martes, 21 de julio de 2026

Menos humos

 La distancia que debes guardar para que no te afecte el tabaco

 

El Consejo de Ministros ha dado luz verde al Proyecto de Ley impulsado por el Ministerio de Sanidad, dirigido por Mónica García con la reforma de la ley antitabaco. Los nuevos espacios sin humo contemplan las marquesinas de autobuses, las terrazas de los bares, los campus educativos, los eventos deportivos, los vehículos de uso laboral compartidos, las piscinas, las playas, los parques infantiles… La lista es larga. Y si los agentes de la autoridad ven a un menor de edad fumando, multará con 200 euros a sus padres o tutores, por entender que éstos son la causa de la causa. Si de lo que se trata es de establecer los espacios sin humo, que supriman los contaminantes autobuses urbanos, los camiones de basura, los coches de la Policía, los aviones, los incensarios, las mascletás y todo aquello  que lleve tubo de escape o que produzca humo. Los hábitos de vida más saludables consisten en reducir en los ambulatorios las vergonzosas listas de espera, en proporcionar a los trabajadores salarios dignos, en ofrecer viviendas decentes a precios razonables y que la infancia pueda hacer una comida de fuste al día. ¿Para cuándo una ley sobre el alcohol, sobre el consumo al aire libre?  Eso ya no interesa tanto a esa ministra, una de las peores ministras de Sanidad que ha tenido nuestro país. Por estos pagos llevamos camino de que el Poder vigile todos los aspectos de nuestras vidas, donde una élite privilegiada explote a la mayoría marginada, donde se impongan las ideologías como obligatorias y donde el individuo se anule en aras de ‘un bien común impuesto’. Y eso, en toda tierra de garbanzos tiene un nombre: distopía. Y no estoy hablando de ciencia-ficción. El Gobierno quiere que dejemos de fumar y, a la vez, obtener alta recaudación fiscal por la venta de tabaco. No hay que olvidar que el 79% del precio de cada cajetilla son impuestos. Se da la paradoja de que Hacienda ingresa por tabaco el doble que hace 25 años con la mitad del consumo, al tiempo que  incentiva ese consumo deletéreo con la creación nuevos estancos, que últimamente el Estado saca a subasta pública. Ya se sabe que el tabaco mata, pero no es necesario que la ministra, por muy licenciada en Medicina que sea, nos enseñe cada día un mapa del infierno para intentar convencernos de cómo las gasta Leviatán. A mi entender, en lugar de endurecer la norma, lo que debería hacer el Gobierno es obligar a cumplir la ley existente sin utilizar doble rasero. Y, por terminar, ya puestos a quitar humos, que se los quiten también a ciertos obispos y al presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, en un país en el que una gran masa de creyentes van como corderos tras estos lobos con piel de oveja y con cuernos de castrón, quienes, ahítos de poder omnímodo intentan someter las conciencias y las mentes del rebaño que pastorean, sin admitir más pensamiento que el de su ideología, con la que quieren seguir gobernándonos a todos y no aceptando puntos de vista diferentes. Si les digo la verdad, no sé cómo las gastan Leviatán o Pedro Botero, pero sí sé cómo ejercen su influencia los funcionarios del Cielo. Ellos menean el contaminante y adormecedor incensario y los ’capillitas’ portan la naveta. Como en la romanza que forma parte de la zarzuela “Doña Francisquita”, “por el humo se sabe dónde está el fuego”. También, por los incendios que nos asolan este verano.

 

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