El Partido Aragonés en las últimas
elecciones autónomas en Aragón solo consiguió 8.161 votos, perdió el único escaño que tenía hasta entonces y desapareció
por primera vez de las Cortes desde 1983. Y se esfumó entre la polvareda,
como le ocurrió a don Beltrán en Roncesvalles
y como apuntaban los sondeos de opinión. El presidente de esa formación
aragonesista y candidato, Alberto
Izquierdo, se quedó como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando. Pero
ahora, la última ocurrencia de Jorge Azcón
ha consistido en nombrarle asesor, algo
que no ha gustado a buena parte de la formación política aragonesista, hasta el
punto que muchos alcaldes y concejales
de pueblos turolenses de las comarcas de Sierra de Albarracín, Gúdar-Javalambre
y el Jiloca consideran que su cargo de asesor es‘incompatible’ con el de
presidente del PAR y que debe dimitir por
estar el PP alejado del proyecto político de esta tierra noble que ellos
defienden. Pero no pasa nada. Ha sido un
premio de consolación para aliviar al hombre que ha sufrido una derrota. Lo que
ya no sabemos es cuánto dinero público recibirá Alberto Izquierdo por ejercer
esa función de amplio espectro, como la penicilina. Tampoco se sabe sobre qué
asuntos deberá asesorar a Azcón un agricultor de Gúdar que se metió en política
aspirando a seguir los pasos de su padre y convertirse en alcalde de esa aldea
turolense de 73 habitantes. Hace bien Azcón en rodearse de asesores con
poderío, sí señor. De casta le viene al galgo el ser rabilargo.
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