lunes, 26 de octubre de 2026

Strepitus

Mujeres Ilustres: María Domínguez Remón | Entre piedras y cipreses

 

Celebro que la presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol, haya retirado de sus paredes los cuadros de presidentes que lo fueron de las Cortes Españolas franquistas, a excepción del óleo de Torcuato Fernández Miranda, al considerar su importante papel para la aprobación de la Ley para la Reforma Política. Se ha dado cumplimiento a lo acordó por la Mesa de la Diputación Permanente el pasado 13 de octubre. Se trata de Esteban Bilbao  Eguía (1943-1965), Antonio Iturmendi Bañales (1965-1969) y Alejandro Rodríguez de Valcárcel  Nebreda (1969-1975). La medida ha sido tomada pocos días antes de que el Congreso celebre unas jornadas ha organizado una jornada de recuerdo y homenaje a todas las víctimas del golpe de Estado, la posterior guerra civil y la terrible dictadura de Franco. En esas jornadas habrá un recuerdo a las conocidas como ‘Rapadas de Fuendejalón’, en 1936. El 28 y 29 de agosto de aquel año, 39 mujeres fueron sacadas de sus casas, rapadas y paseadas por las calles. Fue costumbre habitual en toda España durante de la represión general y sistemática dirigida contra la población civil considerada desafecta a los sublevados. A las mujeres, tras ser detenidas, se les golpeaba y se les rapaba la cabeza, incluso las cejas, para después ser paseadas por las calles de su localidad. En ocasiones se les colgó carteles en los que se leía "Rapadas por putas" y se les hacía desfilar tras la banda de música en las fiestas locales. ¿Cabe mayor ignominia? A aquellas mujeres, en muchas ocasiones, se les obligaba a beber aceite de ricino mezclado con gasolina por  falangistas, requetés o guardias civiles. Y en los documentos sumariales quedaban calificadas  como "peligrosas, extremistas, de bajos instintos, deslenguadas, pendencieras, ateas, amancebadas, altaneras, arrabaleras, incitadoras de los hombres, ateas y de dudosa moral pública y privada". En el caso de Fuendejalón  (pueblo situado en la comarca del Campo de Borja), el 29 de agosto de 1936, un grupo de 39 mujeres fueron sacadas por la fuerza de sus casas para ser rapadas al cero y obligadas a desfilar por las calles del pueblo y ser sometidas al escarnio y la humillación pública. Pocos días más tarde, el 7 de septiembre, fusilaron en las tapias del cementerio a María Domínguez Remón, alcaldesa de Gallur aunque nacida en Pozuelo de Aragón y a otros tres vecinos. María Domínguez también colaboró como articulista en cabeceras como Ideal de Aragón y Vida Nueva, firmando con el seudónimo de María la tonta y publicó en 1934 el libro “Opiniones de mujeres”. Tras el golpe de Estado, María Domínguez se negó a huir a Francia junto a otros vecinos de Gallur y buscó refugio en Pozuelo de Aragón, en casa de su hermana Jacoba. Fue detenida y trasladada a Fuendejalón, donde fue fusilada. Tras su posterior exhumación (31 de enero de 2021) su cuerpo presentaba el cráneo fracturado por un tiro de gracia. Junto a su esqueleto encontraron una peineta rota, posiblemente por el tiro en la cabeza, y varias horquillas para el pelo.  El Registro Civil de ese pueblo inscribió su defunción al día siguiente, consignando como causa de muerte el eufemismo “heridas de arma”,  que era la fórmula habitual de la época para encubrir las ejecuciones sumarias. Su segundo marido, Arturo Segundo Romanos, de oficio esquilador, corrió la misma suerte el 13 de septiembre en el cementerio de Tabuenca. Los días  29 y 30 de agosto pasados se hizo en Fuendejalón un  homenaje a aquellas mujeres organizado por el Ayuntamiento de esa localidad, en colaboración con la ‘Asociación por la Memoria Democrática de Fuendejalón’  (ley en la actualidad vergonzosamente derogada en Aragón por el Gobierno PP-Vox que preside Jorge Azcón) compuesta fundamentalmente por nietas o bisnietas de aquellas mujeres represaliadas. El próximo día 29 de noviembre hay en España elecciones generales. Solo espero y confío en que no se produzca el ‘strepito’, ese chirriante "Grito" de Munch que nos devuelva a la época más siniestra de nuestra historia reciente, donde la ultraderecha retrógrada (Vox y los cantantes imitadores) pretende conducirnos con cantos de sirena. Los errores siempre los termina pagando la clase trabajadora, enanos en un mundo de gigantes que, como decía Concha Alós, siempre se esconden para reírse.

 

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