jueves, 31 de julio de 2008

Nuevos milagros

Dicen los meapilas que Dios aprieta, pero no ahoga. ¿Qué quieren que les diga...? Pues que a lo mejor es cierto, aunque personalmente preferiría que tampoco apretara. El caso es que tenemos la crisis económica sobre nuestras cabezas. El IPC se dispara y al ministro Sebastián sólo se le ocurre, al menos de momento, regalarnos una bombilla per cápita, eso sí, debajo consumo.
Pero miren ustedes por dónde, resulta que unos científicos británicos acaban de descubrir que un gen, relacionado con la obesidad, actúa inhibiendo la sensación de saciedad. Es decir, que con un poco de suerte, aunque no tengamos nada que llevarnos a la boca, tampoco tendremos la sensación de tener hambre. Y hasta puede que nos ocurra como al pollino del tío Malavirgen, al que se le olvidó comer y se murió.

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