jueves, 27 de marzo de 2025

Preparados para todo



Cuando se entra en un club hay que aceptar las normas, y cuando España entró en la OTAN como socio sabía dónde se metía. Aquel eslogan de Felipe González  “de entrada no” se rectificó y en el referéndum salió “España, si”. Nos arrimamos al “primo de Zumosol” para que nos cubriese las espaldas frente a un enemigo enigmático –no sabemos si lobo de diente afilado o un pariente del oso que mató a Favila-  que nadie sabía por dónde iba a aparecer, si por el leño lusitano o por los picos de Urbión, que están en la provincia de Soria. Y ahora, pasado el tiempo, ese club nos ordena que gastemos en armamento el 2% del PIB por si las moscas, y que en cada casa tengamos cada español un equipo  de supervivencia donde, por cierto, no se dice nada del papel higiénico, que se agotó en las estanterías de las grandes superficies durante la pandemia de coronavirus. Ahora deberemos tener unos botellines de agua, un poco de paracetamol, algo de mercurocromo , unas vendas hidrófilas, esparadrapos, varias latas de conserva, una navajilla, un  mechero y cosas de esas que se ponen en el botiquín de urgencia cuando vamos de camping, en evitación de males mayores si nos cae un misil dentro de casa, vergibracia: en el segundo piso ascensor, donde vive un hombre con bigote fino, de apellido Carramiñana, que asegura que estuvo en la División Azul y que cada día lee en batín  la “Tercera” de ABC  mientras desayuna café con sobaos pasiegos, antes de que saque al perro para que levante la pata en el tronco de un ciprés. Ya digo, si entras en un club debes aceptar sus normas. El miedo es libre y el que a buen árbol se arrima…

 

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