miércoles, 2 de julio de 2008

Imaginen

Imaginen una carpa circense, con unos espectadores muy separados de la pista, donde un liliputiense domador, en un arranque de valentía, controlase con el chasquido de su látigo a unos tigres que luego resultasen ser gatos, y que, éstos, los gatos terminaran por comerse al domador.
Imaginen a una dama distinguida repartiendo prendas de abrigo a unos pobres, y que a todas las prendas les faltase un trozo de tela en la espalda, y que tal señora se justificase diciendo a los mendigos que con tales retales se hacían trajes para los niños de la Inclusa.
Imaginen a un señor que celebrase todos los aniversarios sacando, en una copa de cristal, agua del charco donde se reflejara la luna.
Imaginen el Pilar pintado de fucsia.
Imaginen a la Policía Municipal montando sobre caballos de cartón durante las procesiones de semana santa.
En cualquier caso, siempre la realidad supera a la ficción.

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