martes, 31 de marzo de 2026

Meneos de incensario

 

Hoy martes, (santo para algunos) el diario regional Heraldo de Aragón sorprende a sus lectores con una importante noticia: “El mítico bar de Zaragoza en el que la alcaldesa Natalia Chueca ha comido una torrija por Semana Santa: “Me encanta este plan”. Ese diario ‘independiente’ controlado por la familia Yarza se esfuerza, como se puede comprobar, en mantener informados a los lectores de todo lo que sucede a nuestro alrededor de forma veraz y sin fisuras. Pero si les digo la verdad, hubiese sido mejor que ese diario informase a los lectores, que cada día son menos, de la suciedad existente en nuestras calles y de la falta de profesionalidad de la empresa de servicios contratada para labores de policía, que no consiste en que la Policía Local patrulle por las calles y gestionen situaciones de emergencias, que también, sino que los encargados de la limpieza pública (la otra policía)  hagan su trabajo con escoba, pala y carro, rieguen las calles y gestionen los residuos. Por lo demás, me importa una higa si la alcaldesa come torrijas en la plaza de santa Engracia, baile la jota en el balcón del Ayuntamiento, o se vista con faralaes. Ya solo le falta a esta folclórica mujer contarnos en qué obrador de Zaragoza se hace la mejor mona de Pascua, o si ha sido invitada a acudir a “Masterchef”  para cocinar en directo un pichón en salmit, unos barbarines a la papillot, o un ‘villagodio’ al estilo de cómo le gustaba echar a la andorga a Indalecio Prieto en ‘Casa Luciano’ (ya desaparecido) en el casco viejo bilbaíno. Un hombre que, a juicio de Álvaro Cunqueiro, llegó a ser el mejor alimentado de la izquierda española. A este paso, la alcaldesa de Zaragoza será la mujer mejor alimentada del mundo al otro confín. Pero, a mi entender, no merece la pena que dedique más tiempo a la visita a tabernas esa señora, entre ellas la Tasca-Vermutería La Ultramarina, Casa Agustín, Restaurante Candelas, Cafetería San Siro, la zona del Tubo, etcétera; en todas ellas con reportero gráfico incluido. Bueno será recordarle a la alcaldesa que se pagan demasiadas tasas municipales para que exista tanta desidia, sobre todo en los barrios. Vamos, de vergüenza. En la Zaragoza olvidada de la margen izquierda cunde la desidia por doquier y eso no lo cuenta la prensa. Todo se arreglaría con más escobas, más riegos de calles y menos meneos de incensario. Los humos salidos de ese artefacto ceremonial atontan más que los porros.

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