Asumir responsabilidades, si las hubo

En un excelente ensayo publicado
en la revista “República Ibérica de las Letras”
José Antonio Yturriaga Barberán, bajo el
epígrafe “¿Debe España pedir perdón por
la conquista de Méjico?" (23/10/ 2021) éste señalaba que eso de pedir perdón
España a Méjico partía de dos importantes centenarios: el V de la conquista de
Tenochtitlán por Hernán Cortés y sus
aliados indígenas y el comienzo de la colonización de la Nueva España, y el II
de la independencia de la República. Ante la proximidad de esas dos efemérides,
el presidente mejicano Andrés Manuel
López Obrador (marzo de 2019), exigió a Felipe VI y al papa Francisco que pidieran perdón por aquella
cruenta conquista. El rey ignoró esa petición. El papa Francisco, no. El enredo
había comenzado el 13 de agosto de 1521, cuando Hernán Cortés al frente de unos
300 guerreros españoles y miles de indígenas conquistaron Tenochtitlán, capital
del Imperio azteca, que había sometido a los demás pueblos mediante una opresión
brutal y la práctica de sacrificios humanos y de antropofagia, que suponían la
muerte anual de unas 30.000 personas sobre una población de unos 5 millones de
habitantes. Pero aquella conquista de Cortés sólo fue posible gracias a la
ayuda de unos 200.000 indígenas oprimidos, que vieron en él a un libertador del
yugo azteca, como describió en su “Historia verdadera de la conquista de la
Nueva España” Bernal Díaz del
Castillo, testigo presencial de los hechos y activo participante en los mismos. Tres
siglos más tarde, en 1810, tras el“grito
de Dolores” del cura Hidalgo, los
mejicanos rompieron las cadenas de la opresión de España, que le había dejado
una herencia de exterminio y de muerte. Pues bien, ante la falta de respuesta
de Felipe VI, López Obrador no le invitó
a los actos conmemorativos de la independencia. Ahí quedó la cosa. Cierto es que España llevó
a América toda una serie de enfermedades (gripe, viruela, difteria, sarampión,
tifus y peste) y hasta la Santa Inquisición. Por si ello fuese poco, España
mantuvo la esclavitud en América, que no fue abolida hasta 1837 y en Cuba hasta
1886. No hay que olvidar, por otro lado que, en 1511, fray Antonio de Montesinos defendió
en un sermón la humanidad de los indígenas, y se trasladó a España para
defender su tesis ante el Fernando II de Aragón,viudo de Isabel I de Castilla desde 1504 y marido de Germana de Foix desde finales de 1505 al casarse por poderes, que la aceptó y prohibió la
esclavitud de los indios 40 años antes de que Bartolomé de las Casas, obispo de Chiapas, publicase su “Brevísima
recopilación”, que sirvió de embrión al desarrollo de la Leyenda Negra por su crítica furibunda a
la actuación de los conquistadores españoles. Hoy, en El Debate, leo un artículo de su director,
Bieito Rubido, bajo el
epígrafe “Yo no pediré perdón” donde,
en referencia a los mejicanos. Nadie se lo ha pedido. Escribe: “Ellos
solitos han construido su actual realidad. Cuando se independizaron, perdieron
gran parte de su territorio y pasaron de ser la zona más rica del continente,
por delante de Estados Unidos, a generar el mayor número de ciudadanos pobres
de toda América”. (…) “Deberíamos poner
más en valor la extraordinaria obra de siglos que en tierras americanas ha
hecho España. Es más, si tuviésemos un Gobierno sensato, deberíamos dotar de
más medios a todos aquellos que se dedican a estudiar la herencia que dejamos
allí y fomentar la cooperación”. (…)”En su día existió el Instituto de Cultura
Hispánica y hoy sigue su trayectoria la AECID (Agencia Española de Cooperación
Internacional para el Desarrollo), que en manos de Napoleonchu, ese gigante de
la estulticia diplomática, está más orientada a denigrar a la nación española
que a defenderla. No olviden que padecemos un Gobierno que actúa contra su
propia ciudadanía”. Vamos, que Pedro
Sánchez es un pariente de Tragantúa. Parece increíble
que el director de ese medio aproveche cualquier motivo, el que sea, para
señalar que “no tenemos un Gobierno
sensato”, y por aquello de ir por atún y ver al duque, aprovecha el viaje
para arremeter contra el actual ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel
Albares Bueno,
motejándole como “Napoleonchu”, un apodo que comenzó a divulgar el 2 de enero
de 2022 Ramón Pérez-Maura en ese
mismo diario con su desafortunado artículo “Napoleonchu,
decadencia y caída”. Hoy es Viernes de Dolores. Les deseo que tengan un
buen fin de semana.
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