Señala Pedro Simón
en El Mundo que “hay piojos y piojos.
A mí particularmente me preocupa muy poco el pelo que tenga cada cual o lo que haga con el
suyo propio. A mí lo que me preocupa es que nos lo sigan
tomando”, al hacer referencia a que “hay más de 3.200 tipos de piojos. Están
los piojos masticadores y los pijos chupadores. Los piojos del elefante y los
de las aves. Los piojos de la cabeza y los de la entrepierna. Los piojos de la
comunidad de vecinos y los del trabajo. Los piojos del banco y los piojos de
diputado”. En efecto, creo que Celia
Villalobos, esa vicepresidenta del Congreso con aspecto de señora de la
limpieza que no fue capaz de terminar la carrera de Derecho, se ha pasado siete
pueblos con las rastas de Alberto
Rodríguez. Lucía Méndez, en el
mismo diario entiende que los de Podemos “encarnan el fracaso de la política
convencional”. (…) “Los 5.189.333 de españoles que les votaron lo hicieron
porque los que sí cumplen el protocolo les fallaron de forma estrepitosa,
triste y dolorosa”.Lo de Antonio Burgos, ayer, en ABC de Sevilla, ya es de juzgado de
guardia: “Han pixelado la carita del niño [refiriéndose al niño de Bescansa] en aplicación de la Ley del Menor. Una chuminá. A
quien había que aplicarle la Ley
del Menor es a la madre, por maltrato infantil: hacerle a la criatura la
perrería de llevarlo a las Cortes para montar el numerito, y dejarnos de
pixelerías. Pixelar, saben, es poner la cara a cuadritos de quien no quieren
que identifiquemos en la foto: un menor, un agente de la autoridad. Pero la
cara a cuadritos, completamente pixelada, se nos ha puesto a los votantes, al
ver cómo la mugre, la gentuza, la chusma, las raftas [sic], los Código Tres y
las hordas podemitas han tomado en el Congreso. El número ha sido como lo de Pavía, pero sin caballo. O como lo de Tejero, pero desde las urnas. Un
golpe.” Burgos, que es un hombre leído, aunque sólo haya leído a José María Pemán y a Manuel Machado (a su hermano Antonio no, que era del otro bando)
dice “raftas” a las rastas, es decir, a esas trenzas enmarañadas
características de los rastafaris, el movimiento espiritual que nació en
Jamaica en la primera mitad del siglo XX. Pero a Burgos, que sólo sabe de la
cultura del Caribe que La
Habana es Cádiz con más negritos, habrá que hisoparle con
agua de la pila de la Virgen del Cobre y, tras leerle la fábula de El escorpión y la rana atribuida a Esopo, dejarle que siga escribiendo lo que guste. El gusto es suyo. Como dijo el escorpión a la rana: “No he tenido elección: es mi
naturaleza”.
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