Hoy martes, (santo
para algunos) el diario regional Heraldo
de Aragón sorprende a sus lectores con una importante noticia: “El mítico bar de Zaragoza en el que la
alcaldesa Natalia Chueca ha comido
una torrija por Semana Santa: “Me encanta este plan”. Ese diario ‘independiente’ controlado por la familia Yarza
se esfuerza, como se puede comprobar, en mantener informados a los lectores de todo lo que sucede a
nuestro alrededor de forma veraz y sin fisuras. Pero si les digo la verdad,
hubiese sido mejor que ese diario informase a los lectores, que cada día son
menos, de la suciedad existente en nuestras calles y de la falta de
profesionalidad de la empresa de servicios contratada para labores de policía,
que no consiste en que la Policía Local patrulle por las calles y gestionen
situaciones de emergencias, que también, sino que los encargados de la limpieza
pública (la otra policía) hagan su trabajo con escoba,
pala y carro, rieguen las calles y gestionen los residuos. Por lo demás, me
importa una higa si la alcaldesa come torrijas en la plaza de santa Engracia,
baile la jota en el balcón del Ayuntamiento, o se vista con faralaes. Ya solo
le falta a esta folclórica mujer contarnos en qué obrador de Zaragoza se hace
la mejor mona de Pascua, o si ha sido invitada a acudir a “Masterchef” para cocinar en
directo un pichón en salmit, unos barbarines a la papillot, o un ‘villagodio’ al estilo de cómo le gustaba
echar a la andorga a Indalecio Prieto en
‘Casa Luciano’ (ya desaparecido) en
el casco viejo bilbaíno. Un hombre que, a juicio de Álvaro Cunqueiro, llegó a ser el mejor alimentado de la izquierda
española. A este paso, la alcaldesa de Zaragoza será la mujer mejor alimentada del mundo al otro confín. Pero, a mi entender, no merece la pena que dedique más tiempo a la visita a
tabernas esa señora, entre ellas la Tasca-Vermutería La Ultramarina,
Casa Agustín, Restaurante Candelas, Cafetería San Siro, la zona del Tubo, etcétera; en todas ellas con reportero
gráfico incluido. Bueno será recordarle a la alcaldesa que se pagan
demasiadas tasas municipales para que exista tanta desidia, sobre todo en los
barrios. Vamos, de vergüenza. En la Zaragoza olvidada de la margen izquierda cunde la desidia por
doquier y eso no lo cuenta la prensa. Todo se arreglaría con más escobas, más
riegos de calles y menos meneos de incensario. Los humos salidos de ese artefacto ceremonial atontan más que los porros.
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