Doy por hecho que
todos los ciudadanos españoles nos sentimos solidarios con las familias de los
dos agentes de la Guardia Civil muertos por los narcotraficantes en la costa de
Huelva el pasa do viernes. El Cuerpo, de naturaleza militar, fue creado por un Real
Decreto de 13 de mayo de 1844, siendo presidente del Consejo de Ministros
Luis González Bravo en un intento de
combatir
el bandolerismo y asegurar los caminos tras años de inestabilidad tras la
finalización de la Primera Guerra
Carlista, encomendándole esa gestión a Francisco
Javier Girón y Ezpeleta. Poco después, el 1 de septiembre de ese año, 1.500
guardias a pie y 370 a caballo hacían acto de presencia en Madrid, en las
inmediaciones de la glorieta de Atocha. Se trataba de unificar algo que
entonces estaba disperso: mozos de escuadra en Cataluña, compañías de migueletes en Valencia, miñones en Álava, escopeteros en Sevilla, Toledo
y Ciudad Real, escuadras de gendarmes en Pamplona, celadores en las provincias
de Castellón de la Plana y Jaén, salvaguardias en Santander, la compañía de
faletís en Cádiz, el tercio rural de
migueletes en Salamanca, y otras compañías sueltas en Aragón y Castilla la
Nueva. Al nuevo cuerpo creado se le dio el nombre de Guardia Civil por deseo
expreso de la reina Isabel II. La
primera casa-cuartel del benemérito cuerpo se instaló en el Cuartel de San Martín, en Madrid, con
una residencia en Pinto. Los primeros alumnos fueron doce, hijos de huérfanos o
heridos que ya no podían prestar servicio. En 1852 se trasladaron a Valdemoro, al edificio de una
antigua Real Fábrica de Paños y Tapices.
Le siguió la casa-cuartel de Falces, en Navarra. En 1864 Isidoro de Hoyos creó la Guardia Civil Veterana, a partir del
tercio de Madrid, para la defensa de la capital, prestando gran ayuda un año
más tarde a las víctimas de la epidemia de cólera. En 1866 la Benemérita sofocó
la Sublevación del Cuartel de San Gil,
y ayudó
con heroísmo durante los graves terremotos en Granada y Málaga en la Nochebuena
de 1884. Son
innumerables los casos de ayuda a la ciudadanía a lo largo de
los 182 años transcurridos desde su creación. Pues bien, en el debate del
pasado viernes en Canal Sur, la
candidata por el PSOE, María Jesús
Montero, calificó como de “accidente
laboral” (acto de servicio) la muerte de los dos últimos guardias civiles en el cumplimiento
de su deber. Yo diría, que son gajes del oficio. Tal calificación ha merecido rechazo por parte de un sector de la
derecha. También molestó que Sánchez
y Marlaska no estuviesen presentes
en los funerales, dejando sola a la señora Montero, que recibió todo tipo de
reproches a la llegada a la capilla ardiente y gritos de fanáticos ultras que
le gritaban: “¡No te queremos en
Andalucía!”. De haber estado in situ
Sánchez y Marlaska apuesto doble contra sencillo que los insultos hubiesen sido
descomunales por parte de una derechona ruin y de la más baja estofa que solo sabe repetir "me gusta la fruta" en letanía monocorde. A mi entender, fue coherente que María Jesús Montero denominase
la muerte de esas dos personas como “accidente
laboral” por haber fallecido ambos agentes en pleno ejercicio de sus
funciones, como el encofrador que se cae del andamio y se mata, o el electricista
que se electrocuta mientras está
encaramado en un poste de alta tensión. Es accidente de trabajo “toda
lesión corporal que el trabajador sufra con ocasión o por consecuencia del
trabajo que ejecute por cuenta ajena”. Y es de sentido común que más se
arriesga el que más se expone. Lamento la muerte de esos dos agentes de la
Autoridad y presento desde estas líneas a sus familiares mis sentidas
condolencias. Nadie merece morir estando al servicio de todos. La
Guardia Civil es un claro ejemplo de valentía en la persecución de
delincuentes y en la ayuda a los ciudadanos sin ningún tipo de discriminación y sin esperar nada a cambio. “Todo por la Patria” es
su lema. Merece respeto y consideración. Para mí son héroes sin recompensa. Hay cosas que no tienen precio. Al menos, así lo entiendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario