martes, 12 de mayo de 2026

Benemérita institución

 

 

Doy por hecho que todos los ciudadanos españoles nos sentimos solidarios con las familias de los dos agentes de la Guardia Civil muertos por los narcotraficantes en la costa de Huelva el pasa do viernes. El Cuerpo, de naturaleza militar, fue creado por un Real Decreto de 13 de mayo de 1844, siendo presidente del Consejo de Ministros Luis González Bravo en un intento de combatir el bandolerismo y asegurar los caminos tras años de inestabilidad tras la finalización de la Primera Guerra Carlista, encomendándole esa gestión a Francisco Javier Girón y Ezpeleta. Poco después, el 1 de septiembre de ese año, 1.500 guardias a pie y 370 a caballo hacían acto de presencia en Madrid, en las inmediaciones de la glorieta de Atocha. Se trataba de unificar algo que entonces estaba disperso: mozos de escuadra en Cataluña, compañías de migueletes en Valencia, miñones en Álava, escopeteros en Sevilla, Toledo y Ciudad Real, escuadras de gendarmes en Pamplona, celadores en las provincias de Castellón de la Plana y Jaén,  salvaguardias en Santander, la compañía de faletís en Cádiz,  el tercio rural de migueletes en Salamanca, y otras compañías sueltas en Aragón y Castilla la Nueva. Al nuevo cuerpo creado se le dio el nombre de Guardia Civil por deseo expreso de la reina Isabel II. La primera casa-cuartel del benemérito cuerpo se instaló en el Cuartel de San Martín, en Madrid, con una residencia en Pinto. Los primeros alumnos fueron doce, hijos de huérfanos o heridos que ya no podían prestar servicio. En 1852  se trasladaron a Valdemoro, al edificio de una antigua Real Fábrica de Paños y Tapices. Le siguió la casa-cuartel de Falces, en Navarra. En 1864  Isidoro de Hoyos creó la Guardia Civil Veterana, a partir del tercio de Madrid, para la defensa de la capital, prestando gran ayuda un año más tarde a las víctimas de la epidemia de cólera. En 1866 la Benemérita sofocó la Sublevación del Cuartel de San Gil, y ayudó con heroísmo durante los graves terremotos en Granada y Málaga en la Nochebuena de 1884. Son innumerables los casos de ayuda a la ciudadanía a lo largo de los 182 años transcurridos desde su creación. Pues bien, en el debate del pasado viernes en Canal Sur, la candidata por el PSOE, María Jesús Montero, calificó como de “accidente laboral” (acto de servicio) la muerte de los dos últimos guardias civiles en el cumplimiento de su deber. Yo diría, que son gajes del oficio. Tal calificación ha merecido rechazo por parte de un sector de la derecha. También molestó que Sánchez y Marlaska no estuviesen presentes en los funerales, dejando sola a la señora Montero, que recibió todo tipo de reproches a la llegada a la capilla ardiente y gritos de fanáticos ultras que le gritaban: “¡No te queremos en Andalucía!”. De haber estado in situ Sánchez y Marlaska apuesto doble contra sencillo que los insultos hubiesen sido descomunales por parte de una derechona ruin y de la más baja estofa que solo sabe repetir "me gusta la fruta" en letanía monocorde. A mi entender, fue coherente que María Jesús Montero denominase la muerte de esas dos personas como “accidente laboral” por haber fallecido ambos agentes en pleno ejercicio de sus funciones, como el encofrador que se cae del andamio y se mata, o el electricista que se electrocuta mientras está encaramado en un poste de alta tensión. Es accidente de trabajo “toda lesión corporal que el trabajador sufra con ocasión o por consecuencia del trabajo que ejecute por cuenta ajena”. Y es de sentido común que más se arriesga el que más se expone. Lamento la muerte de esos dos agentes de la Autoridad y presento desde estas líneas a sus familiares mis sentidas condolencias. Nadie merece morir estando al servicio de todos. La Guardia Civil es un claro ejemplo de valentía en la persecución de delincuentes y en la ayuda a los ciudadanos sin ningún tipo de discriminación y sin esperar nada a cambio. “Todo por la Patria” es su lema. Merece respeto y consideración. Para mí son héroes sin recompensa. Hay cosas que no tienen precio. Al menos, así lo entiendo.

 

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