No existe mejor placer que trabajar en lo que a uno le gusta. El pasado fin de semana se celebró en Alcañiz (Teruel) el ‘Campeonato Nacional de Arada’, que ganó por noveno año consecutivo David Rodríguez, leonés de Mansilla de las Mulas. Hubo, como digo, dos días de pruebas. Lo normal es que se realice un día sobre pradera y otro sobre paja o cereal, pero en este caso se practicaron las dos pruebas sobre paja y cereal a falta de pradera. Se trató de arar una superficie determinada, durante un tiempo cronometrado, de la manera más recta y sin tecnología de guiado. En septiembre de este año le espera a David Rodríguez el campeonato mundial en Croacia, que es el paso posterior al nacional del año pasado. Cada participante se debe hacer cargo de todos los gastos de estancias y desplazamientos, ya que desde la pandemia de coronavirus los participantes carecen dotación económica y la ayuda de algún patrocinador resulta difícil de encontrar. En una entrevista en Diario de León, David Rodríguez señaló que “estaría dispuesto a enseñar a otros lo que él sabe sin ningún problema y que lo que hace falta es echarle tiempo y disponer de un arado específico para competición, de un coste parecido al de un pequeño coche utilitario”. En ese campeonato existen dos modalidades de arada: fijo y reversible. Este año David Rodríguez ganó en la modalidad de fijo y Felipe Sevillano consiguió la de reversible. Tras los dos días de campeonato, los concursantes y otras 80 personas se reunieron en una amistosa comida. El arado se inventó hace ya más de 5.000 años en Mesopotamia y fue evolucionando con el romano, que introdujo la reja de hierro para profundizar en la tierra y la vertedera para voltear mejor el suelo; en 1730 se inventó el llamado ‘arado Rotherham’, un apero más triangular que aprovechaba mucho mejor la fuerza de tiro que se utilizaba por aquel entonces en Europa con la ayuda de semovientes; en 1808 Robert Ransome patentó el primer arado totalmente de cero; en 1837 un humilde herrero, John Deere, sustituyó las cuchillas de hierro fundido por otras de acero y cambió la forma de su diseño; en 1840 se incluyó el asiento para el conductor; diez años más tarde apareció el primer arado de discos para arrancar maleza y pulverizar la tierra; y fue a comienzos del siglo XX cuando aparecieron los primeros tractores enganchados a un apero que más tarde se transformaría en arado de vertedera reversible: y, finalmente, aparecieron las llamadas moto-azadas (mulas mecánicas) provistas de manillar y equipadas con motores de gasolina para laboreo de pequeñas huertas. Es triste que la agricultura española atraviese una profunda crisis estructural caracterizada por la desaparición de miles de explotaciones, el envejecimiento poblacional y la falta de rentabilidad. El problema fundamental de España viene dado por la sequía, los altos costes de producción, los intermediarios, la burocracia, la competencia desleal, la falta de relevo generacional, la dureza del trabajo y la consiguiente despoblación de nuestros pueblos. Al sector primario hace tiempo que no le salen las cuentas. Algo parecido sucede con la ganadería. La gente del campo se cansa de trabajar mucho para que la ganancia se la lleven otros, es decir, están hartos de ‘trabajar para el inglés’, (frase que para el que no lo sepa se debe a William Van Horne, se escuchaba mucho en Cuba y hasta se cantaba en algunas guajiras).
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