viernes, 17 de abril de 2026

Querer y poder

 

Por Luis María Anson me entero de que Leopoldo Calvo-Sotelo, del que ahora se han cumplido cien años de su nacimiento, pretendió ser académico de la RAE. No lo consiguió. Así lo cuenta Anson: “Almorzó un día conmigo y me pidió que pilotara la operación. Lo hice con mucho gusto. A los diez o doce días le dije que no tenía ambiente en la Academia y que si se presentaba le ocurriría lo que a Romanones. No se lo creyó y buscó otra vía, creo que con Víctor García de la Concha. Recibió la misma respuesta. Irritado por el rechazo, y entristecido, esa frustración le acompañó el resto de su vida”. Lo intentó también Francisco Umbral, sin éxito,  y otros muchos.  Incluso a algunos se les negó la entrada por su condición de mujer. Tal fue el caso de Emilia Pardo Bazán (rechazada en tres ocasiones), Gertrudis Gómez de Avellaneda, María Moliner y Blanca de los Ríos. La primera mujer en ser admitida, aunque solo como académica honoraria, fue Isidra Quintina de Guzmán  (propuesta por sugerencia de Carlos IV en 1784), pero no se le permitió ser miembro de número. Es decir, si pero no. Fue necesario esperar a 1979 para que la poetisa Carmen Conde tomara posesión de su silla ‘K’. Había sustituido la vacante que dejó tras su fallecimiento el dramaturgo Miguel Mihura. El caso de Álvaro Figueroa y Torres, conde de Romanones, fue sonado por su espantada "¡Joder, qué tropa!". Fue académico multidisciplinar  pero no consiguió ingresar en la RAE porque no obtuvo ni un solo voto de los electores, que con anterioridad le habían prometido unánimemente su aprobación. En efecto, fue académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y miembro de la Sección de Escultura, elegido en 1905 e ingresado en 1907. Además, ocupó el cargo de director de esa institución desde 1910 hasta su fallecimiento en 1950; de la Real Academia de la Historia; de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; y presidente del Ateneo de Madrid. Hubo otros escritores que encontraron grandes dificultades para su admisión, entre ellos Benito Pérez Galdós y José Martínez Ruiz, ‘Azorín’ En enero de 1889 se votó por primera vez la  candidatura de Galdós  compitiendo con Francisco Commelerán, saliendo elegido ese catedrático de latín de instituto. En febrero de aquel año se produjo otra vacante, pero Galdós no lo quiso intentar, quizás aconsejado por su amante, Emilia Pardo Bazán. Finalmente, en junio de aquel año los académicos convencieron a Galdós para que se volviera a presentar, y entró sin problemas. Azorín intentó entrar en la Academia en 1908 sin conseguirlo. En 1913, apadrinado por Antonio Maura, lo intentó de nuevo tras la muerte de Miguel Mir Noguera, pero la plaza se la dieron a un político de dudosa carrera literaria, Juan Navarro Reverter. La indignación de la prensa fue grande. Finalmente ingresó en 1924. Está claro que para ingresar en la RAE, además de ser tener gran prestigio literario, se necesita disponer de amigos dentro de la Institución que avalen la candidatura. Si no fuese por ser tachado de racista diría que es una "presunta merienda de negros", donde la simpatía de ciertos académicos hacia el candidato propuesto, independientemente de sus méritos literarios, que se le suponen, forma parte esencial de la admisión o del rechazo en esa Institución. Los casos de Galdós (por celos profesionales), de Romanones (por su poderío político), de Umbral (por su aparente endiosamiento), o de Calvo-Sotelo (por su ramalazo antipático) podrían servir de muestra de lo que afirmo.

 

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