sábado, 28 de marzo de 2026

"Matar judíos"

 

 

 

En estas fechas de Semana Santa no existe pueblo aragonés que no presuma de hacer la mejor limonada casera de su comarca. Normalmente, por estos pagos se hace con vino tinto, limones, azúcar y canela. Y cuando apareces por un pueblo y haces una visita a unos conocidos enseguida te ofrecen un vaso de limonada y una torrija. Es la costumbre. Pero la verdadera limonada contiene algo más que los ingredientes señalados. Me consta que solo es León el lugar donde“se matan judíos”, según relataba en un suelto en Diario de León (11/04/2011) Antonio Vega García. Lo cierto (eso no lo cuenta Antonio Vega) es que existen varias leyendas sobre la expresión“matar judíos”. Una de ellas hace referencia al hecho de querer frenar por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas la sed de venganza de los cristianos hacia los judíos y evitar así una matanza en las juderías de León. Estas se encontraban situadas en Puente Castro, Castrum Iudeorum’, para posteriormente, en el año 1196, trasladarse al barrio de Santa Ana, a las afueras de la ciudad, tras ser destruida la anterior judería por castellanos y aragoneses. Y en evitación de posibles ataques, se autorizó (pese a de que durante la Semana Santa estaba prohibido el consumo de alcohol), la ingesta de limonada (erróneamente considerada como más suave que el vino) con el fin de contener los ánimos de los cristianos. Para ello era necesario que en el trayecto  hacia las juderías (desde la catedral hasta Santa Ana) en las tabernas ahogaran su sed de venganza los cristianos bebiendo limonada. Según  entiende la historiadora leonesa Margarita Torres, el último barrio judío de León estuvo situado en el siglo XV en el entorno de la plaza de Carnicerías, Plaza Mayor y calle Matasiete. No olvidemos que desde el siglo XIV, las comunidades judías fueron objeto de persecuciones constantes, alimentadas por prejuicios religiosos y sociales. Se les atribuían responsabilidades que iban desde la muerte de Cristo hasta calamidades como la peste negra. Ese proceso culminó en 1492 con la expulsión de los judíos de los territorios bajo dominio de Isabel II de Castilla. Para aquellos energúmenos (muy cristianos, eso sí) cada vaso de limonada bebido equivalía a “matar a un judío”. Otra leyenda tiene como protagonista al caballero Suero de Quiñones, señor de Navia, que atacó la judería una noche de Jueves Santo por venganza contra un prestamista que le debía dinero y que, una vez conseguido su propósito, lo celebró emborrachándose con vino.  La tradición, como mandan los cánones, de beber limonada en León consiste en tomar 33 limonadas en el espacio comprendido entre el Viernes de Dolores y el Domingo de Resurrección.  Pero para mí que esa tradición se queda paticorta, como se puede comprobar con solo dar una vuelta cualquier noche por el Barrio Húmedo. En sus excelsos bares hay gloriosas cecinas colgadas de parientes de Barrabás, y no exagero. Parece ser que, en 2017, en unas excavaciones arqueológicas realizadas en la Peña del Castro (término de La Ercina), además de un almacén de semillas y cereales, se encontraron restos de carne de vaca curada datados en los primeros años de nuestra era.

--Oiga, ¿y cree usted que aún se podrían comer?

--Hombre, eso ya…

 

No hay comentarios: