lunes, 30 de diciembre de 2024

Una novela ligera

 

Acabo de terminar de leer una novela ligera aunque desgarradora de David Jiménez, “Días salvajes” (Planeta, 2024) del que ya había leído antes “El Director” (Libros del K.O., Barcelona, 2019) sobre las intrigas en un juego de favores entre los medios y el poder y el alto precio que deben pagar aquellos, en este caso él, por negarse a participar en un juego de deslealtades durante su corta etapa de director del diario El Mundo, donde pese a los nombres ficticios de la trama, a nadie se le escapa que el llamado “El Cardenal” no es otro que Antonio Fernández Galiano; “El Señorito” hace referencia  a Francisco Rosell, actual director de Vozpópuli;  “La Digna”, Lucía Méndez, etcétera. Blanco y en botella. En “Días salvajes”  la novela gira en torno a un accidente de coche provocado por Bosco Zabala, un niñato de 20 años que sale a la carretera en un coche de alta gama en dirección contraria por la A-VI, bebido, drogado y sin estar en posesión del carné de conducir. Y en el kilómetro 9 se estrella contra un coche “ Seat Ibiza” conducido por Marta, hija de Luis Delgado, profesor de Música de un instituto de secundaria de Villaverde. El resultado es de dos muertos: ella e Iván Moncada, copiloto del “Aston Martin”, amigo del insensato conductor.  Pese a los 9 años de prisión a los que fue condenado por sentencia firme, consigue la libertad a los 7 meses de estar entre rejas en Navalcarnero gracias a las influencias de su madre, María Zabala, presidenta del BanKapital, al conseguir la excarcelación de su hijo por indulto en un Consejo de Ministros. Una novela interesante y bien estructurada.  Aconsejo su lectura.

 

sábado, 28 de diciembre de 2024

Ya nada sorprende

 

 

 


Según el evangelio de Mateo (2:16-18), tras recibir de los tres Magos la noticia del nacimiento del futuro rey de Jerusalén, Herodes I, apodado El Grande, (del hebreo ‘Hordos’) ordenó la masacre de todos los niños menores de dos años que habitasen en Belén. Esa fuente no está documentada y carece de rigor. El evangelio fue redactado el año 62 d.C., 50 años posteriores al gobierno de Herodes, y el historiador judío Flavio Josefo, en su libro “Antigüedades judías”, nada dice sobre el supuesto infanticidio. De cualquier manera, en una aldea tan pequeña como Belén no habría muchos nacimientos. Sí parece cierto que tras la conquista romana de Judea, Antípater  (padre de Herodes) fue designado procurador por Julio César, iniciando una fase ascendente que desembocaría con su primogénito, Fasael, gobernando Jerusalén, y su segundo hijo, Herodes, como prefecto militar de Galilea. Tras la muerte de su padre y de Julio César, Herodes volvería a ascender en la escala de poder al posicionarse junto a Marco Antonio y reconquistar Jerusalén en el 37 a.C. A partir de ese momento Herodes se convertiría en el rey de los judíos, aunque nunca fue aceptado como rey por éstos. Llegó a casarse diez veces y tuvo una gran cantidad de hijos. Lo que sí se conoce es que tuvo unos celos enfermizos y que mandó asesinar a una de sus mujeres, Marianne, y más tarde a sus hijos Alejandro, Aristóbulo y, posteriormente, a  Antípatro, por suponer que conspiraban contra él. El año 2007 descubrió la tumba de Herodes Ehud Netzer en una cata arqueológica en una zona llamada Herodium, cerca de Jerusalén. La matanza de los inocentes aparece en su florilegio Leyenda Dorada, del dominico italiano Santiago de la Vorágine, (mediados del siglo XIII) basadas en unos escritos hagiográficos del obispo de Constantinopla Juan de Antioquía, apodado Crisóstomo (‘boca de oro’) por ser un gran predicador. Lo cierto es que La cultura popular ha cambiado este pasaje macabro y ha convertido en "inocentes" a todos los ingenuos que llevan colgado un muñeco de papel  en la espalda o se creen las noticias falsas que la prensa coloca a modo de broma entre sus páginas a propósito de la singular fecha. Son las llamadas “inocentadas”, una vieja tradición en la prensa escrita, actualmente en decadencia. Vivimos en un mundo donde ya nada sorprende.

 

viernes, 27 de diciembre de 2024

Ese tufillo siniestro

 

 

Este próximo año, 2025, lo mejor que podríamos hacer los españoles es no recordar a Franco, el mayor sátrapa de nuestra historia reciente. Alguien muere definitivamente cuando nadie lo recuerda y ese canalla no merece ser recordado. Lejos quedan ya aquellos obispos de la Iglesia católica con sus brazos en alto haciendo ostentación vergonzante de fascismo y proclamando la “santa cruzada”;  los camisas azules fusilando en las cunetas; los procuradores en Cortes de chaquetas blancas haciendo leyes pusilánimes; un Juan de Borbón pretendiendo unirse al bando sublevado tras atravesar  Dantxarinea (Baztán) acompañado por el conde de Ruiseñada y el infante José Eugenio de Baviera.  A nadie se le escapa que el compromiso con el bando nacional del abuelo de Felipe VI quedó patente cuando, al llegar a Pamplona, se puso un mono azul y la boina roja carlista con un emblema falangista en la solapa. Aquella "borbonada" fue esperpéntica. A nadie se le escapa, tampoco, que la mujer casada no podía dedicarse al comercio sin el permiso expreso o tácito de su marido; que las ‘cartillas de racionamiento’ estuvieron presentes hasta ser suprimidas por Arburúa en 1953; qué la tuberculosis diezmó a la juventud de entonces; que se pasó hambre calagurritana, que hubo demasiados huérfanos; que las cacerías sirvieron para hacer grandes negocios entre fascistas; que en aquel “destino en lo universal”, el Caudillo solo debería responder ante Dios y ante la Historia (una frase medieval que hoy mueve a risa y vómito); la enfermiza venganza contra los vencidos; la entrada en los templos bajo palio, etcétera. Todo un disparate. ¿Dónde estaban los monárquicos? ¿En qué cueva se escondieron? Algo parecido sucedió más tarde con los "juancarlistas". ¿Cuántos quedan hoy?  El que fuese autor, fundador y director durante 25 años de la Editorial Mateu, de Barcelona, Francisco Fernández Mateu, dejó escrito en su libro “Franco ese…” (Epidauro Ediciones, Barcelona, 197, p.56) lo siguiente: “El día 14 de mayo, de 1931, en el Círculo Monárquico de la calle de Alcalá, los balcones abiertos de par en par y de manera provocativa se cantaba y se bailaba la Marcha Real. Un Luca de Tena, egregia familia dueña del ABC que no tuvo empacho en pactar con Azaña, el republicano, para que les conservase el periódico y ponerse en cierta forma al servicio de la República, llegó en taxi hasta la puerta del Círculo y al oír los acordes del regio himno exclamó exaltado: “¡Viva la Monarquía!”.  Contrariado y molesto el taxista le contestó con un “¡Viva la República!”. Y por esto fue molido a palos por los contertulios del Círculo”. En fin, lo dejo aquí. Después de 93 años siguen las dos Españas irreconciliables. Como en los versos de Gabriel y Galán: “¿Qué tendrá la hija del sepulturero,/ que con asco la miran los mozos, / que las mozas la miran con miedo?”. Es difícil, entiendo, quitarse de encima ese tufillo siniestro que todo lo ocupa. Hoy se empeñan en que respetemos la Constitución del 78 los hijos y nietos de aquellos que no respetaron la  Constitución del 31. ¿Alguien entiende algo?

 

lunes, 23 de diciembre de 2024

El cojo del belén

 

 



De entre los muchos clientes que en su día tuvo la célebre sevillana 'Taberna de El Traga' merece especial mención -y así lo refiere Garmendia en su libro, rico en detalles y escaso en páginas, Eduardo Balbontín, convencido de que José Luis  Martínez Gordo, conocido artísticamente como ‘José Luis y su guitarra’, era vasco.

 --No hay más que fijarse en su apellido--, argumentaba.

--¿Cual apellido?

 –Cual va a ser: Izuguitarra.

Fue en el 'bar Líbano' donde Garmendia y Balbontín se conocieron y se hicieron amigos.Y un día estaba Balbontín montando el Nacimiento pocos días antes de las navidades y su hija  le miraba como colocaba las figurillas de barro. En un momento dado, su hija observó que a uno de los pastores, que portaba una gallina, le faltaba una pierna.

--Papá, papá,--le dijo su hija--, a ese pastorcito le falta una pierna.

--Ya lo sé –le contestó su padre--. Es que este pastor es cojo de nacimiento.

Aclaraba Garmendia que "cojo de nacimiento no es lo mismo que se cojo de belén. Un cojo de belén –añadía--no tiene ninguna gracia". No sabemos qué habría dicho su hija de haber visto la figura del caganer,  inspirada en un relieve de mármol conocido como ‘La Virgen y la montaña de Montserrat’, del siglo XVII y que representa a Madre e Hijo junto al macizo catalán, cuyos caminos están transitados por tipos de diverso pelaje y condición, como ese escatológico caganer, con barretina, faja y fumando en cachimba, en cuclillas bajo un árbol y exonerando el vientre sin tener que recurrir al milagroso ‘Laxen Busto’, con cuya herrumbrosa cajita vacía de hojalata jugábamos los niños de mi generación en el pasillo de casa las tardes de lluvia.

 

sábado, 21 de diciembre de 2024

Jitanjáforas

 

 

Según el D.R.A.E., la palabra jitanjáfora fue inventada por el humanista mejicano Alfonso Reyes (1889-1959), pero la crítica coincide en que no fue él quien la inventó, sino que acuñó el término después de leerlo en un poema del escritor cubano Mariano Brull (1891-1956), que dice: “Filiflama alabe cundre / ala alalúnea alífera / alveólea jitanjáfora / liris salumba salífera”, etc. Sin embargo, este recurso ya había sido utilizado por otros escritores, entre ellos Lewis Carroll (1832-1898), como se desprende del siguiente ejemplo: Calentoreaba, y las viscotivas tovas/ vuelteaban y tregujereaban el terecho./ Misébiles estaban los borogovas/ y los deros trugones bramastoilvaban. Qué quieren que les diga... A veces soy incapaz de entender un  párrafo de un texto. Me ocurre algo parecido cuando observo a ciertos chavales hablar en términos de germanía. Un  lenguaje cheli que nunca llegué a entender aunque me aspen. Me sucede de igual manera cuando escucho a algunos contertulios, de esos que todo creen saberlo, refiriendo cuestiones que me suenan a chino sobre personas de las que tampoco conozco su existencia. Comprendo que existen dos clases de analfabetos: aquellos que no saben leer, y los que sabiendo juntar palabras son incapaces de comprender el sentido de un párrafo. A mí a veces me sucede. Me pasó hace unos meses leyendo algo referente al lío creado entre la Diputación de Zamora y el Ayuntamiento de Toro, en referencia a la necesidad de que el Ayuntamiento toresano se viese en la obligación sine qua non  de tener que ceder una parcela para que la Diputación pudiese llevar a cabo un nuevo y necesario parque de bomberos que cubriese las necesidades de Toro y de su alfoz. Se utilizó el término “mutación demanial subjetiva”. ¡Átame esa mosca por el rabo! Jamás había escuchado semejante expresión. Me vi en la necesidad de tener que informarme por una letrada de la Administración de Justicia (en este caso, por mi hija Edurne) para entender que es aquello que produce modificaciones en la titularidad del bien a que se aplique, manteniéndose la afectación demanial (o sea, de titularidad pública, sometido a un régimen especial de utilización y protección)  y, en consecuencia, la calificación de dominio público del bien. Hay términos forenses de los que ni  la jerga carcelaria, suburbial y ácrata del “Diccionario cheli” de Umbral (Grijalbo,1983) me sacan de dudas.