De entre los casos de la vida insólita que conozco me quedo con algo leído en Diario de León: “Citan en el Hospital de León a un muerto, se disculpan y vuelven a citarlo otra vez al día siguiente. El finado había fallecido hacía 19 años y se le reclamó para pasar una consulta de Urología”. ¡Chupa del frasco! Es como si mañana llamaran a filas para hacer el Servicio Militar a don Adolfito Carballo García, perteneciente a familia de excelente reputación y que murió en un asilo de ancianos, no recuerdo en qué población de Galicia en 1904, según relató don Félix Estrada Catoyra, cronista oficial de La Coruña. Y ya que hago referencia a don Adolfito, diré que era hijo de un médico y comenzó a estudiar Farmacia en Santiago de Compostela. Quedó huérfano de padre y madre y las malas artes de su tutor le privaron de la herencia. Se incorporó al ejército como músico del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos en la guerra de Marruecos y una vez licenciado se enteró de la muerte de su novia. Entonces empezó a recorrer Galicia, Asturias y Cantabria cantando y tocando el violín. En Santander, delante de un hotel, tocó una mazurca y Pablo Sarasate allí alojado salió a la ventana y lanzó una moneda de cinco pesetas a su sombrero. El muerto en León llamado a consulta médica con 19 años de retraso y la triste figura del bohemio don Adolfito constituyen dos muestras que ponen de manifiesto cómo anda de aceite el candil patrio. No sé. Hasta podría acontecer que mañana me llamaran para poner mi foto en una orla por confundirme con el inventor del abrelatas. Anda, niño, déjame pasar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario