‘Matar
al Judas’
es un acto lúdico que se practica en multitud de pueblos de España y de América Latina. Se trata de quemar a un pelele
que representa a Judas Iscariote
cada Domingo de Resurrección, por la
supuesta traición que ese discípulo cometió cobrando treinta denarios de plata
por entregar al Mesías a los
sacerdotes en el
huerto de Getsemaní cuando ese zelote le identificó con un beso en la mejilla,
precipitando de ese modo el cumplimiento de la profecía bíblica. En realidad,
lo que Judas Iscariote buscaba, como buen zelote, era liberar
al pueblo judío de la dominación romana y, al entregar al Mesías,
su pretensión era que la gente se levantara ante su figura de líder dando comienzo a una revolución. Ya el Domingo de Ramos al Mesías no se le recibió con ramas de olivo, sino que un grupo de zelotes
permaneció atento a su recorrido en borriquilla armados con los nervios centrales de ramas de palmera
por si necesitaban utilizarlos como defensa. El "hosanna al Hijo de David" fue una aclamación bíblica de júbilo y reconocimiento mesiánico. "Hosanna" que proviene del hebreo “hoshi'a-na”, significa "sálvanos ahora”, e“Hijo
de David” identifica al Mesías como “el
rey prometido”. Pues
bien, de todos esos actos
multitudinarios donde se trata de vengar la figura del presunto traidor, en el
pasado se incluían prácticas de una gran crueldad. En algunos lugares se
construían dominguillos gigantes con un hueco en la parte central, donde se
introducían gatos, petardos y buscapiés, en la creencia popular de que esos felinos representaban el ‘alma de Judas’. Al
prender fuego a los monigotes, los petardos explotaban con gran estruendo, los buscapiés se dispersaban en todas las direcciones y
algunos gatos, los pocos que conseguían escapar, salían huyendo de aquel sindiós medio chamuscados y maullando de forma
desgarradora, cosa que los presentes interpretaban como que Satanás salía de las entrañas de Judas
Iscariote. Por suerte, esos actos de crueldad manifiesta están hoy prohibidos.
Todo cambia, salvo la cerrazón en el cerebro en barbecho de los necios. Al final va a resultar
que Judas Iscariote no fue tan malo como algunos lo pintan.
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