No recuerdo ahora si fue ayer o antes de ayer cuando escuché por la noche a un tertuliano de televisión asegurar que una teja acabó con la dinastía de de los Trastámara. De inmediato di un bote en el asiento como si tuviese un resorte en el trasero. Tenía entendido que los Trastámara terminaron con la muerte de Juana I de Castilla, puesto que su hijo, Carlos I comenzó la dinastía la Casa de Austria. Prefiero pasar por alto la Concordia de Villafáfila (1506) con el retiro de Fernando II a Aragón y la proclamación de Felipe (un Habsburgo) por las Cortes de Valladolid con el nombre de Felipe I (de la Casa de Borgoña) al incapacitar a su esposa y anular el acuerdo de la Concordia de Salamanca de un año antes. Felipe fue un consorte aprovechado.Tras su repentina muerte en Burgos, Cisneros, entonces arzobispo de Toledo, asumió la regencia de la Corona de Castilla hasta el retorno de Fernando II a Castilla. Pero no hay que olvidar que Juana I fue reina de Castilla desde 1504, cuando murió su madre Isabel, y de Aragón a partir de 1516, cuando falleció su padre. Juana, tenida por loca sin serlo, fue encerrada en el castillo de Tordesillas en 1509 por orden de su padre, que deseaba evitar que se formase un partido nobiliario en torno de su hija, y también, impedir los deseos del rey de Inglaterra Enrique VII sobre el gobierno de Castilla. Permaneció cuarenta y seis años en un palacio-cárcel de Tordesillas, vestida siempre de negro y con la única compañía de su última hija, Catalina, hasta que ésta salió en 1525 para casarse con Juan III de Portugal. Hasta su muerte, el 12 de abril de 1555, tanto la madre como la hija fueron ninguneadas y maltratadas física y psicológicamente por sus carceleros. Pero volviendo al principio, a lo de la teja. El tertuliano hacía referencia a Enrique I de Castilla, fallecido a los 13 años. Cierto es que otros reyes (Enrique II, Enrique III y otros monarcas del mismo nombre) sí pertenecieron a la Casa de Trastámara. Enrique I, hijo de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet, había nacido en Valladolid el 14 de abril de 1204 y murió en Palencia el 6 de junio de 1217 cuando, jugando con otros niños en el claustro del Palacio Episcopal de Palencia, uno de sus amigos lanzó una piedra sobre el tejado y una teja cayó sobre la cabeza del joven príncipe. Once días más tarde, el heredero al trono de Castilla murió. Este hecho fue la causa de que Alfonso VIII se quedara sin descendencia de hijos varones. Antes de fallecer, la reina había confiado la guarda y custodia del joven a la hija y hermana mayor de Enrique, la reina Berenguela, que residía en la corte castellana desde que su matrimonio con Alfonso IX de León, que había sido anulado en 1204 por el papa Inocencio III por cuestiones de afinidad sanguínea. Tras su muerte, el cadáver fue conducido por el conde Álvaro Núñez de Lara a Tariego de Cerrato, entre Burgos y Dueñas, a fin de ocultar su muerte. Su hermana Berenguela, que sucedió en el trono castellano a su padre, envió a los obispos de Palencia y de Burgos a hacerse cargo de los restos mortales de su hermano y posteriormente los acompañó hasta el monasterio de las Huelgas de Burgos donde recibieron sepultura.
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