
Dice Núñez Feijóo, y así lo leo en El País, que “Patrimonio de Madrid debería explicar por qué compró un local que no pude ser oficina”, refiriéndose a la venta que Astrid Gil-Casares, amiga del millonario pederasta Jeffrey Epstein y exmujer del presidente de Ferrovial, Rafael del Pino, destinado inicialmente a ser residencia de Isabel Díaz Ayuso y situado en el barrio de Chamberí, una de las zonas más caras de Madrid. Al “descubrirse el pastel” por parte del periodista David Fernández, Ayuso echó marcha atrás y dijo de iba a ser vendido y el dinero resultante de su venta lo iba destinar a los damnificados por los incendios de la Comunidad que ella preside. ¡Qué risa si no fuese un disparate! De cualquier manera, entiendo que Núñez Feijóo debería andarse con pies de plomo, sabedor de que ya vio pelar las barbas de Casado por cuestionar en el programa de“Herrera en la COPE” el presunto cobro de comisiones millonarias de la pareja de Ayuso, Alberto González Amador, por mediar supuestamente en contratos de mascarillas durante la pandemia y la posterior investigación de la Agencia Tributaria por presunto fraude fiscal y falsedad documental. La misión de Feijóo con su llegada a Madrid fue la de intentar‘apagar el fuego’ de aquella situación incómoda para el PP, conque ojo al gorila. Pero la ‘patada en el culo’ a la pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid la recibió el entonces Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz por una sentencia histórica del Tribunal Supremo. Al Fiscal General se le impuso una pena de inhabilitación para el cargo de dos años, además de una multa económica y el pago de una indemnización por daños morales a la parte afectada por una supuesta filtración que, a mi entender, nada tuvo que ver con su persona. Y la parte afectada, por todos es sabido que sigue suelta por “algo que no fue un error sino una conducta consciente, deliberada y dolosa”, según señaló la Agencia Tributaria. Pues bien, quien debería dar cuenta de aquella compra de Chamberí no es Patrimonio de Madrid sino Díaz Ayuso, que hasta el momento no ha dado ningún tipo de explicación, como tampoco la dio de su periplo por México, marcada por fuertes críticas políticas, ausencia de reuniones oficiales con el gobierno mexicano y acusaciones de opacidad. Cruzó el océano para abrir una bronca histórica con la Presidenta de México que casi derivó en un conflicto diplomático con la reivindicación de Hernán Cortés, el adoctrinamiento y el mestizaje desde una caricatura paternalista que molesta a los mexicanos. En boca cerrada no entran moscas. Claro, como no podía ser de otra manera, esa paleta, de modales poco refinados o comportamiento rústico, salió tarifando de México como Cagancho en Almagro. Ayuso, como digo, nunca podrá estar a la altura de Claudia Sheinbaum Pardo, licenciada en Física, maestra en Ingeniería Energética, doctora en Ingeniería en Energía por la Universidad Nacional Autónoma de México e investigadora durante cuatro años en la Universidad de California, Berkeley y en el Lawrence Berkeley National Laboratory. Debo aclarar que el hecho de llamar a Ayuso paleta no es un insulto sino algo referido a persona rústica y de modales poco refinados, como demostró llamando a Sánchez algo que suena a “me gusta la fruta” con una olímpica falta de respeto. Cosa diferente es que la hubiese llamado zoquete, del latín medieval sócus, o sea, la de los zuecos. Pero no lo hago por respeto a los gallegos, dotados de esa mezcla única de prudencia, ironía sutil y melancolía que tanto me gusta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario