miércoles, 13 de mayo de 2026

A cada uno lo suyo

 

Señala la prensa que las familias se han visto obligadas a contratar monitores ajenos a los institutos de Secundaria para que sus hijos puedan hacer los viajes de final de curso a distintos lugares de España o del extranjero. En Aragón ya hay 47 centros cuyos profesores se niegan en rotundo a hacer esas labores de tutela con educandos, algunos “indomables”, mientras no exista una regulación clara que proteja su responsabilidad durante las 24 horas de cada día de viaje. Es notorio que existe una evidente falta de autoridad y confianza. Si un alumno se porta  mal y  recibe una amonestación por parte del profesor, éste se expone a que los padres ese alumno presenten una denuncia por supuestos malos tratos hacia su hijo, tras haber escuchado de éste maleducado alumno una versión de los hechos que no se corresponden con la realidad. Cuando un  profesor es el responsable de un alumno, es necesario que los padres de éste depositen su plena confianza en el encargado de su tutela. No cabe duda de que las excursiones  extraescolares forman parte del aprendizaje del alumno; pero, en ocasiones, el comportamiento de uno o varios adolescentes puede ser imprevisible y ello contraviene al buen desarrollo de los viajes organizados. Un profesor tienen como misión instruir al alumno en la asignatura que le corresponda, pero de ninguna de las maneras es gestor de tiempo libre ni monitor de ocio. Para esos menesteres ya están las Concejalías de Juventud, las asociaciones juveniles y las parroquias que organizan campamentos. Tampoco hay que olvidar que contratar monitores de empresas externas conlleva subidas de los costes del viaje programado. En resumidas cuentas, los profesores necesitan mayor respaldo jurídico, reconocimiento profesional real y una compensación adecuada. Para el profesor, un viaje de estudios no es un viaje de placer. Suum cuique tribuere.

 

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