viernes, 10 de abril de 2026

Un tonto como Dios manda

 

 

En el capítulo primero de “El gallego y su cuadrilla”, C.J.Cela, hace referencia a un pueblo pequeño, un pueblo pequeño donde no cabía un tonto más. Y el tonto de aquel pueblo se llamaba Blas Herrero Martínez, que sustituyó al anterior por derecho propio, un tal Perejilondo, que llegó a olvidarse de que se llamaba Hermenegildo. Dice Cela: “El pueblo no admitía más que un tonto, no daba de sí más que para un tonto porque era un pueblo pequeño”. Esa frase celiana me ha hecho reflexionar. Porque, claro, si echo cuentas, descubro que en una ciudad grande, pongamos por caso Collado-Villalba o Alcalá de Henares, el número de tontos puede aumentar de forma exponencial. Y en Madrid, ni te cuento. Pero todos ellos cumplen alguna función. Unos van delante de las procesiones, al estilo de Barandales, pero sin túnica ni esquilones que penden de sus muñecas, o delante de las bandas de música; otros tiran piedras a las gallinas o levantan con la ayuda de un palitroque las faldas a las mozas y las sotanas a los curas. Una de las leyes de Murphy señala que ‘es inútil hacer un  aparato a prueba de tontos, siempre existe un  tonto capaz de saltarse cualquier protección’. Pero Douglas Adams contemplaba otra variante: ‘Un error común que la gente comete cuando intenta diseñar algo completamente a prueba de fallos es subestimar el ingenio de los tontos completos’. No olvidemos que en algunos villorrios casi ocultos en los mapas ‘hasta el más tonto hace relojes’. También existen los ‘tontos que hacen tontear’, o sea, esos tontos peligrosos que, por su conducta, consiguen que personas tenidas por sensatas actúen de igual manera. De ahí el refrán: ‘un  bobo emboba a ciento si le das lugar y tiempo’. Es decir, que nunca se debe discutir con un tonto. Si lo haces, te bajará a su nivel y allí te ganará por experiencia. Blas Herrero Martínez, según afirmaba Cela, “era un tonto en su papel, un tonto como Dios manda y no un tonto cualquiera de esos que hace falta un médico para saber que son tontos”. Cada uno cumple su rol. Da igual que lleve boina, bonete o capirote.

 

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