lunes, 29 de junio de 2026

En la muerte de Herminio Ramos

 LA PLACA DE LA ESTATUA DE HERMINIO RAMOS, CRINISTA OFICIAL DE ZAMORA, A ESTUDIO PARA AMPLIAR SU CONTENIDO – Real Asociación Española de Cronistas Oficiales

 

Me entero por la prensa que ha muerto a los 100 años Herminio Ramos, cronista oficial de Zamora desde 2002. Tuvo muchos reconocimientos por su labor en pro de la cultura, entre ellos,  la Encomienda de la Orden del Mérito Civil y la Cruz de Alfonso X el Sabio, además de recibir los premios de “Amigos del Duero”, de la“Asociación de Encajeras”, “Viriato”, al mérito periodístico y “San Atilano”, concedido desde la Diócesis de Zamora. Yo siempre disfruté leyendo sus artículos en El Correo de Zamora. Herminio Ramos jamás se negó a dar conferencias en aquellos pueblos que se las solicitaban, o a pregonar en fiestas populares, como fue el caso de la “Fiesta de la Vendimia de Toro”, donde brilló con su elocuencia  y elegancia. Hombre de profundas creencias religiosas y muy devoto de la Virgen del Amor Hermoso. La cofradía  de San Isidoro le nombró ‘Hermano de Honor’ en un acto solemne durante una de sus últimas apariciones públicas. También fue caballero cubiculario y hermano de la Cofradía de la Vera Cruz y de la Hermandad de Nuestro Señor de Luz y Vida. Para aquel que lo desconozca, caballero cubiculario es un título histórico y nobiliario derivado del latín cubiculanus (el que custodiaba la cámara del emperador). En la actualidad, hace referencia a los miembros de la Real Cofradía de Caballeros y Damas Cubicularios de San Ildefonso y San Atilano, una corporación nobiliaria fundada en 1260  con sede en Zamora, creada para custodiar los restos de san Ildefonso y evitar en su día que fuesen trasladados a Toledo. Por Balbino Lozano conozco una historia rocambolesca (El Día de Zamora, 31/10/2022). Así lo contó: “Los toledanos siempre ansiaron recuperar las sagradas reliquias de san Ildefonso,  hasta el punto de que, en 1504, Clemente VIII ordenó al obispo y al Cabildo de Zamora que hicieran entrega a los representantes del arzobispado de Toledo de aquellas  reliquias bajo graves penas,  y como no cedieran los zamoranos, los de Toledo recurrieron a ilícitos procedimientos. Enviaron a un cura  que se infiltró en la iglesia y en la primera ocasión que tuvo sustrajo de la capilla una cabeza y con ella escapó precipitadamente a Toledo. Pero a su llegada con el cráneo precipitadamente  abrió una caja por otra y se llevó la cabeza equivocada”.  Pero volviendo a Herminio Ramos, justo será señalar que siempre sintió pasión por la alfarería, tal vez por haber nacido en La Tuda,  hoy pedanía de Pereruela, en la comarca de Sayago, famoso por su alfarería tradicional refractaria. Herminio Ramos, cursó estudios de Magisterio, fue profesor de Geografía e Historia en Zamora, en el instituto ‘Claudio Moyano’, y se jubiló ejerciendo en el ‘Juan XXIII’. Lector empedernido y hombre de oceánica cultura, disponía de una biblioteca que rondaba los 15.000 ejemplares, y por ironías de la vida siempre usaba una lupa para leer por problemas oftalmológicos. Tuvo ocho hijos. Fue concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Zamora entre los años 1971-79,  formó parte de la primera Comisión de Festejos (germen de las actuales fiestas de san Pedro), puso en marcha la ‘Feria de la Cerámica y la Alfarería Popular’ (que estos días alcanza la quincuagésima cuarta edición)  y recuperó los míticos gigantes de Zamora: ‘la Negra’, ‘el Turco’, ‘el Abuelo’ y ‘el Ramón’. Su apuesta por la alfarería, como digo, consiguió que se pusieran en marcha  los ‘galardones Herminio Ramos’ que incentivan la creatividad con la arcilla entre los alfareros y ceramistas que cada año acuden a la feria zamorana. Tal fue su ahínco que durante los primeros años sufragó de su bolsillo los premios, algo que más tarde asumió la Fundación Caja Rural de Zamora. También luchó a brazo partido frente al derribo del convento de las Marinas, en la calle de santa Clara, fundado en 1289 por  Sancho IV de Castilla. En 1868, el Gobierno revolucionario decidió convertirlo  en la sede del Gobierno Civil y, como consecuencia de ello, las clarisas fueron exclaustradas y trasladadas al Monasterio de Santa Clara donde permanecieron 13 años. En 1881se mudaron a una casa que habían comprado en la rúa de los Notarios mientras buscaban una vivienda definitiva. Por aquellos años, José de Echevarría estaba reedificando su palacio pero, concluidas las obras, en 1878 murió su mujer, heredera natural del inmueble. El marqués decidió entonces trasladarse con sus hijos a Bilbao, poniendo en venta su palacio. Las religiosas no poseían suficiente dinero para comprarlo, pero el obispo, junto a otros pelados españoles, luchó por conseguir la indemnización que el Estado había prometido para aquellas religiosas que hubiesen sido despojadas de sus monasterios durante el Sexenio Revolucionario. Tuvieron que abonar el equivalente a 210.000 pesetas;  y así  pudieron adquirir el palacio de los Echevarría, o sea, del marqués de Villagodio, el personaje pintoresco que daría nombre a un chuletón de gran tamaño procedente de sus toros sin encaste que había comprado en 1892 al duque de Veragua. El nombre se debe al pintor Francisco Iturrino, molesto por los desaires del marqués desde el día en el que el pintor  le solicitó una estancia en su finca de Coreses para pintar toros en el campo y el marqués no le hizo ni puñetero caso, mientras que la famosa ganadería de Eduardo Mihura le invitaba de mil amores. Y el ‘villagodio’ quedó como definición de chuleta de lomo alto, con costilla, asada a la brasa y presentada cortada y separada del hueso después de asada. El nombre de ese chuletón le hacía mucha gracia a Indalecio Prieto. Lo guisaron con maestría las hermanas Azcaray en “El Amparo, de grata memoria para los bilbaínos. Pero esa es otra historia. Descanse en paz don Herminio. Fue un gran luchador y mejor persona.

 

No hay comentarios: