver a mirarse.

 

jueves, 25 de diciembre de 2025

A burro muerto...


 

 

Me entero por la prensa de que a los expresidentes de Aragón Santiago Lanzuela y Emilio Eiroa se les ha concedido la Gran Cruz de Carlos III a título póstumo en el último Consejo de Ministros.  Esa Real Orden reconoce desde 1847 a aquellas personas destacadas por sus buenas acciones en beneficio de España y la Corona. A burro muerto, cebada al rabo, según  contaba el Marqués de Santillana en su obra “Refranes que dicen las viejas tras el fuego” haciendo hincapié en el acertado reflejo de la sabiduría popular.  También se encuentra ese refrán en una fábula de Samaniego, donde se hace referencia a un inoportuno médico cuando le explica a un enfermo que se moría, pero que si hubiese acudido antes a él, podría ser que ya estuviese sano. A lo que el moribundo respondió: “Señor Galeno, su consejo alabo. / Al asno muerto, la cebada al rabo”. El rey estuvo lacónico en su discurso de Nochebuena. No hizo referencia al contubernio judeo- masónico del que nos avisaba Franco cada 31 de diciembre. El rey, de pie en el Salón de Columnas, impartió el “Urbi et Orbi”, habló de la “bronca política” y del consecuente “hastío, desencanto y desafección ciudadana”, bla, bla, bla… Y se despidió en castellano, euskera, catalán y gallego. Pasó por alto el bable, el aranés, el panocho murciano, la fabla aragonesa, el romaní y el llionés, todos ellos en camino de extinción, como la abutarda, el avetoro, el sisón, la garcilla y el pico dorsiblanco. Y luego, los españoles nos pusimos a cenar en familia, no faltó ni el pijotieso del ‘cuñaó’ arengando sobre lo mal repartido que está el mundo, ni el cagadogmas del novio de la hija que aseguraba que Herodes murió cuatro años antes de que naciese Cristo. Y entonces, ¿lo de los inocentes?  Eso ya…, sí claro, claro…  Por la noche llegaron las pesadillas con el hombre del saco y hoy he amanecido con acidez de estómago por culpa del turrón, la copa de anís, o yo qué sé. Uno ya no anda para guateques. Es lo que tiene perder la rutina a cierta edad. Amanezco con flojera. Voy a tomarme un ‘Alka-Seltzer’ antes de pisar la dudosa luz del día.