Como ya dejé constancia ayer, Urraca I de León murió de parto el 8 de marzo de 1126 en el castillo de Saldaña, a los 46 años, en el parto de su quinto hijo, concebido con su amante, Pedro González de Lara, entregando a su heredero, Alfonso VII, un Reino de León unido, cuyo territorio había logrado mantenerlo intacto. Aquella relación sentimental se inició tras la desaparición del conde Gómez González en la batalla librada en Candespina contra Alfonso I el Batallador. Y fruto de aquella relación fueron, por lo menos, dos hijos, Fernando y Elvira. Aquel castillo sería más tarde escenario de las bodas de Alfonso VII y Berenguela, la hija del conde de Barcelona. En la Historia Compostelana puede decirse que hay, por lo menos, tres Urracas diferentes: la Urraca de los primeros capítulos, la de Munio Alfonso, es la esposa de Raimundo de Borgoña o la hija del rey Alfonso VI; la Urraca de la última parte de la crónica es una Urraca recordada, descrita por alguien que conoce ya el final de su reinado y puede tomar alguna distancia en su caracterización. En medio, la reina Urraca que presenta Giraldo de Beauvais, es la mujer de los tiempos difíciles, de los desencuentros repetidos que, finalmente, conducen al choque frontal con Diego Ramírez. Para Giraldo, Urraca es Jezabel ejerciendo injustamente el poder contra Gelmírez, el justo y pacífico Nabot, que se niega a desprenderse del señorío de Santiago, su legítima posesión. Nunca fue exhumado el cuerpo de Urraca I de León desde que sus restos reposan en el Panteón Real de la basílica de San Isidoro, en León. Pero sí se abrió la sepultura de otra reina, Urraca Alfonso (conocida como "la Asturiana"), nieta de Urraca I de León, cuyos restos se conservan en la Catedral de Palencia. Había nacido en Aller (Asturias) en 1133 y falleció (se cree que en 1179) en Palencia. Era hija bastarda de Alfonso VII y de Gontroda Pérez, noble asturiana. Fue reina consorte de Pamplona por su matrimonio con el rey García Ramírez. Después de enviudar, volvió a su tierra donde gobernó hasta 1165 y con su segundo esposo, Álvaro Rodríguez de Castro, se sublevó contra su medio hermano el rey Fernando II y protagonizó un intento de independencia de Asturias. Tras seis años de matrimonio, el rey García Ramírez falleció en 1150 y la reina viuda regresó a su tierra natal. Su padre le concedió el gobierno de Asturias, con título de reina, título que Alfonso VII había concedido a su hermana, la infanta Sancha Raimúndez y a sus hijos Sancho y Fernando. Fruto de su matrimonio con el rey de Pamplona nació una hija, Sancha Garcés (1148-1176), esposa de Gastón de Bearne, fallecido en 1170 sin dejar sucesión. Se desconoce la fecha exacta de la muerte de Urraca Alfonso, como ya conté, aunque se cree que fue en 1179, según aparece en los Anales Toledanos. Su enterramiento en Palencia pudo ser por el hecho de que miembros de la Casa de Castro, a la que pertenecía su segundo esposo, gobernaban varias plazas, entre ellas, Palencia. Durante las renovaciones de la Capilla de Santa María Magdalena se descubrió en el siglo xvi su cuerpo momificado, siendo depositado en un ataúd de madera policromado que fue colocado suspendido en lo alto de una de las paredes de esa capilla. Un reciente estudio antropomórfico realizado en 2023 ha hecho muchas revelaciones. Se dice en un informe: “La Asturiana fue una mujer alta para su época (un metro sesenta y dos centímetros) y obesa, con una corpulencia que contrasta con sus delicadas manos y pies, como confirma la momia que se conserva en la catedral de Palencia”. (...) “La restauración reciente ha permitido documentar fotográficamente el estado de la momia de la reina Urraca de Navarra, ya que la única fotografía existente hasta ahora era la realizada el 11 de diciembre de 1896, durante una sesión científica que se celebró a instancias de la Real Academia de la Historia”. En dicha sesión, el médico, Francisco Simón Nieto, que desempeñaba el cargo de secretario de la Comisión de Monumentos, procedió al examen de los restos, y elaboró un dictamen en el que señalaba que “la momia de doña Urraca medía un metro y seiscientos veintidós milímetros, tenía los brazos cruzados sobre la cintura, las manos eran pequeñas y finas y las piernas rectas y fuertes, su cara ovalada, con ojos no muy grandes y la barbilla redonda y pequeña”. (…) “Lo que más llamaba la atención eran los extensos perímetros torácico y abdominal, especialmente el último, con relieves tan acentuados, que permiten asegurar la corpulencia y obesidad de esta señora. La obesidad, aunque grande, no era deforme sino simétrica y ordenada y encaja bien en la aventajada estatura, en la esbelta rigidez de una dama cuyo espinazo tuvo muy pronunciada la curvatura lumbar”. Y concluía el informe que “el volumen de todo el tronco y de los miembros, especialmente el inferior, contrasta con el desarrollo fisiológico de la actividad cefálica y la finura y delicadeza de las manos y los pies.” (...) "En 1532 se decidió que el sarcófago con la momia de la reina se ubicara en la cornisa elevada en la capilla del Sagrario de la Catedral, y se puso en lo alto de la pared en una tumba de madera pintada y dorada como ahora aparece con su letrero”. Tras la celebración de la exposición “Renacer”, que se celebró en ese templo palentino en 2023, como ya quedó dicho, el féretro fue restaurado por Celia Rosa García "por observarse signos de deterioro". También se desinfectó y protegió contra xilófagos. Para ello, se extrajo el ataúd interior con tapa de cristal que acoge los restos de Urraca Alfonso, cubiertos con un sudario blanco y un manto de seda azul, que le regaló Isabel II cuando contempló la momia el 4 de febrero de 1865.
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