Ayer leía en Heraldo de Aragón que Luisa Fernanda Rudi ya tenía su retrato en la Presidencia del Gobierno de Aragón. Hoy leo que la expresidenta de las Cortes de Aragón Marta Fernández ya tiene retrato oficial en el palacio de la Aljafería, y que “en un acto discreto se ha colocado el cuadro, obra del pintor zaragozano Pepe Cerdá, sin invitar a los medios de comunicación ni hacer una comunicación formal por expreso deseo de la expresidenta”. Se añade en esa información que la obra ha tenido un coste de 11.500 euros. Pero el coste del retrato de Rudi sigo sin conocerlo. En el caso de Fernández, ya conté hace unos días que esa militante de VOX se había dado mucha prisa en posar para el pintor, vislumbrando que su tiempo de mandato se terminaría tan pronto como hubiese elecciones, como así aconteció el 8 de febrero pasado. Unas elecciones que no eran necesarias, pese a no tener Azcón aprobados los Presupuestos, por deseos de Núñez Feijóo, que tiene la fijación morbosa de tratar de humillar a Sánchez, y que costaron al Erario Público más de 12 millones de euros, al Partido Popular la pérdida de dos diputados y donde la bala rebotada hizo posible que Vox ganase dos. Es decir, fue como ‘hacer un pan como una torta’ por un error grave que empeoró una situación incómoda al intentar arreglarla. Cuando digo ‘torta’ , y espero que se me entienda, me estoy refiriendo al pan sin levadura, llamado también ázimo, tendido, cenceño, a torquendo, que proviene de la expresión latina ‘ad torrendum’ (para cocer bajo la ceniza), o del latín ‘torqueo’ (para dar vueltas), o subcirenicio (en Galicia se la
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