A propósito de una noticia aparecida en Calatayud.org quisiera hacer unos comentarios. La noticia hace
referencia de forma resumida a que un juez ha obligado a pagar un ciudadano
1.367 euros correspondientes a una carrera en taxi desde Calatayud hasta Vigo
que hizo en 2014 y que al final del trayecto el cliente no pagó. Y en esa
noticia, y eso es lo que me choca, para referirse a la ciudad de Vigo, se
utiliza varias veces la denominación Ciudad Olívica. Después de hacer las
correspondientes consultas, descubro (no lo sabía) que Vigo detenta en su escudo una torre almenada
y un olivo sobre un mar representado por seis franjas ondeantes. Y me entero de
que “En el siglo XIV d.C. los monjes de la Orden del Templo de Jerusalén (templarios) tomaron
posesión de un antiguo templo dedicado a Santa María, (ubicado donde está ahora
la iglesia de la colegiata), y en su atrio plantaron un olivo. En 1816 el
viejo templo fue derribado para construir el nuevo, y el olivo desapareció. Don Manuel Ángel Pereyra recogió un esqueje
de aquel árbol, y así pudo sobrevivir. Sus descendientes lo plantaron en el
paseo de Alfonso XII, donde puede contemplarse actualmente”. Pero siempre no
fue así. Mientras esa ciudad perteneció a la jurisdicción compostelana junto a
la torre almenada había una vieira, o concha de peregrino. Fue después de la Guerra de la Independencia, al
dejar de pertenecer a esa jurisdicción, cuando se hizo la sustitución. En la
actualidad, el escudo es una copia del que adornaba la fuente de Neptuno cuando
estuvo situada en la Porta
do Sol, justo enfrente de la fuente del Angelote, en la actual Plaza de la Princesa. (Para saber
más sobre la historia de este monumento, léase el artículo de Miguel Angel Fernández, La
fuente de Neptuno, publicado en Castrelos, Revista do Museo Municipal ‘Quiñones de León’ de Vigo, tomo 3/4,
1990-1991, editada en 1993, en sus páginas 343 a 354. También el
artículo del actual cronista oficial, BernardoVázquez Gil, titulado Escudos de los ayuntamientos de Vigo, en
la misma publicación, pero en el tomo 0 de 1987, páginas 189 y ss.). A partir
de 1917, Avelino Rodríguez Elías,
entonces cronista oficial de esa ciudad, expuso en el Boletín de la
Real Academia Gallega la necesidad de establecer un
modelo oficial, el que hasta la fecha se conserva. Ya lo dice el refrán: “no te
acostarás sin saber una cosa más”.
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