
Leo con atención un artículo de María Jesús Muñiz Prieto, “Lo que da miedo”, donde señala que “se anuncia un Halloween de mucho miedo” y lo relaciona con esos jóvenes encapuchados y vestidos de negro que aprovechan las revueltas para romper escaparates y ejercer la rapiña de la forma más miserable. Y añade: “Lo terrible del vandalismo que reluce en tiempos electorales no es tanto quién alienta la violencia como la rapiña política que la utiliza con más saña para sacar rédito del despropósito. En todos esos extremismos que se tocan escuece, pero no sorprende”. Termina escribiendo que “da miedo la manada de saqueadores con pasamontañas. Da mucho más miedo el rebaño político chupando rueda de cuanta desgracia acontece. Pero no es noche de muertos, porque aquí, mañana, muchos seguimos muy, muy vivos”. En algunos diarios de la derecha más rancia he leído que en el desastre ferroviario de de Urdas solo el Jefe del Estado acompañado de su consorte estuvo a la altura de las circunstancias, cerca de la gente que sufría y dándoles consuelo, y que Sánchez careció de la empatía necesaria. Esa última afirmación me parece que está fuera de lugar. No es cierta. Y GarcíaTrapiello, en otra columna adosada a la de Muñiz Prieto en el mismo diario, “La maldición”, no se corta un pelo cuando escribe: “Lo único que le faltaba a la insufrible bronca política ya planteada es la artillería que proporciona ese accidente en el que sobran víctimas y culpables y siempre faltan explicaciones. Esperan que pase pronto el duelo y el ‘condolor’ (a menudo melindre) para empezar abiertamente una batalla cruel lanzándose raíles retorcidos al pecho y metralla de vagones ensangrentados a los ojos. ¿Quién de ellos se preocupará de atender y confortar de verdad a los deudos de las víctimas aliviándoles de la tragedia que se les anuda en la garganta y les atormentará de por vida?... Pero aquel cuya fe no titubea tiene la certeza de que al menos Dios ha tenido que portarse y sentar a su vera a todos los que ahí murieron porque la improvisada absolución colectiva que impartió el párroco de Los Yébenes a ello le obliga”. Yo no lo tengo tan claro. Lo que ya se conoce es que la Archidiócesis de Toledo ha indicado en un comunicado que la iglesia parroquial de san Juan Bautista, de Urda, acogerá este sábado, 31 de octubre, a las 12 de la mañana, una misa de funeral por los fallecidos en el accidente ferroviario presidida por el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves, acompañado por el obispo auxiliar, Francisco-César García Magán. A esos gorigoris entre parpadeos de velas de tenebrario y tétricos soplidos de órgano al estilo de maese Pérez no está previsto que acudan ni el presidente del Gobierno ni ninguno de sus ministros.
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