martes, 28 de julio de 2026

Solo de clarinete


 

Recuerdo de niño, cuando en alguna ocasión hice el itinerario desde Calatayud hasta Santander para pasar el verano en casa de mis abuelos maternos en dos interminables etapas. Una, desde Calatayud hasta Burgos por Soria, en un tren correo que seguía hasta Cidad-Dosante en la vía nunca terminada del 'Santander-Mediterráneo'. Operaba diariamente recorriendo las 37 estaciones del trayecto hasta Burgos en casi seis horas. Todavía había algún anciano viajero que había sido ferroviario y que recordaba la inauguración del ferrocarril entre Calatayud y Soria el 21 de octubre de 1929. Aquel ya lejano día partieron dos trenes inaugurales en dirección contraria que se juntaron en la estación de Torrelapaja. De la ‘Estación de Mediodía’, como se conocía a la ‘Estación de Calatayud-Jalón’, propiedad de la Compañía MZA, partió a las 15 horas el convoy formado por una locomotora SM-107 y tres coches de primera clase. Al mando de la máquina  iba Víctor Vallejo y como fogonero, Manuel López. En el interior del convoy viajaba un numeroso grupo políticos, militares, curas, empresarios, reporteros  y miembros de las más acrisolada sociedad bilbilitana y zaragozana. La expectación a su paso por las diversas estaciones fue tremenda, sobre todo en Cervera de la Cañada. El día del servicio inaugural prestaron servicio los siguientes jefes de estación en el tramo aragonés: Calatayud, Fortunato García; Cervera de la Cañada,  Julio Mínguez; Villarroya de la Sierra,  Alejo Urbano; Clarés de Ribota, Octavio Hernández;  Malanquilla, Ángel Gállego; y Torrelapaja, Rafael Gutiérrez. El tren procedente de Soria había llegado poco antes. Estaba formado por la locomotora SM-105 que conducía Lorenzo San José y el fogonero era Ricardo Muñoz. En aquel convoy viajaron personalidades sorianas y burgalesas. El andén de la estación de Torrelapaja se llenó de convidados y numerosos curiosos que acudieron al acto. Se obsequió a los presentes con un magnífico almuerzo que elaboró el Hotel Muro de Calatayud. Después hubo un baile amenizado con la Banda de Soria. El acto se completó con la visita a la fábrica de harinas “La Esperanza” que acababa de instalarse en ese pueblo. Tras el brindis de los gobernadores civiles de Soria y Zaragoza, y de los alcaldes de Soria y Calatayud volvieron a sus lugares de partida en el mismo tren y en sentido opuesto al que habían utilizado para llegar. Aquella línea férrea se cerró definitivamente el 1 de enero de 1985. Pero mi intención inicial no era la de comentar aquella inauguración sino de hacer referencia a una pirámide de los italianos situada en un monte muy cerca del pantano del Ebro, todavía en la provincia de Burgos. Aquella pirámide escalonada la podía ver en la segunda etapa de mi viaje, por una infame carretera que hacía el recorrido desde Burgos hasta Santander por el puerto del Escudo en pésimo estado de conservación. Aquella tétrica pirámide (que todavía sigue en pie pese a las polémicas) había sido inaugurada el 26 de agosto de 1939 por el ministro italiano de Asuntos Exteriores Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini, más tarde fusilado por orden de su suegro, el Duce, por traidor.  Intentó huir con su familia a España, donde esperaba ser recibido con gratitud por Franco, y consiguió que lo sacara de Italia un avión alemán, pero a mitad de vuelo el avión cambió de rumbo y lo llevó a Alemania. Al amanecer del 11 de enero de 1944,  Ciano y otros cuatro miembros del Consejo Nacional Fascista fueron llevados al campo de tiro del Fuerte de San Prócolo y atados a unas sillas de espaldas al pelotón de fusilamiento. En un último gesto de gallardía, Ciano volvió la cabeza para mirar de cara a sus verdugos como un héroe de ópera trágica. Fue como en el aria "E lucevan le stelle", de “Tosca”, que comienza con un melancólico sólo de clarinete: “E lucevan le stelle…/ Ed olezzava la terra…/ Stridea l’uscio dell’orto…/ E un passo sfiorava la rena…”. Siempre nos quedará Puccini.

 

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