martes, 27 de octubre de 2026

A propósito de una heroina toresana

 

Leo que una heroína toresana inauguró ayer, lunes, en la Ciudad de Doña Elvira el curso académico de la Universidad de la Experiencia, donde fue protagonista coincidiendo con el quingentésimo quincuagésimo aniversario de la concesión por los Reyes Católicos del 'Privilegio Grande' a los descendientes de Antona García en 1476, mujer ejecutada por las tropas portuguesas por su apoyo a Isabel I de Castilla, consistente en una exención de tributos transmitida en igualdad de condiciones  entre hombres y mujeres, desafiando las normas de preferencia masculina habituales en las Partidas de la época. Antona García, gaburonesa nacida en Tagarabuena (municipio independiente denominado Tavarabuena en el 'Censo de la Sal' de 1631 y desde 1970 pedanía de Toro) estuvo casada con Juan de Monroy, cazador de Juan II, hijo de Hernando de Monroy, alias El Bezudo, señor de Monroy. Aclaro que en los textos históricos aparece el apellido como “Monrroy”, una grafía menos común, que aparece en registros antiguos o en ciertas familias. El 3 de marzo de 1476 Fernando II de Aragón ganó la batalla de Toro, llevada a cabo en Peleagonzalo, quedando casi totalmente deshecho el ejército portugués (defensor de Juana, hija de Enrique IV de Castilla y legítima heredera al trono castellano) que solo retuvo algunos castillos y ciudades muy fortificadas. Toro fue una de ellas y de la mayor importancia.  Antona García, en unión de otros partidarios de Isabel, hermana de padre de Enrique IV,  ayudó como pudo a las tropas isabelinas que sitiaban Toro, urdiendo un plan para que pudieran acceder a la población subiendo de noche por el llamado puerto de la Magdalena. Enterado de esa treta el conde de Marialba, que mandaba las fuerzas de Alfonso V de Portugal, ordenó prenderla junto con Alonso Fernández Botineti y Pedro Pañón y los condenó a muerte de horca. Se les ejecutó el día 9 de agosto de 1476. Aquella misma noche se enterró el cuerpo de Antona García  en la iglesia mozárabe de San Julián de los Caballeros, reconstruida en el silgo XVI, donde en la actualidad destacan los retablos laterales y la portada principal trasladada en 1879 desde el antiguo Real Monasterio de San Ildefonso, fundado en 1285 por María de Molina, mujer de Sancho IV de Castilla sobre los restos de una ermita dedicada a santa María la Blanca, más tarde suprimido por la desamortización de1835. Perteneció a los frailes dominicos y allí se formaron los cardenales Juan Pardo Tavera, que llegó a ser primado de España e inquisidor general. De él  se conserva un retrato póstumo realizada por El Greco en 1610 con aprovechamiento de una máscara mortuoria hecha por Pedro  Berruguete. Era sobrino de Diego de Deza y Tavera (también inquisidor y principal apoyo de Cristóbal Colón ante Isabel de Castilla). También se formó, como decía, Pedro Deza Guzmán. Fue una lástima que se perdiera para siempre el retablo mayor, encargado en 1502 a Berruguete con la colaboración de Juan de Borgoña.  Las desamortizaciones, desde la primera, realizada por Godoy, hasta la última, la de Madoz, dieron lugar a grandes rapiñas.

 

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