Doy por hecho que automedicarse no es buen remedio y
que debe ser el médico el que prescriba aquellos fármacos que necesita el
enfermo para intentar mejorar su dolencia. Pero siempre han existido medicinas
que podían adquirirse en las oficinas de Farmacia sin receta, entre ellas el ibuprofeno. Te lo recomendaba el médico
antes de darle los buenos días. Era como un bálsamo de Fierabrás que lo mismo
servía para unas tercianas que para controlar el baile de san Vito o para el
moquillo. Pues bien, hace unos días me acerqué a mi oficina de Farmacia en busca
de ese asequible medicamento contra el dolor. Siempre me habían entregado “ibuprofeno de 600 miligramos” para atajar
mis achaques. Esta vez me dieron “ibuprofeno
de 400 miligramos”. Al preguntar,
me indicó la farmacéutica que desde mayo, es decir, desde este mes, ya sólo
podía expender ese por la Ley de
Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y que las sanciones por su
incumplimiento podían oscilar entre los 3.000 y los 6.000 euros de multa. En
resumidas cuentas, que para una receta de ibuprofeno
de 600 miligramos será necesario acudir al ambulatorio, esperar largos
turnos y confiar en que el galeno te
expenda una receta como si se tratase de una participación de lotería de Navidad.
Pero a grandes males, grandes remedios. Parece evidente, aunque no me hagan
mucho caso por si las moscas, que cuando el dolor es agudo (pongamos por caso
una artritis reumatoide) te permitas tomar pastilla y media de 400 miligramos.
¿Han tenido en cuenta ese detalle los diputados que hicieron esa modificación del Real Decreto
Legislativo 1/2015, de 24 de julio para transformarla en la Ley 29/2006, de 26 de julio?
Desde ahora, los farmacéuticos, antes de expender un fármaco deberán leer el código QR y verificar su precinto de
seguridad. Parece ser que con ello se evitarán las falsificaciones y, sobre
todo, las compras por internet, que
me parecen una locura. Día llegará, empero, que para adquirir una cajita
redonda de “pastillas Juanola” habrá
que acudir al ambulatorio y solicitar una receta. Y hasta puede que te la
nieguen, si el médico considera que el consumo de regaliz produce hipertensión.
viernes, 31 de mayo de 2019
jueves, 30 de mayo de 2019
Mejor se está sin decir ná
En un artículo de El correo de Andalucía, Ramón
Reig, al hacer referencia al mundo del periodismo, preguntaba a los
lectores: “¿Saben qué es una noticia? Pues lo que dijo el empresario y
periodista inglés Alfred Charles William
Harmsworth, dueño en su día de The Times: aquello que alguien con
poder está haciendo en alguna parte y no quiere que se sepa. Lo demás –añadía-
es publicidad”. Y volvía a hacer a los lectores de ese diario otras preguntas: “¿Saben
de lo que más tratan los medios? De las batallas políticas. ¿Saben quiénes
mandan en los políticos? Los que les
pagan las campañas electorales y les condonan deudas de vez en cuando,
es decir, los bancos y las grandes empresas, muchas de ellas de comunicación y
periodismo, como sucede en Estados Unidos”. Nada nuevo bajo el sol. Los medios
siempre intentan crear opinión en sus lectores. Si el diario es de derechas verá muy mal en sus
editoriales que el Gobierno suba el salario mínimo a los trabajadores y
vaticinará un montón de catástrofes económicas si eso ocurriese. Y esos terribles
vaticinios han sido y serán justificados por el Banco de España, en boca de Caruana, de Fernández Ordóñez, de Linde
y de Hernández de Cos. De Luis Ángel Rojo sólo recuerdo que
durante su mandato como gobernador se intervino el Banco Español de Crédito, y del anterior a él, Mariano Rubio, que pasó por la cárcel a petición del fiscal Mariano Ferrnández Bermejo, después de
haberle caído encima el armario de tres cuerpos de Ibercorp y de mantener una cuenta opaca para el Fisco gestionada
por Manuel de la Concha. Hernández
de Cos, que es hijo de Inocencio Hernández
Amores, secretario de Adolfo Suárez,
dice ahora que no ve riesgo de recesión en España; censura el incremento del salario mínimo “por
el impacto negativo que tendrá en los trabajadores más jóvenes y los de mayor
edad con menor formación”; y asegura que “la revalorización de las pensiones conforme
a la inflación supondría un aumento en el gasto público en más de un 3% del PIB
en 2050”. Eso, dicho en boca de un tipo que fue puesto a dedo por Rajoy y que cada mes se lleva más de
12.000 euros de sueldo, causa estupor. A
Hernández de Cos le recordaría aquello que le espetó Manolete a su mozo de espadas tras una mala racha torera en América
cuando éste, Guillermo González Luque,
le dijo que estaba muy callado: “Mejor se está sin decir ná".
martes, 28 de mayo de 2019
Mantener el tipo
Félix
Madero, en Vozpópuli,
da un repaso a los líderes políticos una vez pasados los comicios a las
generales, a las municipales, a las autonómicas y a las europeas. Hay leña para
todos. Hace referencia a las sonrisas fingidas de Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias. Aquí no se queda nadie si su correspondiente rapapolvo.
Todos ponen cara de haber ganado. Un partido, el PSOE, ha ganado por la
matemática electoral; otro, ha cambiado el oro por la plata y se ha convertido
en la alternativa de Gobierno; un tercero, por conocer que será la charnela
necesaria para el logro de Ayuntamientos y presidencias de Comunidades
Autónomas; un cuarto, por haber quedado como Cagancho en Almagro; y un quinto, por aparecer en la escena
política en el momento más inoportuno. En efecto: no importa ganar si no se
puede gobernar. Dice Madero: “Falsa la sonrisa de Pablo Casado,
que gana Madrid, pero se deja votos por espuertas, en Madrid y fuera de la
capital. Falsa la de Sánchez, que fracasa estrepitosamente con la operación Pepu
y deja a Gabilondo al borde de la
jubilación política. Y así van (sic) camino de cinco lustros, sin tocar pelo en
Madrid. Falsa la armónica y venerable sonrisa de Manuel Carmena que, aunque insistía en que había ganado, no veía
cómo Rita Maestre lloraba y lloraba a su espalda mientras ella
insistía en la victoria. Falsa la alegría desbordante de Albert Rivera,
que después de tanto afán debe empezar a asumir que lo que tiene es un partido
bisagra que no consigue arrebatar el sitio al PP. Algo hay, y no es aquí el
momento, que hace poco fiable a Ciudadanos, incluso entre los que lo han
votado. Se han gastado los ahorros catalanes en el famoso sorpasso,
pero el intento, inútil donde los haya, los ha dejado en la más absoluta
melancolía”. Y a Pablo Iglesias le cae la del pulpo: “Un líder
menor hundido y amortizado con ínfulas de ministro que no tuvo el arrojo
suficiente de dar la cara ni de poner un rácano tuit. Su cobardía da idea de su talla. Él sólo, con la inestimable
ayuda de su compañera Irene Montero y con el mastuerzo
político de Pablo Echenique y el taimado Monedero
se han cargado un partido llamado a gobernar España -eso decían las encuestas-,
en los momentos donde la crisis hacía estragos. Curiosa, por cierto, la forma
en que embiste Monedero contra Errejón,
al tiempo que culpa del desastre 'podemita' a las cloacas del Estado. En verdad
que harta tanta golfería política”. Al final de su artículo, dice Félix Madero:
“¿Y así estaremos cuatro años? Está por ver”. En política, como en la fiesta
brava, hay que tener cuidado con el toro manso. En ocasiones, mejora tras los
puyazos de reglamento En otras, el toro,
llámese Secretario, Azabache, Perdigón o Vinagrito,
se lleva al torero por delante en un arranque inesperado. Como dejó escrito Cela: “Hay que mantener el tipo, no
descomponerlo cuando se trabaja en la cuerda floja, sin red y a la vista del
respetable”. Conque menos fotos y a trabajar.
domingo, 26 de mayo de 2019
¿Quiénes manipularon?
Señala hoy Antonio
Burgos en ABC: “No debemos
olvidar que la II República vino tras la manipulación de unas elecciones
municipales, que ganaron los partidos que defendían a Don Alfonso XIII, pero un inmenso pucherazo puso a Su Majestad
camino de Cartagena”. Como escribía Ángela
Bernardo (Hipertextual, abril 12,
2015): “Para
entender qué ocurrió el 12 de abril de 1931, debemos viajar por una puerta del
tiempo auxiliar, la que señala el 28 de enero de 1930. La también conocida como
«dictadura con rey» no sólo había
disuelto las Cortes, prohibido el uso de otras lenguas que no fueran el
castellano o restringido las libertades políticas e impuesto la censura.
También había sido responsable de la destitución de Miguel de Unamuno y de constantes conflictos sociales, lo que
finalmente provocó la dimisión del gobierno dirigido por Primo de
Rivera. La caída del
general Primo de Rivera supuso el principio del fin de la monarquía de Alfonso XIII. El ascenso del también general Dámaso Berenguer vino motivado por el
propósito de restablecer la ‘normalidad constitucional’. Nada de esto sucedió”.
Lo cierto es que no restableció
plenamente la Constitución de 1876 ni convocó elecciones a Cortes como exigían
los republicanos unidos tras el Pacto de
San Sebastián. Tampoco ayudó a la concordia el fusilamiento de los
capitanes Galán y García Hernández. Tras la destitución
de Berenguer llegó el almirante Aznar,
el 18 de febrero. Al poco de su
llegada convocó los comicios municipales para el 12 de abril. Con la ley electoral
entonces vigente (de 1907) y de conformidad con el artículo 29, en los
distritos donde el número de diputados fuese igual al número de candidatos presentados,
no habría elección, de modo que los candidatos eran elegidos de forma
automática en beneficio de la perpetuación de los caciques. Hasta entonces podían votar
los varones mayores de 25 años. No se tuvo en cuenta hasta la llegada de la II
República el voto de la mujer. Según el Anuario del Instituto Nacional de
Estadística de 1931, los partidos republicanos sumaron más de 276.000 votos en Madrid; los monárquicos no llegaron a 60.000. Algo
parecido sucedió en Barcelona y Valencia, logrando ganar en 41 de las 50
capitales de provincia. (Las excepciones fueron Ávila, Burgos, Cádiz, Lugo,
Orense, Palma de Mallorca, Pamplona, Soria y Vitoria. En Vitoria y Pamplona se
repetirían las votaciones el 31 de mayo, con victorias republicanas). Tales excepciones fueron en el medio rural por
la influencia ejercida por los caciques. En este sentido, Ángela Bernardo
recuerda que “el martes 14 de abril, las ciudades de Éibar, Valencia y
Barcelona alzaron la bandera tricolor en sus instituciones. Sólo quedaba
Madrid, pendiente de la decisión del monarca. Reunidos de urgencia el
presidente Aznar y el monarca Alfonso XIII, se debatieron varias alternativas.
Entre otras, destacaba el exilio del rey. Esta opción fue elegida finalmente
tras el acuerdo entre Álvaro Figueroa
y representantes de los partidos republicanos en una reunión en el domicilio de
Gregorio Marañón, en el que se pactó
la salida de la Familia Real de
España con total seguridad”. En total hubo en España 81.099 candidaturas a
concejales en 8.943 distritos. A Antonio Burgos le preguntaría: ¿dónde hubo
pucherazos? La respuesta parece clara: en el medio rural, donde triunfaron los
monárquicos por la presión ejercida por los curas desde los púlpitos, los caciques
y los terratenientes y el temor a posteriores represalias si no se cumplían sus
antojos. Los mismos avechuchos, casi todos ellos iletrados, que cinco años más
tarde aplaudieron con las orejas el golpe de Estado dirigido por Mola
y la posterior guerra civil.
viernes, 24 de mayo de 2019
Toíto te lo consiento...

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