miércoles, 22 de julio de 2026

Un interesante monasterio

Monasterio de Santa María de Huerta, Refectorio de conversos, Soria Spain |  Soria españa, Caballerizas, Sepulcro

 

Acabo de leer en Heraldo-Diario de Soria una entrevista de Pilar Pérez Soler al abad del Monasterio de Santa María de Huerta, perteneciente al Císter, Francisco Rivera Jiménez. Es granadino, licenciado en Derecho y persona a la que le gusta más escuchar que hablar. Es enjuto de carnes y de mirada viva. A la pregunta de  a qué no se ha acostumbrado, responde: “Todavía no he terminado de acostumbrarme al carácter vamos a decir un poco frío, seco, del castellano. Los andaluces somos más cercanos, más próximos. El castellano de primeras es siempre un poco más seco, más retirado. La primera vez que viajé a Castilla, que fue precisamente a pasar unos días en la hospedería de Silos, aproveché para visitar la Catedral y recuerdo estar en Burgos y tener que intercambiar unas palabras con un ciudadano de allí y contestarme -desde mi punto de vista, aunque no era así- como si estuviera enfadado. Eso es algo a lo que no me termino de acostumbrar, el carácter”. En el monasterio fabrican mermeladas de frutas y sobrevive, en gran parte, del producto de sus ventas. También, del pupilaje de algunas personas que buscan la paz y el silencio y se refugian en el monasterio durante algunos días. Sus respuestas a la periodista son serenas y están llenas de respeto. El abad le confiesa a la periodista que “él también en alguna ocasión tiene que ponerse el delantal y  el ‘toque’  (gorro de cocinero) cuando hay que sustituir en la cocina”. El monasterio cisterciense se encuentra ubicado entierras sorianas, en la antigua frontera castellana entre el reino de Castilla y el de Aragón. Se construyo entre tierras de la antigua frontera castellana entre el reino de Castilla la Vieja y el de Aragón. Se construyó entre los siglos XII y XVI a expensas de Alfonso VII de León, hijo de Urraca  I y Raimundo de Borgoña, en cumplimiento de una promesa que hizo en el cerco de Coria. El rey leonés trajo en 1142, desde la abadía de Berdoues en Gascuña (Francia), una comunidad de monjes cistercienses, con su abad  Rodulfo, y se alojaron en un paraje llamado Cántabos, en Fuentelmonge. Pero la carencia de agua fue causa del traslado de los monjes a Santa María de Huerta, junto al río Jalón,  en 1162. Con la desamortización de Mendizábal fueron expulsados los monjes y sólo quedó la iglesia como parroquia. Gracias al marqués de Cerralbo el recinto pudo salvarse de la ruina, y desde 1930 reside en ese cenobio una comunidad de monjes de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia, también llamada Orden de la Trapa, escindida de la Orden de San Benito. El refectorio es la obra maestra de ese monasterio. Se trata de una gran nave con bóvedas sexpartitas (cuyos nervios diagonales la dividen en seis paños)  con bellos ventanales de arco apuntado que proporcionan mucha luz a la estancia. En uno de los muros se construyó la escalera embutida en la pared, cubierta por bóveda en rampa, que da acceso al púlpito desde el que un monje leía entonces, y sigue leyendo ahora, a sus compañeros algún libro piadoso durante las comidas.

 

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