¿De qué sirve que un palacio señorial fuese declarado Bien de Interés Cultural en 1991, si sus vecinos observan cada día que pasa cómo se va derrumbando como un castillo de naipes ante la desidia de la Junta de Castilla y León? Pues eso es lo que está sucediendo en Almazán, provincia de Soria, con el Palacio de los Hurtado de Mendoza, también conocido como Palacio de los Condes de Altamira. Fue construido por mandato de Pedro González de Mendoza y Luna, señor de Almazán, primer conde de Monteagudo y guarda mayor de Enrique IV. Entre los restos que permanecen visibles aparecen fragmentos de columnas, arcos y piezas de cantería labrada que durante siglos formaron parte de su estructura, junto a otros elementos arquitectónicos que ahora han quedado expuestos o separados en pedazos. Su construcción es de finales del siglo XV y de estilo gótico. Allí se alojaron los Reyes Católicos en 1496. También allí estableció su corte como casa independiente el malogrado príncipe Juan. Tras la pérdida de su rol nobiliario directo, el edificio cumplió funciones muy variadas, tales como casino municipal o sede del servicio de telégrafos. A día de hoy va a resultar casi imposible la restauración de la parte dañada. Aunque dé pena decirlo, lo mejor sería derrumbarlo y en su solar construir viviendas sociales o un mirador al río Duero. Como dijo Rafael Guerra “Guerrita”: “Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”, según contó el sevillano Giraldillo (seudónimo de Manuel Sánchez del Arco) crítico taurino del diario ABC. Todo tiende a la estratificación, a veces por mor de la incuria.
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